¿Por qué ahora todos nos consideramos fotógrafos?

En un futuro haremos fotos de todo, pero no observaremos nada
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Vanessa Rodríguez Tinoco
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En un futuro haremos fotos de todo, pero no observaremos nada

Antes, quien tuviese una cámara de fotos podía considerarse privilegiado. Además, no era un acto tan sencillo. Para tomar una, al menos una buena y no borrosa, se necesitaba experiencia. Después, cuando tocaba revelar el rollo era un proceso muy delicado.

¿Qué pasó?

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El mundo digital llegó a nuestras vidas para quedarse… Las cámaras empezaron a funcionar automáticamente, aparecieron los smartphones con cámaras de 12 megapíxeles y ni hablar de las cientos de aplicaciones para editar fotos tal y como VSCO o Snapseed. De repente, todo comenzaba y terminaba con una fotografía… Ahora adjuntamos memes a nuestros mensajes, los 140 caracteres en Twitter no son necesarios porque una foto lo dice todo y guardamos miles de fotografías en nuestras computadoras.

Ahí nació una nueva forma de comunicación.

La definición de fotografía cambió radicalmente. Actualmente es más un lenguaje para nosotros. En otras palabras, estamos obsesionados con las fotos.

Y en sí ese no es el problema. Nuestra relación con la fotografía no está mal, es de hecho hasta necesaria, pero es conflictiva cuando nos dejamos llevar por ella. Te preguntarás cómo es esto posible… Lamentamos decirte, quizá ya eres víctima de ello.

Las personas esperan con ansias su comida en un restaurante para documentar el suculento plato. Ven a algún famoso y necesitan tomarse una foto con él. Incluso, están en un concierto y lo ven a través de las pantallas de sus teléfonos, porque es más importante guardar el recuerdo que vivir y disfrutar el momento de verdad.

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Seguramente si revisas la cantidad de fotos que has tomado o incluso publicado en tus redes sociales en los últimos años te darás cuenta que son demasiadas… Y la mayoría son parecidas o iguales a otras. ¿Por qué sentimos la necesidad de tomar fotos a cada rato? Podríamos decir que es porque queremos guardar el momento, porque nos hace sentir bien y es una distracción o porque simplemente queremos contar una historia. Don’t fool yourself. Estas no siempre son las razones y lo sabes.

Queremos documentarlo todo… Porque si no hay foto, entonces nunca sucedió. ¿Es así como queremos vivir?

Y en parte podríamos declarar a Instagram culpable. Últimamente escuchamos cosas como… Uso Instagram… ¿Ya soy fotógrafo?

La aplicación que salió a la luz en 2010 nos hace creer que somos fotógrafos, pero esto no es una novedad. Ya Facebook nos hacía creer que teníamos una vida social y Twitter que éramos periodistas. Instagram nos permite añadir filtros a nuestras fotos y publicarlas al mundo… Y sí, eso sin duda desató la fotografía móvil.

Pero es irónico pensar que por colocar un filtro vintage ya somos fotógrafos profesionales. Si bien no hay que negar el avance que esto dio a la fotografía digital, es absurdo creer que una simple foto de un café puede ser mejor que alguna de las fotografías más icónicas de la historia y solo porque consiguió más de mil likes.

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Automáticamente te hace creer que hay talento, y es verdad, puede haberlo… Pero no siempre es el caso. Instagram acercó a más personas al mundo de la fotografía, sin embargo, eso no quiere decir que somos realmente profesionales en este ámbito.

Si seguimos así, en un futuro haremos fotos de todo, pero no observaremos nada. Así que deja el teléfono a un lado, realmente no necesitas fotografiar absolutamente todo.

En fin, nadie dice que hay que ponerle la cruz a las fotografías. Si te vas de viaje y quieres recordarlo haciendo un álbum de fotos, es totalmente válido. Sería una mentira decir que nunca deseamos haber tenido una cámara en ciertos momentos importantes de la vida, donde quizá este auge fotográfico todavía no existía… A veces olvidamos las cosas y esto nos ayuda a recordar los buenos momentos. ¡Pero no es el fin del mundo si no tomaste la foto!

Si viene al caso, solo asegúrate que sea verdaderamente importante y que no perturbe el instante en el estás. No te dejes dominar por la obsesión de la cámara. Vive el momento.