El clásico de los clásicos

De las pocas cosas que te pueden hacer llorar, El Principito de Antoine de Saint-Exupéry se encuentra en esa lista. El cuento ha sido traducido a más de 303 idiomas y es uno de los más famosos en el mundo. No es una casualidad, detrás de sus líneas existen demasiadas enseñanzas de vida. Tal vez el error es que lo catalogan como una obra para niños, cuando verdaderamente se refiere a que es un libro para el niño que hay (O que hubo en algún momento) dentro de cada uno de nosotros.

En “La existencia abierta: Para lectores del Principito”, el venezolano Rafael Tomás Caldera muestra en su ensayo una forma más profunda de analizar este libro, una visión antropológica. ¿Suena interesante? O tal vez un poco confuso. Tomando en cuenta su perspectiva, quizá aquí hay unas cuantas cosas que no sabías.

El dibujo del Aviador cuando era pequeño

Cuando abrimos la primera página de este libro nos encontramos con un sombrero, que al final resulta no ser un sombrero… Y quizá por eso el libro te atrapa al instante. Tal vez ya conoces la historia. El Aviador cuando era pequeño dibujó una boa que se había comido un elefante. Los adultos (El autor así le gusta referirse a este tipo de persona) no lo comprendían y eran incapaces de ver lo que había realmente en el dibujo. Y el personaje muy frustrado abandonó para siempre su carrera de pintor. Seguro tú también abandonaste muchos sueños a esa edad por lo que te decían los grandes.

Lo que representa

El hombre a medida que va creciendo va perdiendo esa capacidad de ver más allá de las cosas. Lo vives cada día. En el ajetreo de la cotidianidad, te cuesta mucho detenerte a pensar lo bello de las cosas. Ves con los ojos y no con el corazón. Por otro lado, Rafael Tomás Caldera explica un término interesante para entender esto. Los famosos “lugares comunes”. Quizá no te suena por ese nombre, pero lo experimentas siempre. Te encanta hablar de fútbol o de moda, esas son las cosas que te gustan y tienes en común con otras personas, mas no hablas de por qué eso te agrada o cómo te sientes al respecto ante ese tema. Esa es la superficialidad que tanto critican. A las personas les da miedo mostrarse a otros como son verdaderamente. Y créenos, vivir así no es tan divertido, quizá el Aviador después de todo sí tenía una buena razón para frustrarse.

Enseñé mi obra de arte a las personas mayores y les pregunté si mi dibujo les daba miedo. —¿Por qué habría de asustar un sombrero?— me respondieron.

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Las preguntas del Principito

El Principito preguntaba de todo. Y nunca dejaba ir la pregunta hasta que le respondieran. Era insistente y sentía la necesidad de conocer.

Lo que representa:

De grande te sorprende la cantidad de preguntas que puede hacer un niño. Por qué esto, para qué aquello… Y pareciera que nunca se les acabaran las preguntas. Quieren saber las respuestas a todo. No es como ahora que se ha perdido esa curiosidad. Por si no lo recuerdas, y tus papás pueden corroborar esto, también hacías demasiadas preguntas de pequeño. La próxima vez que un niño te pregunte algo, tal vez deberías responderle.

Me costó mucho tiempo comprender de dónde venía. El principito, que me hacía muchas preguntas, jamás parecía oír las mías.

Los baobabs

Una de las frustraciones más grandes del Principito en el cuento. Al tercer día del encuentro entre ambos, el Aviador conoció el drama de los baobabs. Se creía que eran arbustos, pero más bien eran árboles muy grandes que había que atacarlos antes de que hicieran estallar el planeta por crecer tanto. El Principito todos los días se encargaba de arrancarlos, era su rutina.

Lo que representa:

Tus hábitos. ¿Son buenos o malos? Estos se adquieren por repetir una acción muy seguido. Una vez que te acostumbras, es difícil cambiar por mucho que desees hacerlo. Por supuesto que hay diferentes tipos de hábitos. Si todas las mañanas sales a caminar para mejorar tu metabolismo entonces es una virtud, pero quizá si todos los días después de desayunar te fumas un cigarro puede ser un vicio. Las acciones que realices te definirán. Por otro lado, el autor hace referencia a lo importante de la disciplina con la rutina del Principito, el ingrediente más importante del éxito.

Si un baobab no se arranca a tiempo, no hay manera de desembarazarse de él más tarde.

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Los otros asteroides

Los planetas principales: 325, 326, 327, 328, y 329... Todos ocupados por un personaje diferente. El Principito decidió visitarlos, pero se llevó unas cuantas sorpresas.

Lo que representa:

  1. El Rey: este personaje creía que era dueño de todo (Y la verdad es que no reinaba nada porque no había nadie en su planeta). Trataba al Principito como esclavo y le encomendaba tareas imposibles de cumplir. En pocas palabras, lo trataba como un medio y no un fin. Demostraba lo contrario a lo que explica Caldera, una existencia cerrada… El egoísmo y el interés solo por sí mismo.
  2. El Vanidoso: el Principito le hizo muchas preguntas, pero él solo escuchaba alabanzas. Es la superficialidad que existe en la sociedad de hoy en día. El egocentrismo viene de hace mucho tiempo.
  3. El Bebedor: este señor bebía para olvidar y hasta sentía vergüenza por ello. Ese guilty pleasure que te da pena admitir ante tus amigos… El Principito ya había hablado sobre eso.
  4. El Hombre de Negocios: este personaje estaba tan ocupado que ni siquiera se dio cuenta de que el Principito había llegado a su planeta. Trabajaba como loco para poseer estrellas y ser rico. La avaricia en su máxima expresión.
  5. El Farolero: su trabajo a diferencia de los otros al menos tenía sentido. Se encargaba de apagar y prender el farol. Sin embargo, lo hacía solo porque alguien se lo mandaba. ¿Cuántas veces haces algo y ni siquiera sabes el por qué?

"Las personas mayores son muy extrañas", se decía el principito para sí mismo durante el viaje.

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El desierto y las píldoras para la sed

En busca de una fuente de agua por el desierto, un comerciante quería venderle al Principito unas píldoras para saciar la sed. Él aseguraba que así se ahorraría mucho tiempo y podría hacer otras cosas más importantes. No estaba muy convencido y las rechaza.

Lo que representa:

El Principito prefiere ir despacio hacia la fuente porque quiere disfrutar como es debido el trayecto. Quiere descubrir lo bello del esfuerzo y además invertir ese tiempo para contemplar y pasar tiempo de calidad con el Aviador. ¿Cuántas veces no disfrutas lo que haces? ¿Cuántas veces quieres hacer algo por salir del paso y ya? Este libro te dice: haz lo que tienes que hacer, pero siempre aprovéchalo al máximo.

Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos —pensó el principito— caminaría suavemente hacia una fuente...

El legado de tres palabras

Quizá lo más importante de este libro, una de nuestras partes favoritas. Según Rafael Tomás Caldera, cuando el Principito se encuentra con el zorro este aprende varias lecciones de vida.

Lo que representa:

  1. Lo esencial es invisible a los ojos: una de las frases más célebres de este libro. Lo importante va más allá de lo superficial y no es fácil notarlo porque lo tienes que ver con el corazón. Para el zorro, los campos de trigo ya han tomado otro significado porque ahora le recuerdan a los cabellos dorados del Principito. Ahora ambos son amigos y existe entre ellos esa relación de afecto, una amistad. Para ti, tal vez una canción te gusta mucho porque te recuerda a alguien… Es así, pero no está a simple vista, eso solo lo sabes tú.
  2. El tiempo invertido con tu rosa es lo que la hace tan importante para ti: el tiempo que pasas con alguien vale la pena y da sentido a esa relación. Por eso la rosa era única para el Principito, indiferentemente si habían diez mil rosas más, la de él era diferente. El tiempo que pasas haciéndole un regalo de cumpleaños a tu mamá o dándole consejos a tu mejor amigo, ese es tiempo de calidad.
  3. Uno siempre es responsable de lo que ha domesticado: el zorro le explicó al Principito la domesticación que es básicamente crear lazos muy fuertes entre dos personas. Una vez que lo has hecho, aunque pase el tiempo o no estén físicamente juntos, siempre serás responsable. El Principito estará pendiente siempre del zorro y de su rosa. Ese gran amigo tuyo que se fue a vivir a otro país, es tu deber mantener esa buena relación.

—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

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Hay tanto de qué hablar sobre El Principito, que vale la pena leerlo y comentarlo una y otra vez. Esto es solo una parte. Si no lo has leído, pregúntale a tus papás que de seguro ya lo tienen y échale un ojo. Si ya lo has hecho, dale una segunda oportunidad y vuelve a leerlo. Tal vez ahora te conviertas en un fiel creyente de las boas traga elefantes tal y como nosotros.