Tres cuentos que narran los encuentros sexuales de un gay chancero

La calle es el point
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La calle es el point

Las siguientes historias sólo resumen la vida sexual de una persona que aprecia la belleza masculina al caminar por la calle, aprovecha la pelazón para alimentar su lujuria; a él le gustan viriles, atléticos y de actitud nihilista. En carro no los puede detallar como merecen. Así sean blancos, indígenas o negros, si reúnen mínimo un encanto de los mencionados, sólo basta conquistarlos con miradas; no todo el tiempo le funciona. Algunos son heterosexuales y eso lo derrite más, pero la mayoría de las veces obtiene como mínimo un número de teléfono.

A continuación, tres encuentros reales que narran algo más que un intercambio de sonrisas, y todo comienza con preguntar hacia dónde va:

1

Orlando está sentado fumando un cigarrillo cerca de una estación del metro; las cenizas aún no caen, pareciera que no quisieran hacerlo. Con el dedo índice, hace el trabajo. Mientras limpia con cuidado sus botas negras se da cuenta que un muchacho lo observa; la penetración de miradas se mantiene mientras que su emisor visual atraviesa la calle en medio del calor que estresa a los choferes; es pequeño, atlético y de rasgos indígenas.

-¿Para dónde vas? -Pregunta Orlando, obtiene por respuesta “voy a mi casa”, su entonación es la de un chico rudo, malandro, como le fascinan. La estación del solitario metro los conduce hasta sus respectivas casas; en el corto trayecto hasta el vagón no conversan mucho. El muchacho le da su número de teléfono a Orlando, él toma el papel y no lo suelta.

-¿Para dónde vas? -Esta vez el tono es un tanto lascivo.

-Voy a donde tú vayas -Salen de la estación y la esquina de un boulevard es perfecta para humedecer todos los rincones de sus cuerpos. Sexo oral por aquí, beso negro por allá. La naturaleza termina el encuentro. Cada uno toma un rumbo diferente. Orlando lo ve de vez en cuando, anda loquito por él a pesar de ser poco aseado.

2

Del trabajo a la casa el camino es corto, pero el transporte público lo alarga a dos horas, por eso Orlando decide irse a pie. Desde una lujosa camioneta, un misterioso hombre le toca la corneta. Él se aparta pensando que por eso lo ha hecho pero no, es para que se acerque hasta el tipo a quien no le ha visto ni el rostro.

-¿Para dónde vas? -Le pregunta un hombre obeso, de mediana edad y calvo.

-A mi casa -Como si fuera un guión pero no, es sólo para evitar el silencio incómodo. Orlando no duda en entrar a la camioneta cuando el señor le abre la puerta.

-Yo te llevo -En el camino hablan de sus trabajos, familias y algunos problemas.

-Déjame aquí -Ordena Orlando, sin que esa sea realmente su casa, sólo lo hace para que no lo vean con él, además sabe que el traslado no es gratis. El calvo le repugna, pero debe pagar, así que se acerca hasta su gorda cara y lo besa, luego le abre el cierre del pantalón y comienza a darle sexo oral. Sólo imagina que se lo está haciendo a Brad Pitt en El club de la pelea. Cada vez que el transporte hace de las suyas, el “viejo marico”, como lo apoda, lo lleva hasta su casa a cambio de algo.

3

Esa misma noche, faltando un largo camino para llegar su casa, Orlando ve a un negro alto, fuerte y de cara horrible que también está esperando la llegada del bus, pero ya es tarde, y eso que son las siete. El Federico pero Ricardo amigo lo mira durante segundos y se acaricia el pene. Nuestro chancero protagonista se acerca sin dudar.

-Imagino que vas a tu casa. Yo también pero no hay transporte. ¿Qué tal si nos vamos caminando? -Inicia Orlando la conversación. El negro acepta y emprenden una larga caminata silenciosa. No hay ganas de hablar, ninguno está interesado en saber a qué se dedica, ni siquiera el nombre.

Una esquina alumbrada es el lugar perfecto. Los besos incrementan el ímpetu sexual. El negro saca un condón y se lo da a Orlando. La penetración inicia con fervor, tanto que ignoran a una muchacha que los está observando desde la ventana de un edificio, a los meses se enteró de que salió en una página porno gay.

Aclaratoria: Se sabe que no todos los homosexuales son promiscuos, algunos se atreven a hacer lo que todos pensamos cuando vemos a alguien que nos atrae. El estigma encierra la emoción, dejando libre solamente a la razón. El sexo seguro sería el ejemplo perfecto para describir la unión de ambas. En este caso, la narración de algunas vivencias sexuales es una manera de expresarlo. Y si buscaste el video de Orlando significa que te gusta la cosa.