¿Bartender o mixólogo?

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Últimamente, son más las personas que conozco que dicen estar interesadas en tragos, “shots” o como los llama el columnista Hugo Sabogal, “los placeres líquidos”. Por consiguiente, una especie de “ola de negocios” dedicados a la coctelería, ha tomado una gran cuota en el mercado.

Hay quienes los presentan de colores, otros los ofrecen en teteros e, incluso, se sirven en jeringas. Como verán, son muchas las opciones hoy en día, por lo que se han desarrollado un montón de gustos y preferencias.

Como consecuencia, quienes sirven estos destilados han ido “cayendo” de a poco en una gran confusión. Y es que los “bartenders” ahora se hacen llamar “mixólogos”. Entonces, queridos lectores, he aquí el dilema: ¿Bartender o mixólogo?

Bartender

Juntos pero no revueltos

En primer lugar, debemos tener claro lo siguiente: cualquier mixólogo puede atender una barra, pero no cualquier bartender puede ser un buen mixólogo.

La figura del bartender es mucho más que un hombre o mujer detrás de una barra sirviendo los tragos. Nos encontramos frente a un comunicador, a un especialista en relaciones públicas; un individuo capaz de congeniar con cualquier persona, de cualquier nacionalidad, género, estrato social o económico. Además, a medida que progresa la noche, el bartender debe fungir de psicólogo para saber manejar e interpretar los distintos estados de ánimo de sus clientes. A propósito, Charlotte Voisey, ganadora del premio al Mejor Bartender de Inglaterra en el 2004, afirma que:

“Son esa mezcla de mesero, genio de las bebidas y psicólogo. Siempre con una sonrisa y dispuestos a hacernos pasar un buen momento”.

En cuanto a sus habilidades profesionales, resulta insólito la facilidad, agilidad y destreza que tienen a la hora de manipular los cocteles. Administrando las medidas adecuadas de licor, frutas y mezclas, sirven sus obras de arte con una creatividad envidiable. Todo esto, mientras escuchan con atención los problemas, dramas y preocupaciones de quienes beben. Después de todo, parte de sus ingresos dependen de las propinas que ganen cada noche.

Por su parte, el mixólogo es quien estudia los tragos. Se concentra en su elaboración y pretende crear la bebida perfecta a base de mezclas y mucha práctica; ya sea en un laboratorio, una cocina o un bar. En lugar de fungir como psicólogo, es el alquimista de los tragos. Un buen mixólogo conoce a fondo todos los componentes de una bebida, el comportamiento de los líquidos, los aromas, colores, texturas y demás ingredientes que la conforman.

Este oficio ha crecido en demanda con el paso de los años, ya que los bares desean ir más allá y ofrecer no solo los cocteles clásicos, sino una gama de sabores y mezclas nuevas que atraigan a más personas y cautiven más curiosos paladares.

Vemos pues, que sí hay una diferencia entre ambos términos. Sin embargo, estos se complementan… se necesitan. Y es que ninguno de ellos va a desplazar al otro ni le restará importancia. Antes bien, se “potenciarán” entre sí y harán del servicio, una experiencia sin precedentes. Ambos trabajan en torno a un mismo producto, pero con técnicas, visiones e ideas distintas.