Y no, aún no hay carros voladores

Imagen: World Economic Forum

No somos la única generación que se ha planteado como interrogante qué ocurre en el mundo. Es esa pregunta la que nos ha dirigido a la realidad como la conocemos ahora. A veces se siente como si cada vez que parpadeamos hay una nueva noticia/invento/problema/solución. El mundo avanza muy rápido y es difícil seguirle el ritmo.

Lo que significa un segundo para nosotros, la actualidad lo transforma en mil oportunidades, a veces buenas y a veces no tan buenas. Y aunque podría pasar horas escribiéndoles sobre todos los cambios ambientales, situación Trump, millennials o intercambios políticos; hay algo más grande que nosotros (literalmente) que crece tan rápido que no nos damos cuenta de que está pasando.

Desde pequeña me imaginé el futuro en forma de carros voladores y robots gobernando al mundo (lo que ahora no parece tan alejado de la realidad). Pero realmente nunca consideré que:

  1. Nosotros podríamos llegar a ser robots
  2. Que aún en el 2016 no tenemos carros voladores (lo sé, es decepcionante)

Ya que escribir mis quejas sobre la ausencia de carros que se manejan solos en el cielo gracias a la luz solar nos llevaría a un punto sin salida, me toca enfocarme en la parte positiva de la evolución humana.

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“Un robot es una entidad virtual o mecánica artificial.”

La idea de “seres humanos” está asociada a un concepto natural y no intervenido por el hombre. Puedo apostar a que tu versión no incluye partes de robot en la humanidad. Pero, prepárate porque viene la parte intensa del artículo: eso está cambiando. Nuestros cuerpos pueden ser tan high-tech que será difícil distinguir entre lo natural y lo artificial. Y no me refiero en un futuro, sino ahora.

La Cuarta Revolución Industrial: ¿Superhumanos?

Para entender la magnitud de este movimiento, es necesario volver a las primeras revoluciones. La Revolución Industrial hizo su primera aparición cuando las personas descubrieron que la máquina de vapor podía hacer un montón de cosas interesantes, que después la electricidad se encargó de mejorar, para más tarde perder el premio de primer lugar contra las computadoras, celulares y todo tipo de tecnologías comunicativas.

Si hay algo que todas tuvieron en común, además de la evolución, es que las tres se quedaron en tecnologías externas al ser humano. Caso contrario de lo que estamos viviendo actualmente. Lo que llamamos Cuarta Revolución Industrial es una mezcla del sistema físico y biológico, con lo digital. En palabras de Klaus Schwab, fundador del World Economic Forum, una de las características más importantes es que esta revolución “no cambia lo que estamos haciendo, sino que nos cambia a nosotros mismos”.

Antes, la meta principal era sobre nuestras acciones y la modernización de nuestro entorno; ahora el principal motor es mejorar nuestras condiciones de vida empezando por nosotros mismos. Si, aún queremos ser más efectivos y productivos, pero no gracias a una máquina de vapor, sino por las habilidades personales. Obviamente, eso no se traduce a que no habrá inventos nuevos o que nos despediremos del carro volador, sino que al contrario, no encabezará nuestra to do list.

Y si hay alguien que debe tomar el protagonismo por esto, es nuestro cerebro (yep, la masa gris dentro de tu cabeza). Desde que las tecnologías se han enfocado en descubrirlo, conocer cómo funciona y qué lo estimula, nos ha dado una idea clara de qué debemos buscar para maximizar el bienestar humano. En pocas palabras, aparatos como el EGG technology nos dan acceso a la actividad cerebral para descubrir realmente cómo el ser humano quiere vivir según los ups and downs que experimenta el cerebro.

Sin embargo, saciar nuestras necesidades también va de la mano con la creación de más inventos y tecnología artificial, que según las predicciones, para el 2020 ocasionarán más de 7 millones de empleos perdidos y 2 millones ganados. En conclusión, 5 millones de trabajos no necesitarán de los seres humanos para realizarse.

Así que es inevitable no cuestionarse el impacto de la Cuarta Revolución Industrial en el trabajo. Porque ¿qué significan estos cambios para nosotros?. Somos la generación que basa su vida en la tecnología, aún cuando esta nos quita nuestros futuros trabajos.

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Antes de que tengas una crisis existencial, no hay nada de qué preocuparse. Porque aun cuando perdemos mano de obra ante robots, la ciencia nos da más oportunidades. La educación que obtenemos a manos de los avances tecnológicos va más allá de lo que perdemos por ella. Nos facilita un crecimiento equitativo en un mundo que está dispuesto a aprender. Cuando niños de 12 años diseñan apps o alumnos de tercer grado crean robots, nos damos cuenta que dejarlos ver videos en YouTube puede hacer una diferencia en su desenvolvimiento, a veces sin necesidad de asistir a la Universidad para convertirse en magnates de la tecnología.

Esta revolución tiene el potencial de convertirnos en superhumanos no solo por las capacidades que nos aporta, sino porque realmente podemos tener partes robot para combatir las discapacidades. Tan simple como el caso de las personas paralíticas, los que tuvieron una nueva oportunidad al momento en que Mark Pollock pudo mover sus piernas robóticas voluntariamente gracias a simuladores eléctricos que estimularon su sistema nervioso directamente en la espina dorsal.

Mark Pollock. The Times/Jude Edginton.

Mark Pollock. The Times/Jude Edginton.

Y como si esta ola no causará suficientes avances, la Cuarta Revolución Industrial es la respuesta que necesitábamos para la libertad de expresión. Todos los análisis que se llevan a cabo para entrar, literalmente, dentro de nuestras cabezas tienen como fin averiguar nuestros pensamientos. Y una vez que eso se logre en su totalidad, los razonamientos que a veces callamos podrán cambiar los puntos de vista de las masas.

Con tantos cambios al mismo tiempo, los expertos se han adelantado para redefinir lo que significa ser un ser humano, en términos sociales, de trabajo y tecnológicos. No se trata sobre clasificar de buenos o malos estos cambios, sino sobre aprender a utilizarlos a nuestro favor, con carros voladores o no, las innovaciones de la Cuarta Revolución Industrial están aquí y es nuestra decisión si queremos formar parte del mañana.

Por supuesto, no todo está perdido. Puede que aún no tengamos carros voladores, pero al menos ya existen carros que se manejan solos. We are one step closer

Este artículo fue escrito por Cindy González