Paquetes llenos de tradición

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En estos días, recordaba con un amigo aquellos dulces típicos de Venezuela. Entre risas y anécdotas, comentábamos cuán vivos estaban sus sabores en nuestra memoria.

Fue entonces, cuando recordé aquellas tardes de toros en las que, después de presenciar el arte en su más pura expresión, regresaba a casa añorando un dulce; como para “cerrar con broche de oro”. Pero, no cualquier dulce. Se trataba de las famosas Panelitas de San Joaquín. Unos bizcochuelos que con tan solo olerlos, me hacían agua la boca. Esto, sin mencionar la mejor parte: sumergirlos en una taza de café con leche… ¡la gloria misma!

Ahora bien, apuesto a que querrán saber la historia detrás de estas maravillas, consideradas “Patrimonio Gastronómico” del estado Carabobo.

Pues, su aparición se remonta al año 1875, cuando este dulce de origen vasco fue traído por las primeras familias españolas que se establecieron en la región centro-norte de nuestro país. Específicamente, en el municipio San Joaquín, ubicado en el eje oriental del estado Carabobo.

Quien creó la receta fue Doña Silveria Zuloaga Egusquiza, una honorable dama que elaboraba el bizcocho para consumo familiar. Posteriormente, Doña Silveria cedió la receta a Doña Juana Elizalde, quien a mediados de 1885 comienza su elaboración para la venta y las bautiza como: Panelas de San Joaquín.

panelas

Luego, Doña Juana ya a sus 74 años de edad, entrega la receta a tres ahijadas, quienes se convierten en la primera generación de fabricantes de Panelas. Es así como de esta primera generación, se despliega una cantidad de familias dedicadas, durante décadas, a la elaboración de este dulce que contribuye con el desarrollo económico, social y cultural de ese pueblo.

Ganándose el corazón de muchos venezolanos

Las panelitas –como tradicionalmente se le conocen- son fabricadas de forma artesanal por varias familias sanjoaquineras, quienes se han dedicado, a lo largo de cinco generaciones, a preparar este manjar.

Marfred Chacón, integrante de una de las familias que elaboran Panelas de San Joaquín, cuenta que:

“Nuestra fábrica se llama Tía Sebastiana, en honor a la tía-abuela de mi mamá que perteneció a la segunda generación de fabricantes. Ella recibió la receta de una de las ahijadas de la fundadora”

En los primeros años de elaboración para la venta, las panelitas se vendían afuera de las casas de las familias productoras. Sin embargo, con la construcción de la Autopista Regional del Centro, específicamente entre los años 1955 y 1960, la venta decayó considerablemente, ya que el flujo de vehículos por las calles de San Joaquín se trasladó a esta nueva arteria vial.

Por tal motivo, las familias decidieron reinventar la distribución para recuperar la clientela y tradición. Por consiguiente, los vendedores debían subir hasta la autopista y ahí las vendían, “abanicando” las bolsitas para llamar la atención de los conductores. Cabe destacar que, hasta el sol de hoy, recuerdo con claridad ese vaivén característico de las bolsas. “Ahora, quien ve un empaque con tres sobres blancos, sabe que son las Panelas de San Joaquín”, comenta Chacón.

Aportes muy valiosos

Las panelitas contribuyen, de forma modesta, al desarrollo económico del municipio San Joaquín. Sin embargo, su aporte cultural es aún más valioso. Y es que en toda Venezuela se conocen estos bizcochuelos, motivo de gran orgullo para quienes día a día lo elaboran con una pasión envidiable.