El doblaje vs el subtítulo: ¿Cuál es el preferido en Latinoamérica?

No es tan difícil
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No es tan difícil

Un día, los televidentes de Warner Channel vieron por primera vez a un Sheldon hablando español. Muchos expresaron su descontento en las redes sociales. Meses después, la directiva del canal “les dio el poder de elegir” entre series subtituladas y dobladas. Otros canales optaron por lo mismo, pero no tan voluntariamente. La mayoría está situada en Argentina, país que cuenta con una ley del doblaje. Estas acciones motivan a preguntarse si el público latinoamericano acepta el audio de un idioma foráneo, o si necesita del suyo para disfrutar un contenido.

Warner Channel emitió un comunicado el año pasado donde informaba la razón de tal cambio: ampliar todas las posibilidades para los clientes. Es decir, las necesidades de cada uno serían satisfechas debido a un abanico de opciones. Ahora se puede apreciar un contenido cómo se prefiera. Sin embargo, algunos usuarios han manifestado que la opción de poder elegir no funcionaba.

El doblaje y el subtítulo: ¿Cuál es el preferido? La interrogante fue compartida con diez personas. Seis prefirieron los subtítulos en películas y series, y el resto dobladas. Cinco eran jóvenes, los otros de edades mayores. La mayoría prefirió leer. Entre las razones, figuró la costumbre en el caso de Friends. “No es lo mismo escuchar a Joey coqueteando con una mujer en español, pierde el sentido” dijo uno de los encuestados (29 años).

Costumbre es un traslúcido sinónimo de pasado. Al menos, la generación latinoamericana nacida en los inicios de los noventa fue criada por la televisión doblada en español. ¿En qué idioma se recuerda a La Máscara, interpretada por Jim Carrey? ¿Dragon Ball? ¿Quién conoce a Mario Castañeda, el actor que dobla la voz de Gokú y Carrey? si leíste esto con su voz, significa que es cierto. En estos casos específicos, las producciones audiovisuales se posicionan sobre los subtítulos porque hay una retroalimentación entre la recepción y emisión de un determinado mensaje, que incluye la identificación y añoranza como valores intencionales.

El doblaje en el cine inició cuando el sonido llegó a la gran pantalla (El cantante de jazz-1927). Debido al auge de este mass media en el mundo, llegó a España (Entre la espada y la pared-1933) para sustituir el idioma original por el español, paradójicamente en Francia.

Cobró fuerzas en las décadas que siguieron. Pero con la llegada del internet y las mejoras de herramientas, se facilitaron las vías para contar con el subtítulo, entendido como el texto que traduce un idioma por otro, permitiendo así apreciar el audio del original. Las generaciones siguientes fueron testigos de la creciente globalización, y seducidos por lo anglosajón.

Por ejemplo, otro encuestado (19 años) prefiere los subtítulos porque es un fanático del extranjerismo. Las series animé le han enseñado algunas conductas típicas de Japón, al igual que las películas. “Si sabes aprovecharlo es un buen método de enseñanza. Las academias se centran en enseñar un idioma desde lo formal, eso está bien pero por otro lado también tenemos la informal que suele ser hablada por los habitantes de un determinado país”.

El doblaje es un poco similar. Los actores de voces requieren de técnicas y ejercicios especiales para que sus voces e interpretaciones sean de la manera correcta al hablar el español. Ambos medios de traducción están destinados a ser instrumentos educativos. Otros lo llamarían “de alienación” porque el poder económico reproduce consecuencias que influyen en las conductas socio-culturales.

Apreciar no es un verbo recurrente tanto en la aculturación (voluntario) como en la transculturación (impuesto). El caso de la televisión por cable es digno de analizar. Llegó a Latinoamérica a través de Argentina, durante la década del 60. Transcurridos los años, el resto del continente abrió sus puertas a esta opción de consumo. Venezuela ocupa el cuarto lugar de América Latina en la cantidad de suscriptores, convirtiéndose en una plataforma masiva, directa, y mundial.

Hasta hace poco, el contenido ofrecido en los canales era subtitulado: películas, series, documentales, y reality shows (no se conocen mucho por su nombre en español. “Telerrealidad”). Todos han sido brindados a América Latina en su idioma original. El inglés es mayoritario.

Tanto el Estado como el libre mercado están en la capacidad de cambiar cualquier medio reproductivo de normas, moral, conductas, e indicios humanos a través de la televisión o cine. Un día, se puede modificar un reglamento para suplir una necesidad por otra. Para eso estudian a la población, dividiéndola en mercados. Tal vez, en dos meses los subtítulos, vuelvan a ganar terreno. Tal vez no. Lo cierto es que, tanto el doblaje como el subtítulo, son vías de acercamiento a otros mundos.