Generación Y, una generación que desafía el status quo.

La palabra startup suena mucho últimamente, y no cabe duda de porqué. Todos los días surgen nuevas ideas, productos, servicios, necesidades, demandas en nuestras mentes. La diferencia en la manera de pensar es que algunos deciden emprender y otros deciden callar. Hay unos que se conforman con solo imaginarse esa innovación y aquellos que la hacen una realidad. La generación de los llamados millennials, quienes nacimos entre 1980-2000, hemos agarrado por los pelos el control de nuestras vidas e incluso el del mercado con nuestras pequeñas empresas y grandes filosofías.

A diferencia de nuestros antecesores, la generación X o boomers, los millennials queremos romper el estándar del trabajo de cubículo de 9am-5pm, no queremos ser empleados sino emplear. En otras palabras, queremos ser nuestros propios jefes. Somos fanáticos de la independencia y creatividad.

Los millennials creemos en nuestras propias ideas, preferimos estar inmersos en un proyecto que nos apasiona que estar trabajando para otra persona porque somos partidarios de nuestra autonomía, propósito y maestría. Esto no significa que no hayan lugares de trabajo donde los empleados no tengan estas 3 cualidades, pero son muy pocas. Los millennipreneurs, como nos llama la revista Fortune, queremos hacer eso que nos apasiona a nuestra manera, y ¿quién nos puede culpar? No todo el mundo tiene las bolas para perseguir su sueño, y eso fue un error común entre los boomers; prefirieron quedarse con lo que conocían por miedo a fallar. Eso no significa que la generación Y no tengamos miedo ni nos equivoquemos; esas son cosas inevitables, pero sí significa que estamos más dispuestos ante la probabilidad. Muchos podemos estar de acuerdo con que caernos y tropezar en nuestra 20 nos enseña más que trabajar sin problemas hasta los 40.

En la generación Y creemos en el dinamismo. Muchos de nosotros emprendemos hoy en día por las facilidades que la tecnología de información y comunicaciones proveen. Las empresas comienzan con una pequeña base de datos, documentos Word o notas en el celular que son subidas a una nube y luego desarrolladas con los socios. No es necesario tener una oficina lujosa o aburridos cubículos. Entre más relajado el espacio, mejor. No tanto por comodidad sino por la cercanía que se genera entre los miembros de la empresa, ese sentido de pertenencia, creatividad y horizontalidad en los cargos. Claro, esto no significa que trabajar todos los días en piyama sea aceptable pero a nosotros nos importa tanto el resultado como la comodidad; con tal que los resultados sean los deseados.

Además, los emprendedores jóvenes creemos que horas flexibles son mucho más provechosas que un horario fijo y hasta cierto punto estamos en lo correcto. Al tener horas flexibles los miembros de la empresa pueden organizarse mejor y llegar a su objetivo de manera más fácil. Sin embargo no tener un horario fijo es un arma de doble filo; siempre estamos trabajando. Revisar tu correo de trabajo es una cuestión de segundos desde la comodidad de tu casa, enviamos mensajes a los demás miembros a cualquier hora del día sin importar qué tan tarde y establecemos reuniones de trabajo fuera del trabajo. Nos podemos volver algo locos pero es por esta misma facilidad de comunicación que suele no haber burocracia dentro de nuestras empresas. Somos multi-tec: usamos la computadora, tablet y celular simultáneamente a toda hora. Eso sí, nada de estar llamando. Los millennials tenemos una pequeña fobia a las llamadas por celular, no sabemos porqué pero preferimos vernos cara a cara o simplemente chatear por teléfono.

¿Pero, por qué emprendemos? A los millennials nos va bien. Una encuesta realizada en el 2014 dentro de un grupo de emprendedores expuso que el 44% de los startups habían contratado empleados nuevos en la primera mitad del año y un 52% planea emplear en la segunda mitad. Claro, su éxito se debe en parte a las facilidades tecnológicas pero también por una sociedad que no tiene problema con que alguien de 25 años sea su propio jefe. Esto se lo debemos a mentes como las de Zuckerberg, Jobs, Gates, quienes a temprana edad lograron grandes cambios que actualmente afectan nuestras conductas y actitudes; desde subir una foto a Facebook a comprar iPhones a usar PCs. Estas son personas que no quieren subir la escalera en una compañía típica hasta llegar a ser CEO o presidente de algún área; son personas que quieren hacer sus propios sueños una realidad en vez de trabajar por los de otra persona.

Los millennials emprendemos porque queremos. Somos mentes frescas, innovadoras, risk-takers. Queremos desarrollar esa idea que se nos ocurrió hablando con unos amigos en un bar o en un parque porque creemos en nosotros mismos, vemos el emprendimiento como un reto que nos hace crecer porque buscamos hacer un cambio en el mundo. Estamos dejando nuestras huellas porque no todos tiene las bolas para perseguir su sueño. Ese es el único requerimiento.