Es imposible ignorar el impacto que han tenido el internet y las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en nuestros días. Desde luego, el mundo empresarial también ha sido transformado por los múltiples avances tecnológicos producidos en las últimas cuatro décadas. Un sinfín de nuevos y prósperos negocios y mercados digitales surgen todos los días y en todo el orbe. Según Nunzia Alluetta, docente titular del Centro de Emprendedores del Instituto de Estudios Superiores Administrativos de Venezuela (IESA), el creciente desarrollo de negocios digitales se debe fundamentalmente a tres factores: El primero es la natural orientación tecnológica de la nueva generación de emprendedores, compuesta por los millennials o nativos digitales. El segundo es la progresiva penetración de internet. El último informe de la Unión Internacional de Comunicaciones (UIT) establece que “entre 2000 y 2015 la penetración de Internet se ha multiplicado casi por siete, pasando de 6,5 al 43 por ciento de la población mundial.” Por otro lado, el US Media Consoulting estima que la media de penetración de internet en Latinoamérica ronda el 60 % para el presente año. El tercer factor son las bajas barreras que se encuentran al momento de iniciar un negocio digital. Haciendo uso del internet, crear un espacio de interacción con los clientes es relativamente más fácil y menos costoso en comparación con los negocios tradicionales.

Ciertamente, el efecto que han provocado las nuevas tecnologías desborda las fronteras de Sillicon Valley. El mundo entero está siendo testigo del nacimiento de una posible  transformación económica y cultural. La aparición de la web 2.0 y de los dispositivos móviles, el impacto que ha tenido en los consumidores la recesión financiera mundial que reventó en el año 2008, las urgentes preocupaciones no resueltas sobre el medio ambiente y una fé renovada en la importancia de la comunidad, son los ingredientes de una revolución naciente a la cual se le ha denominado Economía Colaborativa.

La Economía Colaborativa pretende hacerle frente a la sociedad del hiperconsumo a través de un modelo económico y de una filosofía de consumo basada en la confianza, la eficiencia, la coincidencia de deseos y el trueque de bienes y servicios facilitado por las plataformas digitales. Se trata de compartir e intercambiar en vez de poseer. Se trata de renovar y restablecer la forma más primitiva del comercio haciendo uso del desarrollo tecnológico. Para comprender mejor en que consiste lo mencionado, presentamos a continuación el ejemplo del taladro: Prácticamente todo individuo requiere un taladro en algún momento, por lo tanto, prácticamente todo individuo suele adquirir un taladro en algún momento. Lo curioso es que cada sujeto que compra un taladro solo lo utilizará en promedio unos 13 minutos durante toda su vida. Entonces, ¿realmente es necesario comprar el taladro para luego relegarlo a los confines de una alacena? Según la Economía Colaborativa no es necesario, ya que en vez de comprarlo podríamos  rentarlo a través de algún espacio virtual. Seguramente, alguien de nuestro entorno posee un taladro que no utiliza y nosotros poseemos el incentivo que el propietario del dichoso utensilio requiere para alquilárnoslo. Es entonces cuando ocurre aquello a lo que llamamos coincidencia de deseos. Al alquilar la herramienta satisfacemos nuestra necesidad y la necesidad del otro, economizando y dando un uso eficiente a los recursos limitados.

Rachel Botsman, una de las principales defensoras del consumo colaborativo y co-autora del libro Lo mío es tuyo: el auge del consumo colaborativo, ha dicho sobre la Economía Colaborativa: “No es una tendencia pasajera, sino una fuerza cultural y económica que reinventa no solo lo que consumimos sino la manera en la que lo consumimos.”

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La Economía Colaborativa no es una idílica, limitada e inviable propuesta ecológica. Por el contrario, es un innovador modelo económico cuyos resultados promisorios hablan por sí mismos. Para el año 2011, ya el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) le calculaba un potencial de 110.000 millones de dólares. Otro indicador de éxito es el caso de Uber, empresa icono de los negocios colaborativos, la cual funciona a través de una aplicación digital que conecta a pasajeros con conductores privados. En tan solo cinco años, Uber se ha valorado en más de 50.000 millones de dólares. Así como Uber, una multitud  de startups y microempresas han encontrado un crecimiento exponencial en el consumo colaborativo y en distintos mercados digitales. Además, una serie de empresas  y organizaciones consolidadas han basado su funcionamiento en sistemas colaborativos, este es el caso de los gigantes YouTube y Wikipedia.

Tres sistemas de consumo en la Economia Colaborativa

Botsman ha identificado tres sistemas básicos de consumo colaborativos de los cuales pueden tomar provecho los negocios digitales

  • 1.Mercado de redistribución: Este sistema busca estirar el ciclo de vida de los productos a través de trueques realizados por medio de plataformas digitales. Se basa en el intercambio de productos usados. Swaptrees, por ejemplo, es un espacio virtual donde sus miembros pueden intercambiar productos usados sin la necesidad de un intermediario. También tenemos el caso de ThredUP, una red a través de la cual puedes intercambiar prendas de vestir. Otro ejemplo, el cual se haya a medio camino entre este sistema y el que veremos a continuación, es el de la compañía española Compratuplato. Como su nombre lo indica, Compartoplato es una plataforma digital  a través de la cual puedes intercambiar tu comida y/o tu cocina con tus vecinos.
  • 2.Sistema colaborativo: Consiste en el intercambio de recursos (dinero, tiempo y habilidades). Existen diversos ejemplos de sistemas colaborativos. Entre ellos se hallan los bancos de tiempo, en los cuales el medio de pago deja de ser el dinero para ser el tiempo. Terminamos intercambiando servicios y recursos por horas. Otro ejemplo más concreto es el de Landshare, una empresa digital cuyo lema lo dice todo: “Connecting growers to people with land to share.” Lo cual pudiese traducirse como “conectando productores (agricultores) con gente que tiene tierras para compartir.” Esto es precisamente lo que hace Landshare. Si tienes alguien espacio al frente o detrás de tu casa que pueda servir para cultivar, lo único que tienes que hacer es registrarte en Landshare, donde encontrarás un sinnúmero de agricultores privados que se hallan dispuestos a cerrar un trato para trabajar tus tierras. De este modo, los frutos de la cosecha serán para ambos. Así como estos hay una multitud de ejemplos basados en conceptos innovadores como el Coworking, el Crowfunding o el Couchsorfing, como lo es el emblemático caso de Airbnb.
  • 3.Servicio de producto: Se trata del mencionado ejemplo del taladro. Se trata de pagar por el beneficio que ofrece un determinado producto sin tener que ser el propietario de dicho producto. Entre otros, Uber pertenece a este sistema. Así mismo, la empresa estadounidense ZIpcar brinda un servicio de automóviles compartidos que pueden ser rentados por días o por horas.
 AFP

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Con la ingeniosa aplicación de alguno o de varios de los tres sistemas de consumos es posible crear una variada gama de conceptos generadores para nuestras startups. Sin embargo, debemos saber que al crear el concepto de nuestra empresa solo hemos atendido el problema de fondo. Entonces, es necesario poner atención al problema de forma. Para ello, a continuación presentamos tres modelos de negocios digitales básicos para emprender nuestra empresa en internet.

Tres modelos básicos para emprender negocios digitales

Nunzia Alluetta, en su artículo Reflexiones para emprendedores digitales, nos presenta los siguientes modelos fundamentales para montar negocios en internet:

  • 1.Oferta de bienes físicos: Como lo indica su enunciado, consiste en ofertar bienes físicos a través de plataformas digitales. Dentro de este modelo existen tres variantes. La primera es la oferta de bienes propios, de venta directa, sin intermediarios. En este caso las ganancias derivan de la venta directa del producto y de la reducción de costos en distribuidores e intermediarios comerciales. La segunda variante consiste en ser intermediario y ofertar los productos de terceros, en el cual las ganancias se obtienen a través de las comisiones de ventas. La tercera variante se basa en crear espacios virtuales donde el ofertante y el demandante del producto puedan relacionarse directamente. En esta variante las ganancias suelen obtenerse a través del cobro de membresía, ventas de audiencias y cobros de distribución.  
  • 2.Oferta de bienes y servicios virtuales: Se ofertan bienes virtuales, tales como videos, música, juegos, software, entre otros. Se sabe que, en ocasiones, el margen de ganancias de este modelo puede ser relativamente bajo. Sin embargo, los frutos suelen mejorar cuando este modelo se aplica a las relaciones B2B (Business to Business), como es el caso de las empresas que ofrecen software as a service junto con asesoría profesional.
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  • 3.Venta de audiencias: Para que este modelo funcione, el objetivo central del negocio debe ser generar altos niveles de tráfico, si es posible que oscile entre los centenares de miles o millones de visitas mensuales. Este modelo se aplica a los medios  informativos y de entretenimiento digitales, los cuales venden sus audiencias a los anunciantes publicitarios. También se aplica a los motores de búsqueda, cuyas ganancias provienen de las búsquedas patrocinadas.

Una crítica constructiva

Los detractores de la Economía Colaborativa señalan la falta de regulación que puede existir en esta especie de negocios. Lo cierto es que esta es una crítica bastante constructiva que debemos considerar. Para que el consumo colaborativo funcione es fundamental la confianza. Precisamente, la confianza puede ser generada por las plataformas digitales. El uso del internet deja rastros, por lo tanto, a través de la simplicidad de las calificaciones y los comentarios, los usuarios de las plataformas tienen la posibilidad de saber si la persona con la que desean hacer negocios es alguien de confiar. Justamente, uno de los principales objetivos de un negocio colaborativo es generar, promover y asegurar la confianza entre sus usuarios y clientes.