El teléfono de tus sueños nunca existirá

Al menos el mío no
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Al menos el mío no

Desde hace unos meses, estoy en la búsqueda de un nuevo teléfono. Contra todo pronóstico, mi Moto X de tres años todavía funciona decentemente, pero la vida de la batería se ha vuelto tan absurdamente corta que me ha hecho comprar un cargador portátil, reevaluar nuestra situación con las baterías de los teléfonos en general, y comenzar a cazar oficialmente un nuevo candidato que lo sustituya. Después de todo este tiempo, sin embargo, todavía sigo con mi Moto X principalmente debido a dos razones. Primero, dinero. Segundo, no me gusta nada.

2016 es un fantástico año para comprar un teléfono, y los siguientes también lo serán. Aunque las plataformas principales se reducen a solo dos opciones realistas, igual tenemos una fantástica variedad. Teléfonos grandes, de medio tamaño y pequeños. Teléfonos baratos o costosos. De plástico o de metal. Con audio de alta fidelidad o formatos que le permiten usar cualquier orientación. Teléfonos modulares. Teléfonos no modulares. Incluso hay teléfonos que explotan (no me disculparé por ese chiste).

En fin, hay para escoger. Eso nadie lo discute. El problema es que, siendo el entusiasta que soy, tengo un conjunto particular de características que busco en un teléfono. Soy exigente y minucioso. Aunque tampoco concederé que mi situación recae exclusivamente en mí, simplemente por el hecho de que hay tantos casos en donde las compañías están tan cerca, pero fallan miserablemente en encontrar el punto perfecto. Cuando decidí que mi Moto X simplemente ya había agotado su ciclo de vida, fijé un par de características para lo que sería, en este preciso momento, “el teléfono de mis sueños”.

Dicho teléfono debería tener las siguientes características:

  • Una buena pantalla. No solo resolución, sino también contraste, colores y todas esas especificaciones pretenciosas.
  • 3GB o más de memoria. La RAM es una de las limitaciones que más siento con mi Moto X (2 GB). Estoy listo para subir de categoría.
  • Pantalla de 5 o más pulgadas.
  • 32 GB de almacenamiento como mínimo U opción para tarjeta microSD.
  • Una batería excepcional.
  • Android de fábrica, o al menos con mínimas alteraciones.
  • Precio máximo de 300 dólares.
  • Bonus pero no obligatorio: USB-C

Eso es todo. Es todo lo que quiero para mi teléfono. ¿Cámara? No suelo tomar muchas fotos; cualquier sensor decente hará el trabajo. Lo mismo con el procesador: admito que me importa muchísimo más que la cámara, pero no espero obtener el Snapdragon más reciente. Cualquier chip de gama media que funcione adecuadamente me servirá. Tampoco quiero un acabado especial. Los teléfonos de plástico no me molestan en lo absoluto. La batería es probablemente la especificación más difícil de cumplir, pero en general ninguno de los puntos de la lista se sale de las expectativas del precio.

El problema es que no he podido encontrar nada.

El hecho de que siempre busco el look de fábrica de Android elimina prácticamente el 80% de las opciones, y quedan unos pocos pero convincentes competidores… Hasta que miras un poco más de cerca. Todos tienen algo que les impide ser El Elegido. Porque siempre hay algo. Las dos opciones más prominentes eran el Moto G4 Plus y el Nexus 5X. Con el Nexus, la decisión no debería ser tan difícil, pero los reportes de una autonomía mediocre e incluso negativo me ahuyentaron por completo. El Moto G4 Plus, por otro lado, toma algunas decisiones desafortunadas como un procesador débil y un incómodo sensor de huellas que nadie pidió, y además está en la parte frontal (detrás es mejor). Por $200, el Moto G4 es un excelente teléfono. Por $300, el Plus es un fatal error.

Hace poco, una pequeña luz se asomó en la cacería por mi nuevo equipo. Comenzaron a surgir reportes de un “Moto M”, un nuevo teléfono de Motorola (de Lenovo) que reunía básicamente todas las características de mi lista: 4 GB de memoria RAM, USB-C, ranura microSD, procesador Snapdragon 621, ¡un sensor de huellas en la parte trasera! Una batería de 5.000 mAh. Y el precio… ¿adivinaste?

Todo era demasiado para ser real. Todo excepto por dos pequeños detalles que tal vez, y solo tal vez, podrían no contar al final. Primero, pues que el teléfono era solo para China (de ahí el “precio equivalente)”. Segundo, que a juzgar por las fotos, correría una versión mucho más customizada de Android de lo que Motorola se ha atrevido a hacer jamás. Mi rayo de esperanza era que el Moto M saliera en América con la versión de Android convencional. Y si no, al menos sabía que lo más cercano a mi teléfono perfecto existía, solo que en otro continente.

Al final, ni siquiera eso resultó. El Moto M en cambio viene con un procesador MediaTek, no Qualcomm. Pero más devastador aún es el la batería, que al final resultó ser de tan solo 3.050 mAh. El duro golpe de la decepción me hizo aterrizar a la realidad. Siempre hay algo. Siempre lo habrá. En este caso, el prospecto de una mentira fue lo más doloroso de todo el asunto. Pero la lección ya está aprendida: el teléfono de mis sueños no existe, y no lo hará jamás. Tampoco el tuyo. Aprende a vivir con eso.