La Luna: próxima cantera de recursos naturales

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Una mañana muy remota, varios años después de que un puñado de simios bajara de los árboles para caminar con sus espaldas erguidas, un hombre muy primitivo golpeó un par de piedras que terminaron convertidas en cuatro pedazos de roca cortante. Probablemente, desde ese día aquel hombre fue el sujeto más poderoso de su tiempo: Cazaba con aquella roca filosa, construía con aquella piedra cortante y, como suelen hacer algunos hombres poderosos, amenazaba de muerte a otros hombres. Aquel día la humanidad inventó la herramienta; aún más importante: conoció el poder de los recursos naturales.

De la piedra al bronce, al hierro, al acero, al petróleo, al uranio, al coltán. La explotación de los recursos naturales ha evolucionado al paso del genero humano. Pasamos de golpear un par de pequeñas piedras a labrar inmensos bloques de canteras, de cavar profundas minas de oro a taladrar el subsuelo en busca de petróleo. Nuestro impacto sobre la tierra es de tal magnitud que debimos inventar un nuevo nombre para nuestra era geológica: El Antropoceno. Según Reinhold Leinfelder, geólogo y palenontólogo investigador de la Universidad Libre de Berlín y de la Universidad de Múnich, desde el siglo XIX el hombre es el principal agente geológico, el factor dominante de la geología. Las huellas del hombre sobre la tierra quedaran muchos años después de que las ciudades desaparezcan. Leinfelder estima que el 90% de toda la biomasa, de todos los seres vivos, es originada por el hombre o por sus animales domésticos. Afirma que la actividad humana ha alterado el 75% de la superficie terrestre no cubierta por hielo. Sin embargo, ni el mismísimo polo norte ha salido ileso.

Así como lo fue el continente americano para los colonos del siglo XV, el ártico se ha convertido en un atractivo y desafiante cofre del tesoro: el 13% del petróleo y el 30% del gas natural que queda en el planeta se halla bajo su lecho marítimo, es una tierra rica en minerales esenciales para la tecnología y su territorio podría definir nuevas rutas para el transporte.

Claro está: si ya extraemos hidrocarburos junto a un oso polar, podemos afirmar que hemos llegado a los lugares más recónditos de la tierra buscando nuevas fuentes de riqueza. Ayer cruzamos los mares en busca de las piedras preciosas del Nuevo Mundo. Hoy nos abrimos paso entre el hielo para extraer el oro negro que duerme bajo el suelo glacial. Entonces, una pregunta es obvia: ¿mañana qué? Quizás la respuesta sobre el futuro se halle fuera de este planeta.

Picos de luz eterna: ¿una oportunidad de negocio en la luna?

Martin Elvis, astrofísico del Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics (CfA), considera que un vacío legal en el Tratado del Espacio Ultraterrestrepudiese permitir que empresas y Estados exploten los recursos naturales de la luna.

El Tratado del Espacio Ultraterrestre es un acuerdo internacional que regula la exploración y utilización del espacio exterior desde el año 1967. Fue realizado cuando los Estados Unidos y la Unión Soviética encabezaban la carrera espacial, ha sido firmado por 129 países y está supervisado por la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre. Elvis afirma que el acuerdo resultó de una interesante negociación de principios: el socialismo soviético demandaba la propiedad común del espacio mientras el capitalismo estadounidense pedía la libre exploración y utilización de los recursos espaciales. Como resultado, el acuerdo establece que no podemos adueñarnos de un cuerpo celeste pero sí explorarlo y utilizar sus recursos. En este sentido, su artículo primero reza: El espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, estará abierto para su exploración y utilización a todos los Estados sin discriminación alguna en condiciones de igualdad y en conformidad con el derecho internacional, y habrá libertad de acceso a todas las regiones de los cuerpos celestes.” En tanto, su artículo segundo establece que “el espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera.

Un agujero de gusano legal podría abrir el paso, no sólo a través de las estrellas, sino entre las regulaciones del Tratado del Espacio Ultraterrestre para sacar provecho de los recursos del espacio exterior. El tratado constantemente invita a la convivencia pacifica, más no contempla ni regula la actividad comercial. Este es un vacío legal que pudiese ser muy conveniente para aquellos que miran al cielo nocturno y ven una redonda y brillante oportunidad de negocio.

“Las cosas están cambiando muy rápido en el espacio. En los últimos 10 años ha habido una serie de estudios que nos permitieron saber que la luna no es sólo un lugar gris y polvoriento, con algunas montañas y algunas tierras bajas y alguna otra clase de cosa aburrida. En realidad, el territorio lunar tiene una gran diversidad de recursos, de concentraciones de metales o minerales particulares. Eso es muy interesante, científicamente, pero también significa que algunos lugares en la luna son más valiosos que otros. Solo pensemos en esos pequeños surcos que se encuentran en los polos lunares recibiendo permanentemente la luz del sol (los picos de luz eterna). Eso significa que puedes tener una fuente de energía casi continua.” — Estableció Martin Elvis en una entrevista para la Gazette News de la Universidad de Harvard.

La luna está casi perfectamente alineada en su órbita con el sol. Por lo tanto — mientras que los polos de la tierra suelen tener seis meses de oscuridad y seis mese de luz — hay ciertas regiones pequeñas en los polos lunares, algunos bordes exteriores de cráteres, que suelen estar iluminados por el sol casi constantemente. Ciertas hipótesis sugieren que dichos picos de luz eterna pudiesen servir para alimentar de energía solar, cual central eléctrica, a los artefactos y dispositivos necesarios para extraer los recursos de la luna.

Según Elvis, solo para colocar un radiotelescopio en el suelo lunar se necesitaría lo mismo que requerían los viejos televisores de nuestros hogares: un tramo alambre de cobre y una antena Dipolo, como las que solían hallarse en el techo de nuestras casas. Para el astrofísico del CfA, un inofensivo radiotelescopio podría convertirse en la piedra angular de una colonia sobre la luna. Así lo ilustra en el siguiente caso hipotético:

«Eso es un experimento perfectamente válido para la física solar — dice Elvis refiriéndose a la instalación de un radiotelescopio en un pico de luz eterna —. En el experimento, se estaría expuesto permanentemente al sol y aquello podría justificarse diciendo que se quiere aplicar las técnicas de análisis de Fourier y para ello se necesita una cobertura continua de luz solar. Entonces dirán: “Esto es maravilloso. Acabo de instalar una estación de investigación, como lo permite el Tratado del Espacio Ultraterrestre. Y estoy feliz de que venga a inspeccionar, como lo prevé el Tratado del Espacio Ultraterrestre. Ya sabrá  usted que no debe interrumpir mis operaciones, como lo establece el Tratado del Espacio Ultraterrestre, y tengo un alambre de cobre desnudo aquí, así que no traiga una radio, no traiga ningún equipo eléctrico, porque va a interferir con mi hilo de cobre y arruinará mis experimentos de física solar.” Eso significaría que usted no podría visitarlo porque no hay forma de andar por la luna sin equipamiento eléctrico. Por lo tanto, básicamente han tomado posesión efectiva y legal de la luna.»

El anterior caso hipotético sugiere como una empresa o Estado pudiese apropiarse del territorio lunar siguiendo la letra de la ley más no respetando el espíritu que inspira el Tratado del Espacio Ultraterrestre. Con base en este tipo de hipótesis y considerando el vacío legal que tiene el Tratado del Espacio Ultraterrestre en cuanto a la actividad económica, hay quien considera, como Ian Crawfordel, profesor de ciencia planetaria del Birbeck College de la Universidad de Londres, que “es necesario revisar el Tratado del Espacio Ultraterrestre y actualizarlo.”

Elvis resalta el hecho de que cada vez son mas las iniciativas y proyectos que desean y están cerca de viajar a la luna:

"Hace 10 años nadie estaba hablando de volver a la luna. Ahora, no sólo China y Japón planean una serie de misiones lunares, China acaba de anunciar que una de sus misiones desembarcaría en alguna parte del polo sur lunar (hogar de los picos de luz eterna). También hay empresas privadas, estimuladas por el Google Lunar X Prize: hay dos equipos que tienen vuelos de cohetes reservado para 2017, un equipo israelí y Luna Express, una empresa estadounidense. Y parecen estar considerando la posibilidad de enviar un módulo de aterrizaje a la luna por $50 millones, lo que es muy barato para los estándares de espacio.”

A medida que la explotación de los recursos lunares se convierte en una posibilidad plausible, va creciendo un debate sobre el uso ético de las materias primas ultraterrestres. En un artículo escrito para la BBC titulado ¿Quién es dueño del espacio exterior?, Yasmin Ali, Ingeniera Química de la E. ON Exploration & Productions, estableció:

“A medida que la población de la Tierra aumente y se requieran más materias primeras para mantener altos estándares de vida, podría decirse que es más ético y sensato ecológicamente explotar esos materiales en cuerpos celestes donde no haya hábitats ni biodiversidad, en lugar de seguir explotando este planeta.

Esto plantea otro problema: si la minería espacial se convierte en una realidad con compañías privadas como Planetary Resources y Moon Express, ¿contradirá su trabajo al Tratado del Espacio Ultraterrestre? ¿Podrán justificar que lo que están haciendo es para el beneficio e interés de todas las naciones y de la humanidad?”

Este es el tipo de interrogantes que tendremos que responder si queremos aprovechar nuestro satélite natural sin verlo reducido a polvo de estrellas. Sin duda alguna, aún queda un par de obstáculos que sortear antes de dar otro pequeño paso para el hombre y un gran salto para la humanidad.