Horrible. Es horrible

Hay pocas cosas tan frustrantes en esta vida como tener una mala conexión de internet. Y aun así, es un estándar que los venezolanos definitivamente no hemos aceptado, pero con el que debemos vivir sin opción a réplica. Nuestro país tiene una profunda crisis en prácticamente todos los aspectos posibles. Muchas crisis que definitivamente son más importantes que un grupo de millenials quejándose porque no pueden cargar sus historias de Snapchat. Pero hey, el descontento está ahí. Y es bastante palpable.

Después de todo, lo de nuestro internet es un tema que incluso medios internacionales han cubierto en el pasado, y que sigue demostrando eso que hacemos de estar de últimos en las listas de todas las cosas del mundo (el Miss Universo no es nuestro único talento, ¿ok?). Nuestra media de velocidad de 1,9 mbps es la más baja de América Latina, y las razones por las que estamos en esta situación no son ningún secreto.

Ese video no podría explicarlo mejor, así que dejaré la clase de historia a Jesús Roldán, para los más curiosos. Sin embargo, lo que no te dice ese vídeo es cómo se vive con un internet así. Porque la media de velocidad más baja de América Latina no es todo el espectro. Si eres extranjero, esto probablemente te parecerá algo curioso, como cuando te preguntas “¿cómo vivían los cavernícolas?”. Y si eres venezolano, tal vez encuentres un poco de desahogo en estas palabras, y te pido perdón por haber puesto ese video, que probablemente no podrás cargar.

No solo se trata de velocidad, sino de inestabilidad

A diferencia de lo que muchos afuera podrían creer, el problema con el internet en Venezuela no tiene que ver solamente con la velocidad de nuestras conexiones. Si todos tuviéramos 1,9 mbps garantizados constantemente, las cosas serían mucho mejor. En cambio, aunque en teoría tenemos opciones para mayores velocidades, la realidad es que resulta inconsistente y volátil. Un día puedes tener una velocidad bastante decente, cercana a lo que en realidad estás pagando. Pero la mayoría del tiempo no te irá tan bien. Y no es raro que tu internet se pasee por 1 mbps.

A nivel comercial (es decir, para consumo en hogares), la mayor velocidad que las compañías en Venezuela han ofrecido es 10 mbps. Pero ninguna oferta en la historia de la humanidad ha sido tan engañosa. Nunca hemos tenido esa opción en mi casa, pero conozco a muchas personas que sí. La realidad es que pasan más de la mitad del tiempo con conexiones igual de terribles que el resto de los mortales con planes de 1,5 y 2 mbps. Hay gente con mejores experiencias, y otros con cuentos de horror. A veces escuchas cómo algunas zonas tienen mejores conexiones que otras. Pero luego experimentas cosas totalmente diferentes. Por ejemplo, es un consenso el hecho de que Caracas, la capital del país, usualmente goza de mejores conexiones que el resto de la nación. Y sin embargo, ahora mismo tengo una mejor velocidad de la que jamás tuve de cuando viví en Caracas.

El punto es que vivimos constantemente con la incógnita. Todo es incierto e inseguro. Cada vez que tu laptop no carga una página o se dejan de enviar los mensajes de WhatsApp, rezas porque el problema sea el router y no “la calle”, como decimos. Y es porque los episodios en donde duras días o semanas con el internet en 0,4 o 0,5 mbps son muy comunes. Pero probablemente te preguntas, “¿por qué no reclamar?”. Y es porque...

Estamos a merced de las compañías (y ellas del gobierno)

Lo que hay que entender sobre nuestro internet es que se trata de un síntoma más de un país que, honestamente y sin eufemismos, se está cayendo en pedazos. Esperar que el internet en Venezuela mejore es lo mismo que esperar a que se solucione la economía del país, o esperar que la instituciones vuelvan a funcionar. De nuevo, el vídeo de arriba es el mejor resumen posible respecto a esta situación, y también da un contexto de por qué no podemos hacer más nada que resignarnos a vivir con esto.

Aquí hay dos principales compañías que proveen internet a los hogares: Cantv e Intercable. Existen otros proveedores con distintas operaciones, pero estos son los dos principales. Cantv le pertenece al gobierno, y como todas las cosas que toma, no es más que una extensión de su brazo político. La compañía es una completa basura, y tratar de lidiar con ella en cuanto a reclamos y atención al cliente es un chiste. Los malos servicios con proveedores de internet son probablemente una ley universal (Estados Unidos ciertamente tiene experiencia en el campo), pero nuestro caso es mucho peor por dos razones. Primero, en el fondo sabes que nadie podrá solucionar nada porque el problema es mucho mayor que un cable que dejó de funcionar en tu cuadra. Y segundo, porque no tienes otra opción más que quedarte. Cuando viví en Caracas, pagué por internet de 4mbps por más de un año, pero nunca obtuve una velocidad mayor a 1,8 mbps. Mis reclamos y numerosas llamadas no fueron oídos, y al final me resigné.

Inter es una compañía privada, pero en vista de que su funcionamiento depende de la plataforma instalada por Cantv (la única que puede hacerlo), el resultado es exactamente el mismo.

Aprendes a llevarlo

Cuando no hay forma de cambiar las cosas, la única solución es adaptarse. Por eso es que los venezolanos hemos llegado a acostumbrarnos al internet que tenemos, y creamos hábitos particulares de acuerdo con esas limitaciones. En mi caso, las madrugadas son una salvación, porque el internet suele ir mucho mejor a esas horas, debido a lo que asumo que es un menor tráfico de usuarios.

Las madrugadas son fantásticas en general, porque la mayoría de mis descargas las empiezo antes de ir a dormir. De esa forma, al despertar están listas, o al menos cerca de estar listas. Archivos pesados como videojuegos y películas suelen tomar más de un día, sin embargo. Creas ciertos hábitos curiosos generales, particularmente mientras navegas la web, en donde es normal que crees un sistema en donde alternas navegar con otra tarea, de forma que no te quedes “esperando” por la página. Esto es más común a la hora de cargar un vídeo, porque…

No, en serio, ver videos es una pesadilla

Hay una experiencia más o menos universal, en donde ves un vídeo gracioso y se lo enseñas a un grupo de amigos, pero a nadie le parece tan cómico como a ti. Es un trope recurrente en nuestras vidas. En Venezuela, una experiencia más relacionable sería esa en donde pretendes enseñarle un video a tus amigos, pero todos se quedan esperando a que cargue, cosa que jamás hace (o peor, se detiene constantemente). Quiero dejar algo claro: ver vídeos en Venezuela es completamente posible y normal. Pero es una experiencia ligeramente traumática.

El problema con los videos es que son una parte fundamental del internet. Indispensable, incluso. Lo horrible de ver videos aquí es que, si bien usualmente logran cargar, no sabes cuándo será la próxima vez que no lo harán. Hay pocas cosas tan frustrantes como querer ver un video en YouTube, solo para encontrarte con que no cargan bien. Es como una función extraordinaria que viene y va. Cuando no la tienes, te das cuenta de lo imposible que es vivir sin ella. Ahora mismo, puedo ver videos incluso en alta definición (algo digno de alardear aquí), pero justo ayer tuve uno de esos días críticos en donde YouTube se colocaba por defecto en 144p. Imaginen eso.

Ni siquiera me hagan empezar con Netflix, que resulta mucho peor por el hecho de que es pagado. En Venezuela tenemos Netflix, pero el pago es en dólares. Y para nosotros, la palabra “dólar” es como decir “Voldemort”. Aun así, la cantidad de personas que tiene Netflix aquí (al menos en mis círculos) es bastante sorprendente. Pero me resulta una pequeña tragedia saber que hay gente que gasta 10 dólares al mes para ver series y películas en 240p.

Censura, control, y teorías conspirativas

Tomando en cuenta que Venezuela está bajo una neo dictadura represiva en donde se viola constantemente la libertad de expresión y el gobierno controla directamente nuestras conexiones a internet; es inevitable que la censura que ejerce la autoridad también se extienda al ámbito digital. El caso más prominente fue durante las protestas de 2014, en donde el gobierno no solo censuró hasta tweets, sino que también dejó sin conexión a un estado completo. Básicamente, tienen el control. Y no es secreto que han ejercido ese poder cuando lo han considerado necesario.

Las instancias de censura han seguido desde entonces, aunque con la atención de los medios en otras cosas, es difícil seguirle el rastro. Adicional a la innegable censura, también tengo mis propias teorías sobre las conexiones en sí. Miren este video (no me animo a adjuntarlo aquí directamente porque el lenguaje es un poco... eh, "coloquial").

Si no pueden verlo, el resumen es este: un hombre que explica que a pesar de pagar una supuesta conexión de 10 mbps, en realidad recibe algo más cerca de 1 mbps. Luego de ir a Cantv, llevó a su casa un nuevo módem que le cedió la compañía, pero no consiguió nada. Luego volvió por un segundo y un tercer módem que tampoco funcionaron. No fue sino hasta que cambió por un modem propio (no de Cantv) que su conexión mejoró exponencialmente a más o menos por lo que sí estaba pagando.

El video deja varias preguntas, pero la primera que me hago es: ¿Está Cantv limitando nuestras conexiones a propósito con sus módems? Es una verdadera teoría conspirativa, y no tengo ningún tipo de evidencia para apoyarla. Pero tampoco me resulta difícil de creer, en vista de que la plataforma del país no puede soportar la demanda de los usuarios. Lo digo con cierta convicción, porque yo mismo pude comprobar que comprar un módem externo aumenta considerablemente la velocidad.

Los datos móviles son mucho más estables y veloces, pero “¡OH NO MIS MEGAS!”

Hay muchas ironías absurdas en nuestro país. Y una de ellas es que las velocidades de redes móviles son miles de veces mejores que las fijas. Idealmente, tomaríamos resguardo en ellas, y de hecho es algo a lo que debemos recurrir constantemente. El único problema es que los planes móviles, a diferencia de los fijos, están sujetos a límites de consumo de datos. Y si dependiéramos de ellos al 100%, nos encontraríamos la mitad del mes sin internet.

Cabe destacar que soy de los más afortunados en este momento (aunque he sufrido en el pasado infinitamente). Ahora mismo pago por una conexión de 4 mbps, un número al que afortunadamente me acerco con cierta regularidad (3,5 mbps). Sin embargo, la mayoría del tiempo en realidad solo tengo unos 2 mbps. Es literalmente la mitad de lo que debería tener. Aun así, me siento tan afortunado de tener esa velocidad en primer lugar, que jamás se me ocurriría hacer ningún tipo de reclamo. Procesen eso: estoy alucinando de felicidad porque tengo la mitad de lo que en realidad debería tener. Mi teléfono, en cambio, arroja muchísimo más, pero no puedo usarlo por el consumo de datos.

Es una de las muchas ironías con la que vivimos aquí.