Café vs. alcohol: ¿A cuál invito?

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Es un escenario clásico; conocemos a alguien y queremos iniciar algún tipo de relación con esa persona, ya sea romántica, de amistad o profesional, y nos encontramos con la misma diatriba, ¿Vamos por un café o por una bebida?

Las primeras impresiones son importantes, y dependiendo del tipo de relación que quieras entablar debes elegir cuidadosamente cuál de estos 2 catalizadores escoger. “No quiero quedar como alcohólico, pero tampoco como una persona aburrida” y es aquí donde se genera el problema, hay un estigma que está ligado a cada una de estas bebidas.

En un artículo para MEDIUM.com, Tobias Van Schneider explica 4 beneficios que experimento al suspender su consumo de alcohol y café por 15 meses. Sí, 15 meses. Más allá de agradecerle por habernos ahorrado la realización de este experimento a nosotros, es importante considerar que los beneficios que desarrolla son clásicos de los estigmas que son frecuentemente atribuidos a las bebidas en cuestión. Precio, hiperactividad, calidad del sueño y conversaciones poco sustanciosas y superficiales son situaciones que Van Schneider asegura pueden eliminarse si suspendemos el consumo de dichos productos. Basándonos en estos cuatro factores y en nuestras experiencias propias, buscaremos definir cuál de estos es el catalizador más efectivo, económico y prudente a la hora de desarrollar relaciones interpersonales.

Precio

Van Schneider asegura que empezarás a ahorrar alrededor de mil dólares al mes, pero debemos definir cuál de nuestras 2 bebidas representa el mayor porcentaje de estos mil. Hablando desde mi perspectiva personal, uno suele empezar una conversación y pedir un café, mientras esperamos que el café se enfríe un poco podemos entablar una conversación de una longitud considerable, y podemos pasar un periodo de una hora bebiendo una sola taza de café. Luego de la primera taza, entendiendo que el café es una bebida que no calma la sed, es muy extraño para mi pedir otra, y en caso de ir por la segunda, nunca me arriesgo con la tercera. Con el alcohol la historia cambia un poco, es una bebida fría y se suele consumir en rondas, por ende debes mantener el ritmo del grupo. Más de una vez no he terminado mi primer trago cuando ya tengo el segundo frente a mí, ya que un amigo ordenó otra ronda. Si hablamos únicamente de cervezas puedo decir que es fácil llegar a la quinta ronda en menos de 2 horas. Por estas razones, tomando en cuenta la cantidad de bebidas que se consumen una salida, es más económico salir a tomar café que alcohol.

Hiperactividad

Cuando hablamos de hiperactividad debemos entender que esto es un estado prolongado, no momentáneo, que genera estrés en nosotros y en quienes nos rodean. En lo que respecta al alcohol, una noche de excesos nos puede llevar a actuar de maneras que no son características de nuestra personalidad, pero esto es solo si abusamos de la cantidad de tragos que consumimos y por más que al día siguiente debamos lidiar con muchos dolores que nos hacen estar de mal humor, todo es momentáneo. Así mismo debemos considerar que el consumo de alcohol es esporádico y ocurre una o 2 veces por semana debido al estigma social que existe en lo que respecta al consumo diario de alcohol. Estigma que no existe ni con el refresco, ni con el café, ni con muchas otras bebidas con altas concentraciones de cafeína. Al igual que el alcohol, la cafeína en exceso es adictiva, y la falta de la misma en el sistema genera desde cambios de humor, hasta ansiedad y estrés. Esta ronda va para el alcohol, ya que sus efectos sobre la personalidad son solo temporales, mientras que la hiperactividad generada por la cafeína, y por ende el café, es constante.

Calidad del sueño

El consumo de café como catalizador social es usualmente en horas de la mañana y la tarde, muy rara vez bebemos café en la noche. Por ende el boost de energía que obtenemos de la cafeína se apacigua en el transcurso del día. El consumo ocurre con más frecuencia en la noche y madrugada, lo que implica que utilizamos lo que deberían ser nuestras horas de sueño como tiempo de socialización, reduciendo así nuestras horas de descanso, incrementando el cansancio diurno y causando que bebamos café para mantenernos despiertos. La victoria en este caso va para el café, ya que no interviene con las horas estipuladas para dormir.

Conversaciones poco sustanciosas

El alcohol  y sus efectos causan que las conversaciones sean poco sustanciosas y menos efectivas. Sí es cierto que el estar más “felices” nos permite hacer cosas que no haríamos al estar sobrios,  haciendo que no seamos muy intensos o muy sinceros. Con el alcohol perdemos la racionalidad y dejamos de ser nosotros mismos para ser sustituidos por versiones más inmaduras y menos inteligentes que nosotros. El café se presta para conversaciones en sobriedad, es más fácil conocer a alguien por quien es con una taza de café. Habrán silencios incómodos pero siempre podemos recortarlos diciendo “¡Qué bueno está el café!” y continuar conversando. El café gana esta ronda porque nos permite relacionarnos sin vernos afectados por efectos externos de alguna sustancia. Somos nosotros mismos, con nuestras facultades y con nuestros objetivos claros.

Al final, no hay un ganador constante, depende del tipo de persona quien seas porque al fin y al cabo el café y el alcohol siguen y seguirán siendo catalizadores sociales por default. Pero lo importante es que para conocer a una persona no se requiere de una bebida, se requiere personalidad e iniciativa.

Miguel A. Llarenas