¿Por qué leer los clásicos?

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Vanessa Rodríguez Tinoco
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Levanta la mano si has leído todos los clásicos de la literatura universal... ¿Homero o Virgilio completo? ¿Dante? ¿Shakespeare, quizá Hemingway? Probablemente te de pena admitir que no has leído muchos de estos autores. Sin embargo, y para que estés más tranquilo, son tantos libros que por más que leas y leas, siempre quedará alguna obra por hojear.

Quizá a veces pensamos: ¿por qué leer los clásicos? Y esa justamente fue la misma pregunta que se hizo el escritor italiano Italo Calvino hace ya un tiempo. En una recopilación de sus ensayos y artículos sobre sus libros y escritores favoritos concordamos con él no solo en que un clásico es parte de nuestra historia y tiene gran trascendencia por su valor e impacto en la sociedad, sino también en otros puntos que te traemos para que entiendas lo importante que son estas obras y convencerte de ir a comprar uno.

Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir

Más simple, imposible. Esta es la razón por la cual siempre escuchabas a tu profesor de literatura decir algo como: "Este libro contiene un gran trasfondo y muchas maneras de verlo, lo he leído mil veces". Y probablemente no te haya mentido con la cantidad de veces que lo ha leído. A los clásicos no hay que leerlos una vez, sino dos, tres, cuatro veces. La relectura cada cierto tiempo es necesaria, sobre todo mientras vas madurando, ya que puedes verlo desde otra perspectiva totalmente diferente a la anterior. Los libros siguen siendo los mismos, pero nosotros no. Por eso esta es una buena razón para leerlos porque como entre palabra y palabra esconden siempre algo nuevo… ¡Nunca te vas a aburrir! Un buen ejemplo sería El Principito de Antoine de Saint-Exupéry.

Y sí, seguro antes que nacieras ya tus papás te habían comprado ese libro, pero no por eso tienes que pensar que es solo un clásico para niños. Nosotros te decimos: vuélvelo a leer. Lo más probable es que cambies de opinión.

Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad

Somos jóvenes. Somos impacientes. Nos distraemos. Seguramente recuerdas poco o nada de muchas de tus lecturas académicas. Si este tipo de libro lo lees detenidamente y enfocándote de verdad entonces seguramente será inolvidable para ti. ¡No te quedes en resúmenes de internet o lo que te contó tal persona sobre la obra! Estos libros tienen el poder de sorprenderte. Y con esto hay otro punto a favor para los clásicos porque para que algo realmente nos sorprenda en este mundo tan avanzado en el que vivimos, sin duda es sinónimo de valioso.

Si lees Frankenstein de Mary Shelley puedes llevarte una que otra sorpresa. Sobre todo si la historia comienza en una mesa de laboratorio y una terrorífica creación. El miedo de esa época representado en una historia de horror, escrito por una joven que en ese entonces apenas tenía 19 años.

Tu clásico es aquel al que no puedes ser indiferente y que sirve para definirte a ti mismo en relación y en contraste con él

En pocas palabras... Cuando un libro cause un gran impacto en ti lo sabrás porque te será difícil ignorarlo. Probablemente te ayude a entender quién eres y a dónde quieres ir. ¿Por qué? Pues porque detrás de sus líneas, y sin darte cuenta, te dan consejos de vida, te inspiran, te demuestran lo que te gusta y lo que no. Incluso, no solo puede ser que el libro te encante y quieras hablar de él los siete días de la semana a todos tus amigos, sino también puede ser que te den ganas de contradecirlo porque no estás de acuerdo con lo que el autor escribió y quieras gritarle al mundo tu opinión. ¿Por qué no leer sobre algo que después te haga reflexionar de verdad? Un ejemplo podría ser El Hombre en Busca de Sentido de Viktor Frankl.

Dale una oportunidad a este libro que contiene las memorias de un psiquiatra judío que sobrevivió el Holocausto. ¿Quieres una reflexión de verdad? Aquí la tienes. Finalmente, en el colegio o en la universidad te obligaron u obligarán a leer alguno que otro clásico. Ahora tienes dos opciones: pasarlos por alto o disfrutarlos de verdad.

Si ya te convencimos que sí vale la pena leer este tipo de libros entonces no te queda más que inventar poco a poco y con el tiempo tu propia biblioteca de clásicos...y newsletter semanal.