Los reality shows que ridiculizan a las minorías

Lo “anormal” vende
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Lo “anormal” vende

La televisión intenta posicionarse sobre otros medios, la competencia es la explosión convertida en el Big Bang que creó algo llamado reality show. Desde 1973 hasta hoy, los canales emiten programas enfocados aparentemente en la vida real de personas. El nuevo truco es involucrar a determinadas minorías. La fórmula al parecer aún funciona, sólo basta incluir nuevos grupos sociales excluidos por la moral: los obesos, guido, amish, enanos y gitanos están siendo incluidos para el ridículo.

Pequeñas grandes amigas, Here comes Honey Boo Boo, El mundo Amish, Amigas gitanas, y la franquicia Shore son series que se encargan de recrear el día a día de personajes que décadas pasadas no hubieran salido al aire. La rutina se resume al conflicto. Es necesario destacar que la falta de consenso resalta en la sociedad pero tal realidad es aprovechada con el fin de mantener la rentabilidad del negocio.

La ridiculización es lo que vende y los canales lo saben, de otra forma no incluyeran a las consideradas minorías. Sería raro ver un reality sin que una gitana golpeara a otra, una enana cayera al mar porque otro enano la empujó desde la lancha que los paseaba o un obeso eructara de forma poco natural. ¿Por qué no resaltar otras conductas o situaciones también reales en el ámbito de cada grupo?

Porque a nadie le gusta, diría alguien que produjera el programa. El espectáculo se resume en gratificar lo ajeno debido a la lejanía entre ficción y realidad, más aún si es en la comodidad de una cama o sofá. La presencia de los personajes y sus acciones reconforta a quien observa desde el otro lado de la pantalla por tratarse de algo “nuevo” pero no es más que un intento forzado de incluir mercados con el fin, aparte del monetario, de dar a creer al mundo que se vive en una era de mente abierta. Por eso no hay que extrañarse cuando aparezcan shows inspirados en otras conductas sociales o tabúes que no son bienvenidos como fumar marihuana.

Algo digno de reconocer es el talento de las producciones en causarle al espectador las ansias de observar tales programas. Nunca falta la abuela que se ríe de las discusiones entre obesos, o el macho lomo plateado que a escondidas cambia el canal para ver las desventuras de un amish. Las narraciones de las situaciones en tono real son una de las virtudes que causan el apego entre medio y audiencia.

El libro Las tres T de la comunicación en Venezuela (Televisión, teoría y televidentes) escrito por Gustavo Hernández Díaz, dedica en algunas páginas el análisis de la también llamada telerrealidad. El autor manifestó que la relación de los emisores-receptores, se debe en grandes escalas a la “heroización de sus personajes poco comunes”. Es decir, las plataformas tradicionales en el pasado creaban héroes sobrenaturales o kitsch para causar un efecto determinado pero la norma actual es todo lo contrario. Ahora la gente común se ha convertido en referencias, es decir, los nuevos héroes de los medios de comunicación. Ninguna figura es positiva debido al filtro que les da forma y este es, por supuesto, el circo. La razón se reduce a distracción.

Se dice que las llamadas audiencias son libres de elegir el medio para satisfacer una necesidad en el sentido más amplio de la palabra, eso implicaría que la televisión en realidad ofrece lo que el público quiere. Es una excusa para vender estilos de vida exagerados con la ilusión de la “normalidad”. Si en realidad entretienen, es un problema para la salud de la sociedad, no se trata de darle al receptor lo deseado. Es como comprarle cantidades monumentales de caramelos a la sobrina amante del dulce sabiendo que el azúcar le hace daño, es decir, un capricho peligroso.