Un Sunset, cinco mil personas, diez cervezas, nueve bandas y yo en el medio.

En Venezuela todavía existen oportunidades. Y los hacedores que toman la iniciativa están rompiendo esquemas y logrando proyectos impensables. Así apareció en 2012 el Sunset Roll, un festival de música, diseño y artes plásticas situado en Puerto la Cruz, Anzoátegui.

Con la idea en la cabeza de lograr establecer un festival de la talla de los grandes en Latino América como Estéreo Picnic o Lollapalooza, Juan Carlos "Toto" Fermín puso en movimiento este exitoso evento. El cual se ha convertido ya con su cuarta edición en una referencia para la música y el arte plástico alternativo en el país. 

Aquí mi experiencia. Como lo viví, lo disfruté y lo padecí.

LA LLEGADA (EL RETRASO)

El viernes me monté en un autobús con mi amigo Larry para ir a disfrutar del Sunset Roll, un festival de música venezolana que llevábamos esperando desde hace meses. 

Luego de más de 6 horas de viaje que debieron ser 4 (2 de ellas sin aire acondicionado), llegamos a mi casa en Puerto la Cruz, ciudad donde sería el festival. Obviamente, luego de ese martirio queríamos beber, por lo que fuimos directo a casa de unos amigos a pasar el estrés con ron.

El día siguiente estábamos listos para irnos al festival. Mientras esperábamos la hora decidí aprovechar que soy de Puerto, específicamente Lechería, para pasear (buscar Pokemones) con Larry y enseñarle un poco de mi pequeño paraíso. Lo llevé al Morro y a los bulevares de la playa hasta que se acercó la hora del Sunset.

A la 1:30 p.m. fuimos a buscar las credenciales de prensa de Larry y a confirmar el canje de mi entrada para estar listos a las 3.

UN FESTIVAL SIN COMPETENCIA

He asistido al Sunset Roll desde su creación en el 2012. Me parece increíblemente bien logrado. Por lo que venía con las esperanzas altísimas para este. De primera les digo, lo logró con creces.

Llegamos a la playa cuando ya estaba todo montado. Al entrar el feeling cambiaba por completo. Los diseños de Pedro Fajardo me hacían sentir en otro mundo, la carpa de música electrónica estaba a todo dar con unos beats de ambiente, la decoración hecha por Santo Tomás le daba un look increíble a lo que ya es una playa espectacular y la tarima para los artistas no tenía nada que envidiarle a un festival internacional. Me emocioné al instante. Rodeado de artistas y gente sentada en la playa, no podía hacer más nada que esperar con ansias a que arrancara el show.

Fuimos directo a la barra de cerveza Zulia pero no abrían hasta las 4PM… así que me daré el privilegio de adelantar hasta donde bebemos.

Larry y yo nos encontramos con dos amigos, Jorge y Alfredo, por un puesto de Animal Tropikal y entre los 4 compramos 32 cervezas. Luego fuimos a ver una serie de cuadros que eran pintados en vivo por varios artistas nacionales y al poco tiempo corrimos a la tarima porque iba a comenzar.

Ya prendidos por el alcohol y la falta de almuerzo, nos acercamos a escuchar el debut de Sara Gómez, una amiga cercana que tuvo la suerte (merecida, en realidad) de abrir el Sunset. A pesar de algunos covers de los cuales no fuimos fans, dio la talla cuando llegaron sus canciones originales y la gente empezó a acercarse a la tarima para escucharla cantar.

Siguieron las cervezas y uno que otro ron...

Llegó Vargas. Nunca lo había visto en vivo, pero Larry era su fan número uno. Desde que abrió balbuceando palabras inexistentes supe que iba a estar interesante. Después de la primera canción, me encontré a mi mismo saltando y gritando sus letras mientras se iba encendiendo el festival y la gente comenzaba a colmar la playa.

Cerró de la mejor manera: cantando “La Respuesta” (mi canción favorita) luego de derramar su cerveza por debajo del piano.

Si algo me dejó su presentación fue la seguridad de que está en mi top 5 de performers en Venezuela. Su extraña presencia y la emoción con la que él y toda su banda se movían por el escenario me electrificó y preparó para lo que se me venía. (Btw, no lo aguanté)

A partir de aquí ya las cervezas (y el ron) me distrajeron, por lo que en vez de escuchar a Jessica Quijada terminé bailando en la carpa de música electrónica con otro par de amigos de la infancia que me conseguí en el camino.

YO CONTRA EL MUNDO

Encontré a Larry justo antes de que comenzará a tocar Recordatorio. Su presentación para mi fue genial. Su música me parece muy completa y creo que tienen uno de los proyectos más prometedores y originales del país, pero no se salvaron de varias críticas sobre lo aburridos que eran. Algunos no aguantan música tranquila.

A mitad de su éxito “Hormiga” mis piernas acusaron las 5 horas que llevaban sosteniéndome sobre la irregular arena. Fui al baño y perdí los papeles.

Al salir solo me movía mi fuerza de voluntad. Pero debo admitir que pensé en más de una oportunidad irme un rato o acostarme en la playa derrotado.

Cerró sin mucho más Recordatorio y dieron el tiempo para que yo volviera, esta vez con Larry a cazar ron en la carpa electrónica y perderme, como un idiota, a Luis Iran, a quien quería escuchar desde hace tiempo.

Volviendo para la presentación de Tripland ya me había perdido entre la gente y estaba solo. Buscando como un loco me encontré de nuevo a Alfredo sentado en la arena disfrutando la vista y la primera canción de la banda.

Tengo que decir que ya los había escuchado. Por lo que me esperaba lo mismo de sus toques anteriores: una banda interesante que había pasado por los bares de Lechería pero no me había enganchado por completo.

Por suerte me equivoqué completamente. 

Fueron mi presentación favorita de la noche. El material de su nuevo disco me hizo saltar como una fan enamorada y gritarle al oído a Alfredo cada 20 segundos “¡Qué bolas estos panas!”, quien me respondía sonriendo y asintiendo con la cabeza pacientemente como un amigo que sabe que tiene un borracho al lado (no lo estaba todavía).

Entre el funk y los bailes de “El loco” Alfieri, (cantante de Tripland) vacilé la banda sin despegarme hasta que terminaron con un cierre brutal que hizo a todo el mundo levantarse de la arena.

En ese break llegó mi hermana al festival y me permití aprovecharme de ella y rogarle que me comprara comida…

Fallamos. Solo vimos 4 canciones de Tomates Fritos, una de mis bandas favoritas, esperando una parrilla que nunca llegó. Terminamos comiendo unos wraps que probablemente eran buenos calientes, pero no lo estaban.

De ahí partí con mi hermana a buscar a mis amigos en la tarima donde iba a presentarse Rawayana.

Llegando a donde estaba el público encontramos a un amigo que nos ofreció unos jalones para pegarnos a la onda de la banda. Estaba listo para bailar “Ay ay ay”, pero no la tocaron. Igual disfruté.

Después de hacer un trabajo de recolección por fin estábamos todos juntos. Pero las piernas no me daban, por lo que la inercia me salvó el resto de la noche. Ya había gastado mis tickets de cervezas y había comido pero las 12 horas que llevaba en el lugar me pasaron factura. (I’M WEAK)

3 idas al baño y Caramelos de Cianuro estaba montado. Con un clásico detrás de otro dieron la mejor presentación que les he visto, y he visto demasiadas. El poder que tienen en escena los sigue haciendo relevantes sin importar el tiempo que llevan tocando. A pesar de esto, me quedé dormido de pie por media canción. Pero ese power nap, y la humillación de que me vieran 2 personas así, me dio la fuerza para aguantar hasta el final.

Salimos a las 4 de la mañana del Sunset Roll contentos de haber podido vivir ese festival tan increíble, esperanzados por lo que se puedan traer el año que viene y agradecidos con los organizadores que confiaron en el país para hacer realidad una idea tan brutal como esta. Es satisfactorio saber que existen personas que ponen las cosas en marcha y no se rinden cuando tienen un obstáculo, un problema o una situación país que los enfrenta. Me fui tranquilo y sin otra queja más que la de siempre: No estoy hecho para estas cosas. 

Caí rendido… hasta que me encontró la resaca.

Sunset Antonio

PEACE OUT!