Con el pasar del tiempo, hemos visto cómo el mundo ha evolucionado. Uno de los factores más beneficiosos de dicho proceso ha sido la creación de la tecnología y del internet. Este medio nos permite comunicarnos, acceder a información, leer libros, ver películas y disfrutar de otros placeres en tan solo minutos y desde la palma de nuestras manos. Esta situación de inmediatez de la información nos ha llevado a acelerar ciertos procesos comunicativos, haciendo que muchas de las normas de ortografía y redacción que existen en nuestro lenguaje, como los signos de puntuación y las tildes, sean omitidas en su totalidad y que infinidad de palabras que no poseen abreviaciones, reciban dicho tratamiento.

Mientras que muchas personas somos capaces de diferenciar el uso de este lenguaje informal dependiendo del ámbito y el medio de comunicación, para muchas más personas no es el caso. Los millennials tenemos esta capacidad porque nacimos en un periodo en el cual todos estos nuevos métodos de expresión estaban apenas surgiendo; fuimos formalmente instruidos por nuestros padres y maestros en cómo escribir correctamente, y ya que hemos sido partícipes del desarrollo tecnológico, hemos sido protagonistas en la creación de estos métodos de comunicación alternativos. Esto implica que mientras más joven sea el individuo, estará más expuesto al uso incorrecto del lenguaje.

Es bastante común escuchar excusas como “No importa que esté mal escrito, tú me entendiste” lo que solo demuestra que la negligencia en este tema ha permitido que comentarios como el siguiente se vean publicados, y por más que la ironía en dicho texto sea graciosa, es necesario entender que esto es una preocupación latente:

Este fenómeno ha causado que aparezcan nuevos factores en esta ecuación. Los Grammar Nazis son, según Urban Dictionary, aquellas personas que creen que es su deber para intentar corregir los errores gramaticales y/o de ortografía que observan. Estas personas son usualmente acusadas de ser odiosos, pedantes, sabelotodos, etc., pero viendo el calibre de dichos errores, es necesario aplaudir a aquellos valientes que buscan como mejorar el futuro del idioma, el lenguaje y la comunicación.

Al evaluar la situación desde un punto de vista objetivo, la realidad es que todos debemos contribuir con esta labor de “limpiar” el internet, y específicamente las redes sociales de errores ortográficos. El bien de nuestro futuro y de las comunicaciones interpersonales depende de qué tan en serio nos tomemos esta situación. No es necesario ser grande para empezar, pero es necesario empezar para ser grande, y con tan solo corregir los errores de la gente estamos poniendo un pequeño grano de arena a una gran causa: el rescate de la intelectualidad comunicacional.

Es importante reconocer los esfuerzos de aquellas personas que buscan rescatar el idioma. Apoyemos a aquellos que desean devolverle prestigio a la comunicación y aportar algo positivo a las generaciones futuras. Es nuestra responsabilidad dejar una marca positiva que permita que todos experimentemos la misma calidad comunicacional.