“Menos es más” nunca ha sido tan cierto

No es secreto que vivimos en una especie de época dorada de la televisión norteamericana. Nunca antes han habido tantas series tan buenas al mismo tiempo, y el mundo es indiscutiblemente un mejor lugar por ello. El nivel es altísimo.

Pero esa realidad no siempre ha sido tan evidente para mí. Mi conciencia televisiva no empezó a formarse sino hasta finales de los 90, y cuando terminaba la década pasada, que cambiaría para siempre con series como Breaking Bad, yo ya era algo grande pero aún incapaz de apreciar mejor las cosas.

No me malentiendan: eso no significa que antes de este momento las series de televisión eran completamente inservibles. Pero definitivamente sí hubo un impulso considerable en calidad, tanto a nivel de producción como a nivel creativo.

  No es secreto que vivimos en una especie de época dorada de la televisión norteamericana  

Esta revelación llegó a mí en parte porque he estado haciendo un rewatch de Gilmore Girls, a propósito de su regreso, y ha medida que he avanzado las diferencias entre ambas épocas se han vuelto más marcadas en mi mente. Por supuesto, Gilmore Girls es una excelente serie y una sola serie, pero ilustra muy bien una de las cosas que menos extraño de esa época: la longitud de las temporadas.

Las series de televisión se han beneficiado de muchos cambios, como mayores valores de producción y direcciones artísticas mucho más sofisticadas. Pero un simple cambio al formato ha hecho maravillas para el medio también.

En la época de Gilmore Girls y Lost, las temporadas consistían casi exclusivamente de 22 episodios, a veces uno o dos más (o menos). Ese era el número de episodios necesario para mantener una serie durante un año completo, y era un estándar que muy pocos se atrevían a desafiar. Para los espectadores era un número sagrado: 22 episodios es muchísimo, especialmente para dramas de una hora de duración, así que sabíamos que cuando teníamos una temporada completa por ver, teníamos mucho disfrutar.

De hecho, recuerdo distintivamente cuando, durante la huelga de escritores de televisión, la longitud de muchas temporadas se vio perjudicada como consecuencia. Ese año vimos muchas series pasar de 22 episodios a 15, 13 o incluso menos, y para mí fue un completo horror ver que de repente debía enfrentarme a mucho menos contenido del que esperaba.

Ahora, en cambio, las mejores series de la televisión cuentan con temporadas de 13, 10 o incluso menos episodios. El más reciente éxito de Netflix, Stranger Things, apareció con una temporada de tan solo 8 episodios, un formato aplaudido por muchos, incluyéndome, porque le dio a la show un enfoque fantástico y rara vez presente en series de televisión en contraste a películas, por ejemplo, debido a obvias razones.

  ¿Se imaginan si Game of Thrones tuviera 22 episodios al año?

Las temporadas cortas son una causa directa de la calidad superior que está experimentando la televisión norteamericana porque los productores de un show no solo pueden darle a sus historias un enfoque mucho más conciso, como en el caso de Stranger Things, sino que además pueden controlar el ritmo de la historia de forma mucho más eficaz, y pueden trabajar con un presupuesto mayor para cada episodio, lo que eventualmente da paso a esos mejores valores producción que ya mencioné, que incluyen puntos como actores más celebrados.

¿Se imaginan si Game of Thrones tuviera 22 episodios al año? La serie tendría que distribuir ese mismo presupuesto a un mayor número de episodios, lo que significaría mucho menos dinero por cada episodio, y eventualmente las tomas lejanas de King’s Landing podría ser sustituidas con Legos... o algo así. La decisión de los creadores de reducir el número episodios de las últimas dos temporadas de repente no es tan alocada.

Como punto final, nunca me canso de expresar uno de los mayores conflictos de mi vida: hay demasiadas cosas y no puedo verlas todas. Las temporadas cortas resultan en mejores series, pero también en maratones mucho menos propensos a fatiga por parte de los espectadores, incluyéndome. En un mundo donde nunca podré terminar de ver todo lo que quiero ver, eso definitivamente ayuda.