El mejor teléfono en la historia de la compañía tuvo un giro fatal

Samsung estaba teniendo un buen 2016. Después de años de ventas en declive (aunque la compañía nunca ha dejado de ser el indiscutible líder de Android), la multinacional reportó un aumento de ventas y ganancias en su división móvil, hecho atribuido principalmente a la excelente recepción del Galaxy S7 y S7 Edge a principios de año.

De hecho, las cosas iban bien y se proyectaban aún mejor. El Galaxy Note 7 aparecería a finales de año, y se esperaba que Apple presentara un nuevo iPhone no solo con el mismo diseño del anterior (este año suponía un cambio más radical como hace la compañía cada dos años), sino también con una característica muy controversial: la ausencia de un puerto de auriculares. Este tal vez era el año en el que Samsung podría, sino superar a la competencia, al menos cerrar un poco más la distancia entre ambas.

Samsung reportó al menos 35 casos de accidentes con el Note 7

Los dos eventos se materializaron. Samsung lanzó el Galaxy Note 7 y recibió una excelente crítica por parte de la prensa. A su vez, el iPhone 7 apareció oficialmente justamente con las características que se habían anticipado: el mismo diseño y la ausencia del puerto en cuestión, noticia que por supuesto dejó fuertes opiniones en el público. Pero antes del lanzamiento oficial del iPhone 7, un desastre atacó a Samsung.

El Samsung Galaxy Note 7 puede explotar. Específicamente, es su batería la que puede explotar. A finales de agosto rondaban rumores de que la batería del teléfono era inestable y que la compañía planeaba un retiro masivo de todas las unidades vendidas. A principios de mes se confirmó la noticia: Samsung reportó que conocía al menos 35 casos de accidentes con el Note 7, y anunció el retiro oficial de todas las unidades en circulación, unas 2,5 millones para ser exactos.

El proceso de devoluciones ya empezó oficialmente en las regiones en donde se hizo disponible el modelo, y en aquellas en donde aún no había un lanzamiento oficial se produjo un retraso. Todos los que adquirieron un Note 7 pueden devolverlo (de hecho, se recomienda que lo hagan, es genuinamente peligroso) sin problemas, y la compañía ofrecerá un reemplazo nuevo con el error de la batería corregido. También da la opción de reemplazo con un S7 o S7 Edge e incluso ofrece pagar la diferencia de precio. Por último, una tarjeta de regalo de 25 dólares o un crédito para la línea telefónica por la misma cantidad.

El Note 7 será recordado por siempre como “el teléfono que explota”  

Es claro que la compañía está completamente en modo de damage control, y ha sido relativamente rápida y transparente con su reacción a la situación. Y realmente no le queda de otra: uno de los últimos reportes fue el de un Note 7 que se encendió en llamas en las manos de un niño de seis años, lastimándolo en el proceso. El Note 7 gozó de una fantástica recepción tras su llegada, y su proyección era muy positiva, pero el teléfono ya no tiene forma de volver intacto después de esto.

El punto es que este un hecho sin precedentes para Samsung, y seguirá siendo un desafío para la compañía durante las próximas semanas (esperamos que no ocurran más accidentes similares). Una vez pase la tormenta, sin embargo, el próximo desafío será mercadear correctamente un dispositivo que será recordado por siempre como “el teléfono que explota”. Samsung marcará explícitamente las cajas de modelos corregidos, pero sabemos que al final la percepción del público es lo que más importará.

Al tiempo que Apple pasaba por un año un poco plano gracias a un iPhone 7 algo simple y controversial, sumado al hecho de que la compañía experimentó el primer declive en ventas del iPhone recientemente. Samsung por otro lado pasaba por todo lo contrario: un año mejor que los anteriores, que terminó siendo probablemente el peor en varios sentidos.