La droga del siglo XXI

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Panquecas que nadan en sirope… donuts rellenos con crema… vasos que se desbordan de refresco.

Seamos honestos; a todos nos gusta el dulce. Y es que el azúcar genera tanta adicción como el alcohol o el tabaco.

dulce

Un grupo de especialistas británicos, llamado Action On Sugar, intenta concientizar a las personas sobre los efectos que tienen los edulcorantes en nuestra salud, a través de campañas para reducir la publicidad en estos productos.

Sin embargo, muchas veces nos equivocamos al pensar que solo la “comida chatarra” lleva impregnado el sello del azúcar. Tomamos a diario alimentos que pueden parecer saludables y cuyo sabor no es muy dulce, sin percatarnos que su consumo habitual en cantidades excesivas puede perjudicarnos. Este es el caso del edulcorante utilizado en los yogures para reducir su acidez.

Lo dulce… ¡hasta en lo salado!

José Vicente Gil, especialista en Biotecnología y Tecnología de Alimentos en la Universidad de Valencia, explica que, si bien existen productos que necesitan un toque dulce para equilibrar su sabor, hay algunos que lo llevan en grandes cantidades, pero lo esconden demasiado bien. Hablamos, nada más y nada menos, que de la famosa Ketchup. Este clásico acompañamiento del “perro caliente” puede tener más de 20gr por 100gr de producto. Por supuesto, nadie se lo imagina.

Casos como el del pan y el maíz, también contienen una cantidad exagerada de azúcar. Una pequeña lata de este último, contiene lo equivalente a tres terrones de azúcar añadido.

¿Por qué nos gusta tanto?

Si nos detenemos a pensar, desde que éramos pequeños nos daba la sensación de que las chucherías, los postres y las meriendas dulces tenían “poderes hipnóticos”. Parecía que con solo estar en el mostrador, nos susurraban: “¡Cómprame… Cómprame!”

Afortunadamente, el Centro Monell de Filadelfia condujo una investigación que tenía como propósito averiguar el por qué de nuestra fascinación por lo azucarado. Según ellos, esto se debe a que tenemos muchas vías a lo largo de nuestra lengua que nos permiten reconocer el sabor dulce; puesto que las papilas gustativas poseen muchos “sensores del azúcar”.

Finalmente, les planteo la siguiente interrogante: ¿Es esta la “droga” del siglo XXI?