Me desconecté del WiFi por una semana

Y lo sufrí
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Vanessa Rodríguez Tinoco
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Y lo sufrí

Cuando en la mañana de un domingo me dijeron que íbamos a pasar una semana completa en la playa, mi cara de felicidad no tuvo sentido. Para los que me conocen, saben muy bien que la playa es mi debilidad. El mar, la arena, el sol (y aunque es un fastidio echarme protector constantemente)... no cambiaría esas cosas por nada del mundo. Sin embargo, al aceptar la propuesta no sabía que estaba a punto de adentrarme en un mundo sin WiFi. Peor aún, no solo sin WiFi, sin ningún tipo de señal.

Quizá soy internet-aholic, lo admito, pero es que de eso se trata mi trabajo… Suena como una excusa, pero no es así. Es simplemente la verdad. Es una obligación para mí utilizar el internet. Tengo que leer noticias, mantenerme informada de la tecnología, buscar nuevas ideas para escribir, responder emails, explorar diferentes páginas web. Cuando tengo el tiempo, también reviso mis redes sociales, monto fotos en Instagram y escucho música desde Spotify. Tal vez conoces ese sentimiento, es como si mi trabajo fuese al mismo tiempo un hobby. Y es por eso que a otros se les hace difícil entender que no uso el internet solo porque me gusta y me divierte, sino porque al mismo tiempo me beneficia y trabajo mediante él.

Sí, en nuestro día a día no nos damos cuenta lo dependientes que somos del internet. Actualmente vivimos con nuestros smartphones siempre a la mano (que por supuesto tienen WiFi o por lo menos 3G)… Y si salimos y se nos olvida el teléfono en la casa, somos capaces de devolvernos a mitad de camino solo para buscarlo. Si estamos con un grupo de personas, seguro más de la mitad está es pendiente de responder los mensajes de Whatsapp o de ver los nuevos videos de recetas en Facebook (incluso cuando saben que nunca van a lograr cocinar aquello). Estamos siempre tan conectados que apenas nos separamos del internet, nos sentimos extraños. Nos sentimos de otro mundo. O al menos así me siento yo.

Cuando apenas teníamos una sola computadora en la casa, nos convencíamos a nosotros mismos de que la necesitábamos para hacer nuestras tareas (Y lo que hacíamos en verdad era jugar Buscaminas). Ahora esta es nuestra realidad. Y no podemos ignorarla.

Los primeros días

Cuando llegué todo era como lo imaginé. La piscina a la temperatura perfecta, el calorcito sabroso, el mar en tantos tonos de azules, la arena más blanca. Todo perfecto. Pero me faltaba algo... La señal de mi teléfono. Nada que funcionaba. Intenté relajarme un poco y olvidarme de eso las primeras horas. Pero siempre surgía la misma preocupación: mi trabajo, mis amigos. Y la incógnita venía después... ¿Cómo voy a comunicarme sin WiFi? Peor aún, ¿Cómo voy a sobrevivir el resto de la semana sin señal?

Mi teléfono era como un Nokia de los viejos. Con el que jugabas a la culebrita y lo usabas de linterna. Ok, no voy a ser tan exagerada… Podía tomar fotos con mi teléfono, pero solo de recuerdo porque ni podía mandar videos por snapchat de lo que estaba haciendo y tampoco montar la foto en Instagram justo a la hora pico del lugar tan hermoso donde me estaba quedando.

Las personas que estaban conmigo comenzaron a preguntarme qué tanto hacía en el teléfono. Las echaderas de broma diciendo cosas como "¿Desesperada por hablar con el novio?" o quejas como "Esta generación que no suelta el teléfono" no eran graciosas en el momento. No sabían que realmente estaba intentando trabajar.

Cuando me resigné completamente

A mitad de la semana me resigné. Tenía que ser más inteligente que eso. Si no podía usar el internet, al menos debía darme el chance a mí misma de desconectarme por completo.

Dejé a un lado por un tiempo las peleas de Twitter, los blog posts, los Snapchats de mis amigos, las noticias controversiales. Y sin darme cuenta, sentí por un momento una gran calma. Por mucho que el internet me brindaba, entendí que también era una fuente de estrés y ansiedad. No voy a mentirles y decirles que ahora detesto el internet y no lo usaré más nunca… Pero sí que a veces es necesario una desconexión. Tenemos que darnos la oportunidad de relajarnos de vez en cuando.

De vuelta a la normalidad

Después de una semana sin WiFi, volví a casa para ponerme al día con todo lo que tenía pendiente. Volví a la normalidad. Sin embargo, tenía presente la semana de mi desconexión.

No solo a mí me ha pasado. Seguro tú también has sentido esta necesidad. Tanto así, que es irónico que el internet esté lleno de ideas de cómo desconectarte de WiFi o que existan programas como Freedom para bloquear por un tiempo tu conexión a internet. Con esto te dejo claro que esta necesidad no es mentira… Hay que exigirnos un descanso del constante bombardeo de información.

Ahora, antes de que apagues tu computadora y salgas corriendo afuera de tu casa para sentir que estás desconectándote del mundo. Aquí te dejo una canción bastante peculiar. El nombre es mi consejo para ti: Get off the internet.