La novela Oficina N° 1 sigue más vigente que nunca

¡Atención, clase! Hoy vamos a analizar el libro que leyeron la semana pasada
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¡Atención, clase! Hoy vamos a analizar el libro que leyeron la semana pasada

La industria petrolera de Venezuela nació en 1914 cuando el llamado oro negro salió de las entrañas de la tierra para cambiar el país. Los años venideros fueron testigos de cómo la dependencia de la agricultura pasara a segundo plano. La economía nacional no se diferencia mucho del siglo XX, la única discrepancia radica en la literatura venezolana… ¡Carlos Andrés, deja de hablar con Hugo Rafael y presta atención! Como decía…Obras como Oficina N° 1 de Miguel Otero Silva, Mene y Casandra de Ramón Díaz Sánchez, y Sobre la misma tierra de Rómulo Gallegos son un ejemplo. A estas alturas no se han escrito otros libros que representan a cabalidad la venezolanidad y el petróleo, que según la historia, son un unísono social.

Oficina N° 1 resalta gracias a su asertiva narrativa, un elemento que ocasionó este éxito literario fue el hecho de que esté inspirado en personas reales que vivieron en un sitio real. Lo que hoy se conoce como “El Tigre”, en Anzoátegui, es el pueblo donde convergen las diferentes situaciones que relacionan a sus habitantes. Otero Silva era periodista, su puño y letra devienen de una mezcla entre periodismo y literatura, por eso investigó a profundidad para dar como resultado una historia pluralmente conmovedora.

Al autor le publicaron la novela en 1961, desde esa década hasta hoy, el público sigue leyéndola. Es evidente que el escritor quiso comunicar ciertos mensajes dirigidos a los lectores de ese entonces, como dice Carolina Álvarez en su guía de lectura para una edición especial de El Nacional que me robé en una feria. Ella se pregunta… ¿cuál es la vigencia?

Los personajes son una respuesta. Carmen Rosa, la protagonista, deja atrás junto a su madre y el noble Olegario, el moribundo pueblo llanero llamado Ortiz, la razón de la huida es narrada en otra historia, sí, Casas Muertas. Los estudiosos de la materia afirman que Oficina N° 1 es la continuación de esa historia y es cierto porque el personaje principal las protagoniza. En el caso de la primera, un lugar muere, y en la segunda, otro nace. Perfecta alegoría de la agricultura y el petróleo como motores económicos.

Doña Carmelita, la madre de Carmen Rosa, es la típica señora que cree en Dios ante todo, también la que se horroriza ante cualquier novedad y para curarla decide persignarse. Sin embargo, la bondad también forma parte de ella, así como de Olegario, que inspira ternura; ambos son silenciosos pero cooperantes. A pesar de todo, aún hay venezolanos así que no dejan de dar un vaso de agua al sediento, también chismosear como la señora Carmelita.

¡Carlos Andrés, Hugo Rafael, los vuelvo a ver hablando y los saco del salón!

Sigamos… El libro que nos concierne hoy reúne una gama de personajes con características que hoy siguen reproduciéndose. Carmen Rosa representa la juventud ávida de vida, de búsqueda y curiosidad. La juventud de hoy también lo hace a diferencia que deja el país por razones evidentes. Venezuela es Ortiz pero también Oficina N°1.

¿De dónde proviene ese nombre? Fue Francis J. Taylor, quien así apodó un pozo petrolero. Él es el estadounidense representante de la compañía. En el transcurso de la historia se ve cómo una desolada sabana va tomando forma gracias a su gestión. El dominio extranjero es encarnado por este personaje. A pesar que hoy se hable de soberanía y dependencia, todavía hay foráneos interesados que explotan la riqueza natural del país. Si no, pregúntenle a los indígenas del arco minero. Y hablando de ellos, el Indio Gabino, “el triste indio”, cuenta con características similares a los de hoy: la mayoría sigue sumida al alcohol y con delirios que los conllevan a la muerte.

En fin… volviendo al tema. En esta obra de Miguel Otero Silva resaltan personalidades de la talla de Luciano Millán, quien sin haberse preparado consiguió convertirse en coronel del nuevo pueblo. Más allá de haber sido bueno o malo, es un claro ejemplo del oportunismo venezolano que hasta el sol de hoy sigue viéndose en los principales cargos del Estado.

Otros personajes, como la prostituta de apodo Greta Garbo, son símbolos del sexo venezolano. Me atrevo a decir que si ella viviera en nuestra época, fuera una “bendecida y afortunada” o una mujer como Diosa Canales. ¡Silencio, clase!

¿Alguien sabe quién es el Tuerto Montero? Bueno, igual lo voy a decir. Digamos que es el malo de la historia. Fue el primero en fundar un prostíbulo y también asesinar a un habitante. La maldad sigue de pie no solo por “darle” trabajo a ciertas mujeres, sino por la envidia y viveza chimba, así como cuando ustedes se copian en los exámenes y juran que no me doy cuenta.

¡Matías Carvajal! Olvidaba ese personaje. Él es un maestro que llega al naciente pueblo para darles clases a los hijos de los obreros que trabajan en el pozo petrolero. Representa por supuesto al profesor eficiente y que se entrega a su profesión por fines éticos. Hoy en día somos peor pagados pero todavía existen los que queremos a nuestros alumnos como si fueran hijos propios.

¡Carlos Andrés! ¡Hugo Rafael! ¡Sálganse del salón! ¡Ustedes van a ser dos desgracias!