La propaganda digital es más evidente de lo que crees

¡Cuidado!
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¡Cuidado!

Comunicación es intención, eso lo saben bien quienes militan en partidos políticos, o pertenecen a religiones y Organizaciones no gubernamentales (ONG) hasta el punto de convertir tal manifiesto en un credo irrefutable. La llegada de las redes sociales significó que lo digital se convirtiera en otro medio para propagar determinadas ideas. Sólo basta con ingresar el nombre de una organización para darse cuenta que está registrada bien sea en Facebook, Twitter, Instagram, blogs o Youtube. Los medios tradicionales también practican la propaganda online; cualquier contenido, bien sea una noticia, reportaje u otros pertenecientes a diferentes géneros del periodismo, es producto de un filtro que desea mostrar una realidad para un fin.

Lo único que varía es la presencia más cercana entre los emisores y receptores. En el pasado se contaba con carteles o foros donde la intencionalidad era informar y politizar. Nada diferente al mundo de hoy. Luego surgieron los mass media que poco a poco fueron utilizados con el propósito de generarle a la sociedad tanto antigua como contemporánea, una serie de impactos que repercuten en la psicología y, por supuesto, la cultura. Edward Bernays, considerado el padre de la propaganda moderna, es un ejemplo. Uno de sus logros fue que las mujeres durante la década de los 20 fumaran en público con el fin de brindarles una ilusoria sensación de libertad. Los fotoperiodistas del New York Times se encargaron de difundir la noticia y al día siguiente, la novedad se convirtió en costumbre.

La inmediatez es un factor clave del entorno digital y su efecto en las llamadas masas. Como es de esperar los países que integran el mundo occidental se valen de mensajes inspirados en acontecimientos ligados al desprestigio del antagonista político o religioso. El caso de las campañas presidenciales es evidente. Por ejemplo Donald Trump fue el blanco de la crítica debido a sus polémicas declaraciones. Su contraparte, Hillary Clinton, creyó que el violento discurso del republicano sería una debilidad pero se equivocó porque él es uno de los políticos más activos en Twitter con 18.9 millones de seguidores, tal alcance le permitieron comunicarse rápidamente con sus partidarios mediante tweets reiterativos y por supuesto llenos de eufemismos. Ni siquiera la estrategia de incluir a Alicia Machado, pudo vencerlo.

Latinoamérica no se queda atrás, en Venezuela hay 15 partidos políticos activos, y los más importantes cuentan con redes sociales, también con asesores que les aconsejan cómo usarlas. Cualquier contenido, al menos en teoría, es preconcebido y bien pensado para el público adepto. Por ejemplo, el presidente Nicolás Maduro, durante un acto político, denunció que sus enemigos emprendieron una “guerra mediática” contra Venezuela e instó a usar los mismos instrumentos comunicacionales para contrarrestar. Al presidente lo siguen casi 3 millones de usuarios en Twitter quienes con tan solo ingresar recibirán todos los mensajes de este emisor quien se vale de otros medios también masivos.

La religión es otra institución que también ha aprovechado el auge de los medios digitales para difundir su visión de Dios, un caso es el del papa Francisco. Con 12, 5 millones de seguidores en Twitter, él es uno de los personajes que más influyen en la comunidad online. De hecho, se ha manifestado acerca de temas importantes como la guerra o alguna crisis política de un determinado país a través de esta vía. Solo bastan 140 caracteres para que su opinión se convierta en noticia.

Y hablando de este género periodístico, es necesario manifestar que los medios de comunicación tradicionales tampoco escapan de la propaganda. Esto no es nuevo. En el pasado las cadenas de televisión se encargaron de apoyar golpes de Estado o partidos políticos por el hecho de que compartían ciertas afinidades. La contradicción radica cuando estos se disfrazan de imparciales pero su intencionalidad a través de sus contenidos es evidente. El periodista y lingüista estadounidense, Noam Chomsky lo explica mejor en su libro Guardianes de la libertad (1988). Hoy la dinámica es similar. Por ejemplo el gobernador del estado Carabobo, Francisco Ameliach, durante las protestas del 2014, escribió un tweet donde evocaba “un ataque fulminante” a la oposición, después lo borró pero los receptores le hicieron caso, ocasionando la muerte de una persona.

Es bien cierto que Twitter se caracteriza por ser una red más interactiva y, por supuesto, política. Otras como Facebook, Instagram y Youtube se valen de la emoción, siguiendo el mismo ejemplo del presidente venezolano se puede apreciar en su fanpage estrenada a comienzos del 2016, la abundancia de “su amor” al fallecido Chávez a través de discursos suaves. Incluso en las fotos se observa a un Nicolás Maduro sonriente aunque la mayoría de los comentarios de los usuarios denotan todo lo contrario.

En el caso de los blogs y páginas web las ONG, al igual que los movimientos sociales, han hecho de estos sitios digitales una vía para comunicarle al mundo sus diferentes visiones. La comunidad LGBT ha compartido distintas informaciones referentes a los derechos de sus integrantes: Lesbianas, gays, bisexuales y transexuales. El acceso a esa información ha permitido que los receptores la interpreten hasta el punto de manifestar sus opiniones por medio de memes en otros portales. ¿Lograron alguno de sus objetivos comunicacionales o se trata de un resultado inesperado?

Otro caso reciente es el del movimiento Ni una menos. El llamado femicidio es viejo pero las integrantes de esta organización, luego de haberse enterado del asesinato de una muchacha en Argentina, emprendieron una campaña con el hashtag #NiUnaMenos con el fin de protestar en el mundo para demostrar su repudio. Miles asistieron posicionar, incluso posicionaron el tema en la opinión pública.

La realidad implica un sinfín de formas y maneras de abordarla. Las acciones están atribuidas intencionalmente por la comunicación, que actúa como una matriz. Las diferentes vías buscan difundir, el conflicto se desarrolla cuando el amor por una idea es tan ciego como la justicia. Si se llega a esa intensidad no importará si el escenario es digital o no porque la idiotez es inherente. Así que… ¡cuidado!