El corazón roto tiene su prescripción

Creo que de haberlo sabido antes, me hubiese dado una intoxicación.
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Creo que de haberlo sabido antes, me hubiese dado una intoxicación.

Ok, la primera vez que me rompieron el corazón... Me gustaría decir que fue un evento difícil de recordar, pero sería mentira. Aunque suene corny, es algo que realmente pasa, y no se olvida fácilmente.

Mi primera ruptura fue bastante dolorosa y, aún mejor, fue sorpresa. “Me parece mejor que dejemos de vernos”, fue lo que dijo, y esas palabras tuvieron el efecto de un golpe al estómago. Todos hemos pasado por esa situación tan traumática que, como premio, te incluye en un gremio de adultos perdidos que ya tienen una mejor idea de cómo van a ser las cosas. Una ruptura es una montaña rusa de emociones y de procesos tan tediosos como es la entrega de documentos en Venezuela.

Aunque lo que la mayoría no sabe, es que esta enfermedad comúnmente llamada “desamor”, tiene su medicina. Pero vayamos poco a poco.

Una vez que el sujeto en cuestión me hizo una exposición de todas las razones por las que no podíamos estar juntos, lo único que salió de mi boca fue la palabra “Ok”. ¿Qué podía hacer? No iba a rogarle ni a pedirle que considerara mejor mis sentimientos, el dolor y el shock no me dejaban. Prácticamente no podía decir nada, ni moverme. Ese “Ok” salió de mi cuerpo como por inercia, y ni una lágrima intentó asomarse. Aunque luego de que se asomó una esa misma noche, el diluvio le siguió en los siguientes meses.

Cada minuto que transcurría, una intención de contactarlo pasaba por mi cabeza, era una euforia insoportable. Y cuando por fin decidí hablarlo con mi mejor amigo (que ya es experto en entender el idioma Español Carla Llorando), él sólo me dijo una cosa: Él era una droga para ti, todo es un asunto químico… ya se te pasará.

Me costó entender eso, pensé que se estaba burlando de mí o que simplemente mi desilusión amorosa y mi mundo rompiéndose en mil pedazos (sí, suelo ser una drama queen en esas situaciones) eran poca cosa para mi mejor amigo. Así que me dispuse a indagar un poco por internet y resultó que tenía toda la razón. My bad, bff.

Durante una relación amorosa, se elevan los niveles de dopamina en tu cuerpo, que es una sustancia también conocida como la droga del amor y de la felicidad, y que te da la sensación de estar en las nubes. Sin embargo, al sufrir una ruptura, todo tu cuerpo reacciona: tus vías respiratorias se contraen bruscamente, el estómago se encoge y tu corazón reduce la velocidad de sus latidos como loco, lo que provoca la sensación de que se está rompiendo.

Toda la vida, las tías y las mamás han dicho que es una situación que sólo afecta el corazón y que está en tu cabeza. Y de alguna forma, siempre han tenido razón. Al escuchar esas palabras, mi cerebro envió una señal al resto de mi cuerpo y él respondió a ese mensaje. Mi ruptura me causó un verdadero dolor físico, y como (casi) todo dolor físico, tiene su respectiva cura.

Hace poco me enteré que el acetaminofén es un gran aliado al momento de combatir todos estos síntomas que puede causar una decepción amorosa: ayuda a reducir considerablemente el dolor a través de los mecanismos neuronales y, con el tiempo, ayudarte a sentirte como un ser humano otra vez.

Es cómico que me haya enterado de esto muchísimo después, pues creo que de haberlo sabido antes, me hubiese dado una intoxicación. Sin embargo, yo me tuve que conformar con la ingesta algo preocupante de Doritos y con los consejos de mis amigas de Sex and the City.


Ahora que conocen la cura, cuando les digan la horrible frase: “Tenemos que hablar”, sabrán que les espera una noche de acetaminofén, películas y helado. Y poco a poco pasará el dolor, como siempre.