LA FAMILIA ALUMBRA, ¿de qué se trata realmente? Los 6 Meses, o Avanzas o Te Hundes


“Ahora si viene la parte loca”, dice Alberto de manera jocosa. “Yo tiendo a ser muy crudo y espero, con eso, purgar el concepto de emprendedor”, nos advierte, “a mí me llega alguien diciendo que es emprendedor, pero al preguntarle cuál es su capital, te dicen que el papa les prestó 3 mil millones de pesos para empezar; esa persona no es un emprendedor, solo es una persona con una inversión de su padre, no es nada malo, pero no queda con el término”.

Según Alberto, uno de los requisitos fundamentales para llamarse emprendedor, es la carencia de recursos de cualquier tipo; lo importante para él, es que haya una necesidad, sino, no hay emprendimiento. “Si a mí me hubieran dando 1.500 millones de pesos para empezar Alumbra, entonces el riesgo a la perdida seria el mismo, y el abrazar el miedo no existiría”, comenta Alberto.

Toda esta entrada viene para explicar mejor sus inicios; una locura de esa magnitud no se podía concebir, y el mismo dice que “a veces, saber mucho no es tan bueno”.

Al parecer, Alberto era un joven con mucho poder de convencimiento; de hecho, ese concurso que ganó en Washington era de Argumentación y Oratoria, era la primera universidad latinoamericana que ganaba el concurso de entre 52 universidades a nivel mundial. “Yo salí de ahí convencido de montar mi compañía; si había ganado el concurso, podía convencer a los demás en Colombia de unirse a mi proyecto”, agrega. Nos cuenta que apenas alquiló la oficina frente a su casa y encendió la luz, su primer pensamiento fue: “Bueno, ¡a la de Dios!”. Luego, durante los siguientes 3 meses, no hubo un solo cliente; recordemos que Alberto solo tenía dinero para 6 meses de operaciones.

“Intranquilizarme no me servía para nada” le decía Alberto a su pareja de entonces. El solo se dedicó a abrir su oficina a las 8am y cerrar a las 6pm, con o sin clientes. “Me inventaba las reuniones, simulaba trabajar”, comenta. Esto es algo llamado “Imaginario Colectivo”, si la gente no te ve haciendo algo, no se va a inspirar en nada; y Alberto tenía la responsabilidad de 16 personas que pusieron sus ahorros en él. “Llamé a todo el mundo, por lo menos me hacía 3 reuniones semanales para que la gente se enterara de lo que estaba haciendo; alguien tenía que enterarse de mi emprendimiento”.

A los 3 meses de no facturar, llego una persona llamada Ingrid Romero; la primera cliente. Según Alberto, ella necesitaba asesoría en un proceso legal relacionado con un derecho de familia; fue la primera persona en contratar a Alumbra al tercer mes de haber abierto.

“Recuerdo que mi pareja me decía que iba a quebrar” nos cuenta Alberto, “vamos a tener que empeñar, vas a quedar mal con 16 personas”. Nos dice con toda su sinceridad que su padre siempre fue una persona pudiente, pero dentro de su rebeldía emprendedora, el jamás acepto su ayuda; “yo dure 6 meses sin persianas en mi casa porque no tenía como comprarlas” agrega, “y todos sabemos lo útil que son unas persianas en nuestra vida personal”. Cada vez que el padre de Alberto le preguntaba por los clientes, siempre respondía con un “Ahí vamos consiguiendo”, “Tengo 3 posibles clientes”, pero jamás fue negativo en sus respuestas.

Ingrid, volviendo al tema, aparece al tercer mes, y Alfredo nos dice que después de esto, 6 meses más adelante, ya le había tocado contratar secretaria y 2 personas que le ayudaran. “Ingrid fue como una puerta” afirmo, agregando que “un emprendedor debe tener paciencia, y esto lo afirma; un emprendedor sin paciencia, es un emprendedor que no entiende cómo funciona el mercado, donde un día estas bien y el otro día estas mal”. Por mucho que las cosas parezcan adversas, la promesa que le haces a tu emprendimiento, a tu idea, no debe cambiar, sino deja de ser una promesa; esta es la regla principal del emprendimiento. “Cuando yo empecé, dije “De aquí me sacan, ¡pero en cajón!”, ya empecé y me voy a la guerra completa”, dice Alberto.

Hoy en día las metas de Alumbra no son encontrar un cliente, sino expandirse a Europa, cosa que toma otra cantidad de dinero muchísimo mayor; algo que viene siendo básicamente lo mismo que hicieron hace 10 años en esa pequeña oficina en Colombia.

“Hay que esperar que la siembra de sus frutos; hay que tener paciencia, trabajar, y un poco de fe” concluye. La idea de esto es lograr las metas pautadas, perderle el miedo a las adversidades y siempre avanzar, es la esencia de los emprendedores.

“Imagínate tú, un pelao” con el capricho de montar la empresa, un padre haciendo presión para conseguir un trabajo estable y yo que le decía que se calmara, que cualquier cosa me devolvía; pero siempre pensaba en lo que realmente quería hacer” suma, “yo en esa época vivía con mi pareja, y como dije, no teníamos persianas en la casa; había necesidades internas, tenía que producir dinero”. Todo esto hace sentir la presión del desespero; pero el gen emprendedor te ayuda a confirmar la promesa y usar el miedo para lograr las metas.

Alberto nos dice muchas cosas importantes; dentro de ellas hablamos del crecimiento, de moverse siempre hacia adelante, siempre tener presente la evolución de nuestro emprendimiento, nunca quedarnos estancados.

¿Qué tal el miedo?, LA MEJOR O LA PEOR SENSACIÓN

“Si existe el diablo, es la DIAN”; Alberto nos comenta que su miedo más grande siempre fue la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales de Colombia, “para mí, el estado, en ese momento, fue el enemigo principal de mi emprendimiento” nos comenta, “pagar 34 o 40 millones de pesos al año por mi compañía es una locura; sin mencionar que la sola constitución de la empresa costo un dinero que equivalía a 3 meses de los servicios básicos de la oficina”.

Alberto nos menciona que el estado podría quitarle recursos que se podrían utilizar para el emprendimiento, y que poco a poco desgastan la compañía. “Y no sabes para que van a usar esos recursos que te quitan, sé que estoy siendo crudo, pero es la verdad; si en caso contrario te dijeran que van a utilizar los recursos en tal y cual, entonces es otro cuento” comenta. Todo sabemos que es una obligación pagar los impuestos, hay que hacerlo, pero cuando la sensación es la de echar dinero en un saco roto, las cosas se tornan un poco desalentadoras.

También nos aseguraba que el miedo del emprendedor se da conforme a sus metas. “La meta no debe ser necesariamente crecer hasta el infinito, porque hay cosas que cuando crecen demasiado se dañan”, menciona. Según Alberto, la intención del emprendedor es más Trascender que Crecer; esto no necesariamente significa que no hay que crecer. Todo lo contrario, hay que aumentar el crecimiento hasta la meta necesaria, pero siempre buscando dejar una marca de calidad; buscando trascender. “Te puedo apostar que Uber nunca planeo ser tan grande como lo es hoy, y si lo hizo, no creo que lo haya magnificado; pero lo que si podemos decir es que Uber es un monstruo inmenso en muchos países del mundo”, nos da como ejemplo, y si, el emprendedor puede tener esos fines, siempre y cuando no se pierdan las ganas de tener metas, todo está bien. Según Alberto, el emprendedor debe tener miedo a sentirse cómodo; ya que al momento en que se sienta cómodo, ya dejo de emprender.

El emprendimiento es lo que le da solución a lo que el sistema no le da solución; es una forma de critica a lo establecido por la sociedad. Si no tienes una idea original y te sientes cómodo, has dejado de emprender. “Mi segundo miedo más importante es ese sentimiento” confiesa Alberto.

“Otra cosa que me da miedo es olvidar de donde vine” nos dice para finalizar. Alberto todavía tiene su oficina en Bogotá y Barranquilla, y todavía está pensando en montar la compañía como heredera en Europa, pero eso no significa que ha olvidado de donde viene. No se olvida de los primeros 3 meses de cero facturaciones, de que durante 6 meses no tuvo persianas en su casa, que al final, su historia se basa en pura superación.

“Si tú sabes de donde viniste, sencillamente no hay nada que te derrote”, dice, “yo puedo volver a las persianas, puedo volver a tener el capital por 6 meses y no facturar por 3 meses” afirma Alberto con fuerza. Y es que son estos principios los que el emprendedor debe tener en cuenta como miedos principales, siempre tenerlos para no dejar de emprender.

“No te acomodes, nunca te acostumbres, pase lo que pase, que no se te olvide tu historia y de dónde vienes”

eso es lo que Alberto quiere para todos los emprendedores, para acomodarse dentro de cualquier crisis.

El último miedo de Alberto es confundir los recursos, algo como una falla en los emprendedores, esto es un elemento importante. “Si yo tengo 100 millones de pesos, y yo no sé qué de ahí, 40 millones son para DIAN, 10 millones para la SAD, 15 millones son para los trabajadores, entonces no sé qué tengo”, nos dice a manera de ejemplo; dentro de lo fundamental, mantener una cordura sobre los recursos es lo más importante para seguir adelante.

“No caer nunca en esos 3 miedos, es lo que me preocupa al emprender” 

Imágenes:  Komienza

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Esta es la segunda de tres partes de la conversación con Alberto Páez, la semana que viene la tercera parte de esta entrevista. Suscríbete y sé el primero en enterarte.