Aunque ese control de verdad que era malo

El vigésimo aniversario del Nintendo 64 ya fue hace un tiempo. Específicamente, el 29 de septiembre, así que probablemente llego un poco tarde a la ola de artículos celebrando esta icónica consola. Pero no importa, todavía es 2016 y nunca es demasiado tarde para celebrar una de las partes más importantes de la niñez de cada niño y adolescente de los 90 (en mi caso, niño).

Podría escribir muchas cosas sobre el Nintendo 64, particularmente lo que significa para mí (spoiler: mucho). Eso es precisamente lo que me gustaría hacer, puesto que hablar objetivamente de esta consola no es algo fácil para mí. Era pequeño durante su ciclo de vida, y estaba demasiado ocupado como para observar cosas objetivamente más allá de simple asombro ante Ocarina of Time.

No tengo muchas opiniones fuertes y me avergüenza admitir que no estoy muy educado sobre la historia de la consola, más allá de saber que fue un relativo fracaso (aunque tuvo ventas modestas, fue un menor éxito que su antecesor). Lo que tengo son mis experiencias, y no encontraré pronto un mejor momento para compartirlas.

En vez de hablar simplemente de juegos, me pareció una buena idea hablar sobre los momentos que me marcaron en esta consola. Momentos que para mí fueron épicos en ese entonces, y lo siguen siendo todavía.

GoldenEye 007: el final de la primera misión

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Es gracioso que incluya este momento en la lista, porque de todos los juegos que tenía, GoldenEye era probablemente el que menos jugaba. La premisa adulta no era exactamente lo mío, y además me parecía muy complicado (no entendía inglés) y difícil de jugar. Esa es la razón por la que le dejé la tarea de pasar el juego a mis primos, algo que hicieron con mucho entusiasmo mientras yo observaba y abusaba de la opción de invencibilidad y cabezas gigantes.

Pero mientras he crecido y recordado esos momentos con mayor reflexión, me he dado cuenta de que lo que sentía por GoldenEye no era rechazo, sino intimidación; y por eso tal vez tenía cierta fascinación con él también. Debido a su dificultad (para yo de niño, al menos), era de cierta forma inaccesible, y eso lo hacía emocionante. GoldenEye cambió para siempre el género de los first person shooters, pero para mí también significó otra cosa.

Una vez que que pude lograr por mí mismo ver a James Bond saltar de esa represa al final de la primera misión, también me di cuenta por primera vez que no todo juego era demasiado difícil, después de todo.

Banjo-Kazooie: Game Over

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Me averguenza mucho admitir que nunca pude terminar el excelente Banjo-Kazooie o su igual-de-excelente secuela, Banjo-Tooei. Lo que puedo decir, no obstante, es que jugué ambos títulos hasta el cansancio y disfruté mucho de ellos.

Pero el momento que quiero rescatar en este caso se limita a Banjo-Kazooie, específicamente a lo que sucedía cuando obtenía un Game Over.

Ese video resultará muy simple para muchos de ustedes, pero para el yo de 7 años era una de las cosas más aterrorizantes que podía imaginar. Verán, la norma de perder un videojuego es simple: pierdes, te aparece una pantalla de Game Over y luego vuelves a intentarlo. Eso es todo. Hasta ese momento, mi pequeña mente no podía concebir más que eso.

Pero Banjo-Kazooie escogió un camino un poco más morboso, y optó por enseñarme lo que pasaba cuando fallaba mi misión: la bruja triunfaba y la hermana de Banjo se convertía en un horrendo monstruo. Estaba completamente aterrorizado de obtener esa escena, porque me enseñaba que a diferencia de lo que estaba acostumbrado, mi incompetencia sí tenía consecuencias, y sin ponernos muy filosóficos, todos sabemos que esa es una de las cosas más aterradoras que aprendemos en la vida.

Super Mario 64: todo

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Esta es probablemente la entrada más genérica de esta lista, pero repetir el asombro y la magia que Super Mario 64 nos dejó a los niños de esa época nunca puede hacerse las suficientes veces.

Para dar un contexto: antes de ver por primera vez este juego, mi comprensión sobre videojuegos se extendía a esto:

Luego fui a casa de un familiar que tenía un Nintendo 64 y de repente vi a un enano con bragas, un sombrero rojo y un bigote que se movía en un espacio como en la vida real, you guys. Y los cuadros en las paredes eran mundos en los que podías entrar. Y el tobogán tenía un camino secreto. Y si reunías todas las estrellas podías ir al techo del castillo. Y hey, ¿mencioné que se veía como en la vida real?

The Legend of Zelda: Ocarina of Time: los stalchildren atacan de noche

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Los stalchidren de Ocarina of Time no eran los enemigos más aterradores del juego. Ese puesto probablemente va para los ReDeads. Tampoco son los más peligrosos, muchos otros enemigos eran más difíciles de derrotar.

Aun así, estaba aterrorizado de ellos, porque era un niño estúpido, aparentemente.

Bueno, mis primos y yo, en mi defensa, teníamos mucho miedo. No sé por qué, pero el miedo que sentía cada vez que entraba a Hyrule Field como Link niño es una de las cosas que más recuerdo de este juego. Si no nos apresurábamos hacia el castillo antes de que se hiciera de noche y subiera el puente, pues bueno… Siempre estaba la opción de apagar la consola.

No fue sino hasta este momento, mientras escribo esto, que descubrí que puedes evitar a los starchildren si te mantienes en el camino.

Buena jugada, Nintendo. Buena jugada.

Mario Kart 64: el atajo en Wario Stadium

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En retrospectiva, Mario Kart 64 no es necesariamente una de las mejores entregas de la serie, pero sí definitivamente una de las más importantes. En mi caso, al menos, fue mi primer Mario Kart, y la forma en la que Nintendo ha vuelto a usar pistas de esta versión en nuevos títulos es muestra más que suficiente de su importante legado.

Mario Kart 64 es famoso por tener varios atajos en sus pistas (toda la serie, siendo honestos), y descubrir estos atajos era una de las partes más divertidas del juego. Uno en particular está justo al inicio de Wario Stadium, y da una ventaja tan excesiva que es ridículo seguir jugando para aquellos que no saben utilizarla.

Lo hermoso de este atajo (o no, dependiendo de cómo lo veas) es que es muy claramente un glitch, no un diseño intencional de la pista. Hasta ese momento, los errores en un juego probablemente no eran más que un fastidio para mí, pero Mario Kart 64 me hizo ver que muchas veces pueden tener resultados muy divertidos (¡e injustos!)