Siempre ocurre, estamos sentados en una mesa con amigos, saliendo de temporada de exámenes o terminando una asignación muy estresante en el trabajo, y alguien dice “¡Tenemos que ir a la playa! Vámonos el viernes a mediodía y volvemos el domingo en la mañana”. Lo consideras y te imaginas acostado sobre la arena, bronceándote, disfrutando del sonido de las olas rompiendo en la orilla, sin teléfono, ni libros, ni computadoras… ¡Suena como todo un paraíso! Pero créenos cuando te decimos que no siempre es el caso.

Organizar un fin de semana en la playa es la actividad más estresante que podemos plantearnos. Incluso algo tan sencillo como la hora de encuentro resulta caótico. Y aunque nos al final del día la pasamos bien, estas son algunas de las cosas que nos dan un dolor de cabeza.

Plantear la logística:

Lo más estresante que podemos hacer es bajar en grupo. Para definir los preparativos de este acto masoquista probablemente tu amigo más intenso (y si no lo tienes, eres tú), creará un group chat donde se hará el intento de responder las siguientes preguntas: ¿A qué hora iremos? ¿Dónde dormiremos? ¿A qué hora volvemos? ¿Qué comeremos? ¿Quién compra las cervezas? ¿En qué carros vamos?…pero esto no es todo, siempre tenemos a ese amigo que no leyó el grupo y pregunta lo mismo, y el amigo que no puede a esa hora, y realmente la salida se pospone hasta la semana que viene, y todo el estrés fue para nada.

El día del plan:

Como Murphy aún no ha terminado de reírse de tu desgracia, resulta que el carro no tiene gasolina, al conductor se le quedó el bolso, Juan no ha llegado y Juan es el socio del club; no podemos ir sin él. Juan trajo a su primo y alguien tiene que ir en las piernas de alguien, los paró la policía, y el trayecto que debía ser de una hora, se tarda tres.

Playa

La playa:

Si pensabas que como llegaste a tu destino ya podrás relajarte, lamentamos reventar tu burbuja, pero aquí inician los ataques de ansiedad:

  • Empecemos por el concepto de beach body. No importa lo bien que te sientas, siempre habrá alguien que se vea mejor que tú y no tendrá problema en hacértelo saber, aunque sea sin querer, sembrando así la semilla que te hará perder el tiempo en el gimnasio por lo menos 2 veces a la semana.
  • Como si esto no fuera suficiente, el sol te obliga a decidir si quieres insolarte o pasar el día cubierto de una pegajosa crema que contrarresta el mero concepto del bronceado. ¿Cómo se supone que podamos relajarnos si debemos estar pendientes de constantemente cubrirnos con cremas que al secarse generan una sensación tan desagradable que inhibe el alcance de la comodidad?
  • Si hablamos de relajación, tenemos que entender que no es algo alcanzable cuando compartes espacio físico con niños que corren, gritan, lanzan y comen arena, y no comprenden la definición de espacio personal.
  • Siempre es importante recordar que muchas de las personas que comparten la playa contigo han decidido realizar sus necesidades biológicas en el mar, así que estas nadando en materia fecal (de nada).

Comida y bebida:

Se acabó o nunca hubo. Si Juan no hubiese traído a su primo todo hubiese alcanzado, porque el problema no es solo que este ser no aportó dinero para nada, sino que bebió más cervezas y comió más que nadie.

Dormir en la playa

El lugar para dormir:

Como el primo de Juan acabó con los catalizadores sociales causando que la fiesta “se apagara”, todos quieren ir a dormir, pero no hay suficientes camas y evidentemente terminaste durmiendo en el piso. El primo de Juan duerme un una cama. Odias a Juan. Todos odiamos a Juan.

Si de verdad quieres relajarte, nuestra mejor recomendación es que te quedes en casa, apagues tu teléfono, actives un auto-reply en tu emaily disfrutes de otros artículos en Komienza. Sé feliz, no vayas a la playa con Juan y libérate verdaderamente del estrés que te agobia a diario, no lo incrementes.