#EsUnHecho: El primer amor siempre es un desastre

Mala jugada, Cupido.
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Mala jugada, Cupido.

Es común que muchos de ustedes estén ilusionados con esta fecha: en los cines sólo pasan películas románticas, los negocios siempre son decorados con corazones color rosa y las florerías siempre están full de románticos, el amor está en el aire.

Sin embargo, el 14 de febrero siempre tiene vibras diferentes, pues no todos ven este dia de ese color. Lo que me ha llevado a distinguir los tres tipos de pensamientos predominantes en el Día del Amor y de la Amistad...pero vamos a obviar la parte de amistad en este artículo.

Giphy

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Primero, identifiqué a los que están todos in love o en el mood de compartir con el amor de su vida (esto involucra flores que dan alergias y chocolates que sacan granos), luego, están los que ODIAN este día (y a todos los que lo celebran) con ganas y sin motivos claros; por último, se encuentran los que les importa media m*erda y pasan su día como cualquier otro, trabajando, viendo películas y durmiendo felices (yo me encuentro en esta última categoría).

Ahora, como ya saben que soy indiferente e inmune al romance, dedicaré este pequeño espacio para defender una tesis que varios me han dicho que no siempre pasa así. Y puede que tengan razón.

Es una tesis bastante coherente porque la mayoría de las veces, al momento de comenzar nuestra primera relación, no somos lo suficientemente maduros emocionalmente para cargar con los sentimientos de alguien más, y como resultado: el caos se desata y las personas son brutalmente heridas.

Les presentaré cuatro historias, a continuación, que demuestran que el Primer Amor siempre es un desastre.

La que ama el ejercicio, 24:

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“No sé si esto me hace una loca, pero creo que uno siempre se comporta raro en estas situaciones. Nos habíamos conocido en la universidad, estábamos en varias clases juntos, empezamos a hablar, nos preguntábamos sobre las asignaciones y salíamos en grupo. Un día me invitó al cine y me había dicho que más nadie podía ir. Pero yo sabía adónde iba la cosa. Pero bueno, así empezó todo. Fue una relación muy bonita, pero él era de estos típicos chamos que en cuanto se pone difícil la cosa, salen corriendo. Literal. Estuvimos juntos como cinco meses antes de que me terminara, estábamos caminando por mi calle y cuando me lanzó esa, yo no quería que se fuera así. Estaba llorando y lo agarraba del brazo. El asunto fue que él se desprendió de mi brazo y empezó a correr y, por supuesto, yo corrí detrás de él. Fue horrible, todo un show. Al final no seguí corriendo y cuando llegué a mi casa, lo bloqueé de todas partes. Hace poco me enteré que se fue a vivir a Argentina, me pregunto de quién salió volando esta vez”.

El que no estaba claro, 22:

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“A ver, yo realmente no tuve ninguna relación en el colegio, sino en el primer año de la universidad. La conocí en una fiesta, me había parecido linda y nada, empezamos a hablar y nos intercambiamos números de teléfono, luego comenzamos a salir, a besarnos y eso. Pero después de un tiempo, se puso demasiado fastidioso, siempre íbamos a los mismos lugares y hacíamos las mismas cosas. En una de esas salidas, ella como que quería terminarme pero no lo dijo exactamente, así que seguimos saliendo normal. Yo la quería, pues. Un día me invitó al cine con su amiga. Fue la v*ina más horrible e incómoda del mundo. Me llevó a casa de su amiga y me terminó allí. Man, tuve que quedarme a dormir en esa casa, con pesadillas y todo. Me devolví a mi casa intentando no llorar en el camino y bueno, pasó un tiempo y lo superé. Pero eso no termina aquí, un año después vi una foto en la que estaba etiquetada con un chamo besándose, y creo que era del novio porque decían algo como ‘gracias por estar en mi vida, los mejores dos años que he tenido’. ¡Dos años! Y hace un año estaba conmigo. No estoy claro si le estaba montando cachos conmigo o si estaban en un break o algo. X, igual besaba mal”.

La que nunca aprendió a manejar, 20:

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“Fue mi primera relación seria. Lo conocí en el trabajo, pero él realmente no trabajaba ahí, sino que de vez en cuando iba para allá y además conocía a todo el mundo. Cabe destacar que era encantador y diez años mayor que yo. El hecho fue que, después de un evento, nos fuimos todos a un club y bueno, una cosa llevó a la otra y nos besamos. Empezamos a salir y fue todo demasiado fino. Pero se empezó a arruinar como al cuarto mes, porque él se desaparecía. Fue horrible porque pasaban semanas sin que yo no supiera nada de él, me dejaba plantada y todo. Pero yo era medio estúpida y lo excusaba. Un día fuimos en su carro a tomar un café y cuando estábamos en camino a mi casa, me dijo que necesitaba un tiempo, pero que pretendía volver conmigo. ‘No quiero perderte, todavía voy pendiente de esas salidas al cine y aprovechando que tengo el carro, puedo enseñarte a manejar, ¿quieres?’ Me dejó en la puerta de mi casa y no volví a saber más nada de él”.

La forever ilusa, 22:

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“Cuando tenía como 16 conocí a este chamo que era un año mayor, todo fluyó y comenzamos a salir. Resultó que vivía a unas cuadras de mí, entonces salíamos a caminar por ahí y todo iba bien. Siempre me pregunté por qué era tan misterioso, no tenía redes sociales, su última foto en Facebook era como del 2000, pero supongo que eso hacía que me llamara más la atención. Llevábamos meses saliendo y yo estaba en una época extraña donde mi lema era ‘sin título todo es mejor’ respecto al hecho de ser novios y a él eso le encantaba. Seis meses después me llama un amigo de él y me dice que todo este tiempo había tenido novia. Cuando me enteré que era ‘la otra’ llamé a esta chama y le conté todo. Ella quería citarlo a un sitio y encararlo las dos, a mí todo esto me parecía una novela mexicana y preferí alejarme y ya. La única explicación que él nos dio fue que ‘le parecía divertido’”.

No siempre es caos y desastre

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Cuando le pregunté a mi papá cuál fue su primer amor y si había terminado mal, me dijo:

“Mi primer gran desastre fue tu mamá”, en ese momento la miró con complicidad y la abrazó con mucho cariño antes de darle un beso en la frente. Llevan casi 25 años casados.

Pero bueno, una en un millón.