Para Estados Unidos y para el resto del mundo

Pues listo. Donald Trump ganó la presidencia de Estados Unidos, y cuando asuma el poder en 2017 finalmente comprobaremos que sí, estamos viviendo en the darkest timeline. Felicidades, Estados Unidos. No es secreto que muchos estaban descontentos con ambas opciones, pero créanme cuando les digo que acaba de ganar el peor de los dos males. Americanos: acaban de escoger a un déspota como Trump para que gobierne su país (que casualmente, es el más poderoso del mundo). En Venezuela desgraciadamente tenemos bastante experiencia, y créanme, no quieren saber el final de esa historia. Aunque también es cierto que, a diferencia de nosotros, sus instituciones funcionan. Así que no anticipo nada apocalíptico, al menos. En fin.

La victoria de Trump será de lo que todo el mundo hablará durante la próxima semana, sin duda, y ahora veremos llegar la ola de personas analizando lo que esta victoria significará para Estados Unidos. Muchos otros sitios analizarán temas más importantes, así que por ahora no está de más hacer un repaso sobre el estado del internet norteamericano.

El tema de la infraestructura del internet en Estados Unidos es uno bastante serio que está en uno de sus momentos más críticos. Ya hemos hablado un poco antes sobre la neutralidad del internet, pero solo en el contexto de Netflix en ese caso. Para los que no saben exactamente qué es la neutralidad del internet, cabe una pequeña explicación. En términos muy simples, se trata básicamente de un principio que establece que el internet, en su estado ideal, es un portal de libre acceso y neutral ante todas las peticiones de quienes lo utilizan.

Eso quiere decir que no hay privilegios entre páginas o servicios. youtube.com siempre utilizará la misma velocidad que vimeo.com, por ejemplo, y Netflix será igual de veloz que Hulu. Ninguno de los proveedores podría bloquear acceso a ningún servicio o página tampoco, o beneficiar a algunos sobre otros. Esas son solo algunas de las implicaciones que la neutralidad del internet contempla. Basta con decir que, en el peor de los escenarios, Estados Unidos podría enfrentarse a un mercado en donde los proveedores de internet ofrecen “paquetes” similar a como funcionan los servicios de cable. Está de más decir que nadie quiere eso.

¿Qué hubiese pasado con el internet si Hillary hubiese ganado? La respuesta corta: no mucho. Desafortunadamente en vista de su derrota, Clinton era una partidaria del principio, postura que compartía con Obama, quien se declaró firmemente a favor de la neutralidad durante su presidencia. Esto es en un claro contraste con el partido republicano, que está completamente en contra de la propuesta, argumentando que las regulaciones perjudicarán a las compañías del sector y les impedirá “innovar” o hacer cualquier tipo de avances con la tecnología. Y adivinen quién domina el gobierno ahora.

Porque el tipo nunca supo cómo parecerse más a un villano, Donald Trump, por supuesto, está en contra de la neutralidad del internet. Aunque uno de los pocos argumentos que hizo al respecto no tenía mucho sentido (creía que la neutralidad llevaría a “la censura de la prensa conservadora”... lo que sea que eso signifique), su postura es al menos clara. A diferencia de Clinton, Trump nunca tuvo una propuesta propia sobre el tema, ni elaboró sobre su rechazo hacia él.

Aunque no sabemos los detalles específicos, esto es preocupante porque el ascenso de Trump al poder, sumado a la presencia republicana, podría poner un freno (o peor aún, una total regresión) a las propuestas hechas por Tom Wheeler, el presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC en inglés) de Estados Unidos, el ente que se encarga de evaluar y aplicar estas regulaciones. Bajo Wheeler y durante este último período de Obama, la FCC ha sido firme con sus intenciones de preservar la neutralidad: su mayor jugada es reclasificar a las compañías bajo la misma sección en la que se encuentra el servicio de teléfono; un prospecto que aterroriza a estas compañías, pues le permitiría a la FCC dar libre acceso a todos los ciudadanos e incluso fijar los costos del servicio.

En cuanto a neutralidad del internet se refiere, con Hillary podíamos esperar más o menos lo mismo que vimos con Obama. Con Trump todo es un poco más incierto, aunque su rechazo de pasada ciertamente es preocupante. Por ahora, la FCC seguirá persiguiendo las mismas metas, y en teoría debería poder hacerlo en vista de que es una comisión independiente. Pero el peso del poder podría resultar mucho al final, y me temo que las cosas son ahora menos favorables para conseguir esa neutralidad ideal. Un modelo que por desgracia el resto del mundo podría seguir.