El efecto Hoverboard

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Si hay un objeto que logra caracterizar profundamente la actualidad, éste es el “hoverboard”. No sólo porque “Back to the Future II” nos prometió que existiría para este momento, sino porque su surgimiento explosivo e igualmente rápido colapso sirve como la metáfora perfecta para describir el funcionamiento de nuestra actual economía global.

En realidad nadie sabe si se llaman “Hoverboards”, “Hovertrax”, “Swagways” o “tablas de dos ruedas auto equilibradas”. Si fuera otro producto simplemente se podría llamar a quien lo creó y preguntarles, en realidad, ya sabríamos cómo se llama porque habría publicidad por todos lados. Pero aparentemente no hay una tabla original que fue copiada por infinitos genéricos, sino que todas son genéricos.

Aunque nadie sabe quién las creó, si se sabe de dónde vienen: Un “hub” manufacturero en China llamado Shenzhen, lleno de muchas y pequeñas fábricas. Shenzhen es un lugar muy particular, la mayoría de sus fabricantes comenzaron trabajando como ingenieros para transnacionales como Nokia o Samsung y aprendieron sobre la producción de bienes específicos, decidieron renunciar y hacer sus propias fábricas (principalmente de copias de celulares) que con el tiempo mejoraron y comenzaron a sacar productos propios. Estas fábricas son sumamente especializadas (hay cientos de fábricas de ruedas, cientos de fábricas de motores, y así sucesivamente), y no son posesivas de sus ideas. Cuando tienen ideas las publican en boletines en Internet para que otros hagan las piezas que les faltan, creando una red de producción que deja de ser una cadena lineal.

Cuando los hoverboards llegaron a los anaqueles en Estados Unidos en 2015, fueron adoptados como bienes de lujo por las celebridades, quienes los mostraban por las redes sociales. Ésto creó una increíble demanda del producto, ya a un nivel global. Los manufactureros y exportadores en Shenzhen reaccionaron e incrementaron la oferta velozmente, produciendo más de 400.000 hoverboards sólo en Octubre de ese año, y haciéndose millonarios en el proceso.

Pero al convertirse en un producto tan popular comenzaron las demandas legales sobre la propiedad intelectual de la invención. Y en la prisa e impaciencia por cubrir la alta demanda del producto, muchos hoverboards fueron fabricados con baterías de mala calidad, tanto así que se prendían en fuego o explotaban espontáneamente. Una incluso causó que se quemara una casa, pero encontrar al productor específico para demandar o poner la queja fue imposible gracias a la naturaleza de la red productiva de Shenzhen.

Para acabar con el problema, Amazon.com decidió eliminar las ventas de hoverboards de su página web en Reino Unido y restringirlas fuertemente en Estados Unidos, además de comenzar a exigir documentos de inspecciones de seguridad a los vendedores. Según la compañía, la decisión controversial fue para proteger a los consumidores y evitar demandas en su contra, ya que como intermediario facilitaba la venta de un producto defectuoso desde direcciones IP dudosas. Con ese simple acto, Amazon destruyó el mercado de los hoverboards, ocasionando quejas de manufactureros que todavía dicen que les deben dinero, creando desempleo para trabajadores de fábricas en China, y con consumidores alrededor del mundo pidiendo reembolsos.

Este caso explica perfectamente el estado de la economía de hoy: Centros manufactureros gigantes como Shenzhen, tendencias virales que surgen de la nada y acaban en el olvido, regulación débil que no puede seguirle el paso a la tecnología, y compañías inmensamente poderosas como Amazon, cuyas acciones y decisiones traen fuertes repercusiones a nivel global.