Procrastinación, ¿vicio o virtud?

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Es muy probable que estés leyendo este artículo al mismo tiempo en que deberías estar haciendo algo realmente importante, como un ensayo para salvar el semestre o algo que te había dicho tu mamá desde hace una semana. Este acto tan común se conoce como procrastinación, y no es necesario definirlo. Sólo puedo decir que se manifiesta de distintas formas, puede estar presente en los memes de Facebook, en la selección de emojis en Whatsapp, o en los artículos de Komienza. En mi caso, mi debilidad son los quizzes de BuzzFeed, porque, ¿quién no quiere saber a qué edad se va a casar según su pizza favorita?

Oh, God, why?

La verdadera razón por la que no puedes dejar de revisar las redes sociales en lugar de hacer el trabajo que tienes pendiente es bastante sencilla. Resulta que tendemos a valorar más el ahora que el después, entonces realizamos actividades que nos puedan brindar una satisfacción más próxima en el tiempo que aquella que se encuentra tan lejana al presente y, como consecuencia, aplazamos esa responsabilidad para seguir sintiéndonos culpablemente felices.

Al recibir un like, un mensaje de texto o al darle click a una página de nuestro interés, recibimos una pequeña dosis de dopamina, que es conocida como la droga de la felicidad. Por lo tanto, repetimos indefinidamente esa actividad que nos da pequeñas porciones de satisfacción.

The struggle is real.

El antídoto

Sin embargo, la cura para esta viciosa enfermedad no es complicada. Consiste en una armoniosa composición de costumbres que nos costarán un poco (bastante) a nosotros los procrastinadores. Toda va en función de una palabra clave: recompensa.

Tienes que imponerte deadlines, o fechas límites, falsas. Por ejemplo, si tengo hasta el domingo para entregar un artículo, me propongo el viernes como fecha límite, y así estudio todos mis recursos antes para no estar corriendo a última hora.

Sé realista, establece tareas específicas que puedas cumplir: “Leer capítulo 2”, “hacer ensayo de Historia”, “limpiar cuarto”. Cosas sencillas que sepas que podrás ejecutar fácilmente.

Programa recompensas después de un plazo determinado de tiempo o incluso después de haber cumplido con cierta asignación, así lo propone el Método Pomodoro. Esta técnica es bastante famosa y te exige trabajar por 25 minutos, que representa un pomodoro (tomate), sin ningún tipo de distracción. Después te tomas unos 5 minutos de break y una recompensa de tu elección, puede ser un snack o ratico en Instagram. Luego de 4 pomodoros, te podrás tomar unos 15 minutos de descanso. El objetivo es cumplir la mayor cantidad de actividades en la menor cantidad de tiempo.

Por último, intenta disfrutar ser productivo. La satisfacción de saber que vas a tachar algo de tu to-do list valdrá toda la pena del mundo.

No todo es malo

Pero no creas que la procrastinación sólo trae efectos negativos; debo admitir que otra de mis debilidades son las Ted Talks: son estas charlas en las que profesionales de una gran variedad de áreas hablan acerca de un tema en específico (una buena excusa para sentir que le sacas provecho a tu procrastinación, btw). En una de ellas, un psicólogo organizacional llamado Adam Grant expone que hay tres tipos de personas: los que son súper organizados y hacen todo muchísimo antes de la fecha límite, los procrastinadores moderados que dejan pasar cierto tiempo antes de comenzar a trabajar y los procrastinadores exagerados que dejan todo para el último minuto.

Los procrastinadores moderados demostraron ser un 16% más creativos que las otras dos personas, de acuerdo a un experimento. Ya que al recibir una asignación y luego empezar a hacer otras cosas menos importantes, inconscientemente estás abierto a muchas otras posibilidades por aún tener esa tarea pendiente en tu cabeza. Grant presenta muchísimos casos relacionados a esta tesis, como Leonardo Da Vinci y Martin Luther King Jr., quienes se retrasaron en sus objetivos pero terminaron por hacer historia.

Todo en exceso es malo, pero ser open minded siempre tiene sus beneficios.

“Procrastinar puede ser un vicio en la productividad, pero una virtud para la creatividad”.