Gota a gota, se llena la bota

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Los toros, el flamenco, la paella… todos son símbolos de la cultura española. Con el pasar de los años, se han grabado en la memoria de los locales y los turistas. Así pues, existe un producto cuya historia se pierde en los tiempos más remotos y que, por su practicidad, resistencia y atractivo diseño, elude los imperativos de la moda y fascina a quienes saben apreciar los placeres básicos de la vida. Hablamos de labota de vino.

Tradicionalmente, la bota tiene forma de gota o lágrima y es fabricada con piel de cabra. Esto le brinda una resistencia y flexibilidad, indispensables para su uso y confección. Sin embargo, hoy en día existen botas hechas con cueros más baratos o materiales sintéticos.

En su interior, se encuentra “la pez”. Este es un producto resinoso que se obtiene, principalmente, del pino o del enebro. Su función es impermeabilizar las botas donde se almacenará el vino. No obstante, es frecuente que se sustituya este material por un recipiente, hecho de látex.

Las boquillas eran, originalmente, de asta de toro. En la actualidad, son fabricadas con materiales plásticos, como por ejemplo: baquelita.

Finalmente, los hilos son de lino y las trenzas para el cosido son, en su mayoría, de algodón.

Beber de la bota

A decir verdad, esto es todo un arte. Requiere de práctica y tiempo para “dominarlo”. Quizás, por esa razón hay quienes prefieran simplemente tomar el vino en una copa.

Para beber de la bota, agarramos con la mano izquierda la parte alta y con la derecha, abrimos la tapa de la boquilla.

Seguidamente, sujetamos la bota por la parte baja y nos llevamos la boquilla abierta hacia la boca. Todo esto, a la vez que, con los brazos algo flexionados, la levantamos e inclinamos, apretando ligeramente su parte inferior.

Para finalizar el trago, realizamos los pasos a la inversa: volvemos a acercar la bota a la boca, relajamos la presión en su parte baja y giramos, bajando la bota.

¡Preparados, listos… salud!

A continuación, siete sencillos pasos para disfrutar tu bota, como es debido:

  1. Quitar el papel que envuelve la boquilla.
  2. Calentar la bota al sol o cerca de un radiador de calefacción.
  3. Frotar vigorosamente la costura.
  4. “Hinchar” o inflar la bota, soplando suavemente por la boquilla.
  5. Llenarla con agua para humedecer la costura. Posteriormente, vaciarla.
  6. Introducir el vino y dejar la bota “recostada” durante 5 o 6 días.
  7. Desechar este primer vino y la bota está lista para usarse.