Lo de Dragon Ball Super no es solo violencia, también es filosofía y mitología

¡Yamcha sigue vivo!
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¡Yamcha sigue vivo!

La franquicia Dragon Ball se adapta al mundo televisivo de hoy, y por eso creó una nueva serie escrita por el autor de siempre, Akira Toriyama. Desde junio del 2015, Gokú y sus amigos no solo se golpean, sus diálogos están cargados de alto contenido referente a filosofías y mitologías mezcladas con interpretaciones fumadas del creador.

Dragon Ball Super no ha sido estrenada oficialmente en América Latina pero sus fans cuentan con internet. Diversas administraciones de páginas se encargan de publicar los capítulos, incluso los transmiten en vivo. Es por eso que la mayoría de los fanáticos opina en foros digitales que la historia es aburrida, carente de violencia, suave, nada que ver con sus predecesoras, etc. Otros se preguntan en tono satírico por qué hasta ahora ni siquiera Yamcha ha muerto, como es habitual. Aparte critican la animación, que realmente es deficiente.

Las interpretaciones descritas ignoran que el animé siempre se ha dirigido al público infantil. Los considerados fieles datan de 1986 en adelante. Hoy son hombres y mujeres que pisan la treintena, y es evidente que una nueva saga no será lo mismo para esta generación porque a la productora no le interesa satisfacer sus necesidades o “hacerles volver a la infancia”.

Los niños están siendo entretenidos mediante contenidos que no requieren de violencia explícita. Los videojuegos de la franquicia, así como los de otras, son creados con el fin de vivir más cerca una tanda de golpes o disparos por doquier. Esta vía es más efectiva y por supuesto atractiva para el desahogo o en el peor de los casos es un espejo que imita la realidad mediante acciones emuladas.

Esa no es la función de la serie emitida domingo a domingo en el canal Fuji TV. Los primeros capítulos continúan la historia que se había detenido después de la derrota de Pequeño Buu. El nuevo contexto no se desarrolla sólo en la Tierra, un abanico de universos, en total 12, cuenta la participación de personajes que son dioses. El primer antagonista en aparecer fue el Dios de la destrucción, del universo 6, Bills, inspirado en tres deidades egipcias: Seth, Anubis y Sekhme. La última mencionada es la diosa de la guerra y venganza, tareas parecidas a las de él excepto que no se inmiscuye en asuntos terceros, pero si un postre le disgusta, destruye un planeta. Por otro lado, el personaje luce como un gato, animal adorado por los egipcios.

Luego de la Batalla de los Dioses, el público conocería nuevas divinidades con poderes no sólo físicos, sino que también gozan de sabiduría. Un caso es el de Gowasu, el Gran Kaioshin del Universo 10, él observa la conducta humana, analiza su hostilidad pero cree que para cuidarla lo mejor es no intervenir en su desarrollo. El momento adecuado llegará a tiempo sin necesidad de la violencia. Esta visión pacifista se presenta en el budismo y en el sintoísmo, la segunda religión más aceptada en Japón.

El bien y el mal son partes que equilibran el todo, como afirma el taoísmo, filosofía proveniente de China. Es por eso que surge la figura de Zamasu, el discípulo de Gowasu. Él, por el contrario, cree que la humanidad debe desaparecer porque nunca cambiará, decide entonces tomar la justicia en sus manos y emprende su plan de erradicar a todos seres del planeta tierra mediante un medio que desprecia: la violencia. Su contradicción demuestra que los humanos no son los únicos seres con complejos existenciales, ya se sabe de dónde proviene: de los creadores. Mientras tanto, los protagonistas defienden la tierra no sólo con golpes sino con extensos debates acerca de lo negativo y positivo.

En el transcurso de la saga aparece Zeno-Sama, es el rey de todos los universos. Como en toda mitología, siempre hay una máxima autoridad, en este caso es él. Su personalidad es amable y respetuosa pero si algo no le parece bien, puede desaparecer cualquier indicio de vida, al igual que viajar al tiempo. En fin, es el lomo plateado de los dioses. Por otro lado, Dai Shin kan es el guardián del Palacio, algo así como el Olimpo de los griegos. Hasta los momentos no se ha aparecido pero se presume que pronto dará mucho de qué hablar, luce igual que Whis el misterioso andrógino y también asistente-maestro de Bills, quien cuenta además con un cetro cuya cúspide es un círculo que simboliza el poder en la mitología egipcia, aunque en ese caso se caracterizaba por ser una cabeza de animal, por lo contrario de la vara de Whis, algunos fans interpretan que ese círculo representa el ciclo de la destrucción y creación que son infinitos.

Estos elementos circunstanciales son el nuevo atractivo de la nueva entrega del universo Dragon Ball. Sería predecible que la violencia explícita siga siendo el motor principal de las historias. La televisión de ahora es diferente. Eso no quiere decir que sea mejor o no, ya le corresponde al público infantil enjuiciar. Por algo la versión “Super” es una de las más vistas en Japón.