Sí, el español neutro es horrible

No te lo vamos a pelear

El idioma también es un asunto de mercados. La industria audiovisual está al tanto del tema, y un ejemplo es el llamado castellano neutro. Sus defensores lo definen como un conjunto de sistemas lingüísticos universales de la comunidad hispanohablante; esto ha despertado críticas, hasta el punto de llamarlo un intento artificial de crear nuevas formas con fines comerciales.

Tales manifestaciones son parte de un extenso debate: ¿Se trata de un invento de los mass media para ampliar sus productos? ¿O la región necesita una estandarización para competir en la globalización?

Fue en la década de los 50’s y 60’s cuando México era una de las potencias del cine en Latinoamérica. Su cercanía geográfica con Estados Unidos, gigante de la industria, estimularon relaciones comerciales entre ambos países, produciendo paulatinos cambios para la sociedad mexicana. Ese foco fue extendido al resto del continente, convirtiéndolo en una referencia cultural para los demás.

El idioma no fue una barrera gracias al doblaje, sub-industria que nació durante 1931 en Francia. Posteriormente, las películas animadas de Disney en España se convertirían en un atractivo masivo para la época. La demanda y conquista de nuevos mercados implicó doblarlas de forma inteligible para el hispanohablante. Sin embargo, se llegaron a utilizar acentos de otros países por medio de personajes específicos, ocasionando que Disney abandonara el proyecto “neutro” para adaptarse solamente al público español.

La industria mexicana aprovechó tal escenario para hacer lo mismo pero con el resto de Latinoamérica. La primera película doblada a “lo mexicano” fue en 1941. La televisión también se empoderó a través de telenovelas representadas por actores de diversos países. Era común ver chilenos, mexicanos, o venezolanos interpretando papeles de familiares. Nada creíble para el público. Por eso, los productores decidieron darle vida a un castellano menos regionalizado y más amplio.

Al transcurrir los años, esta idea cobró fuerza en otros países. En el 2013, el Gobierno de Argentina reglamentó una ley que obliga a las empresas del entretenimiento doblar películas y series extranjeras al castellano neutro. La entonces presidenta, Cristina Fernández, advirtió que, si no se acataban los artículos de la orden, la multa sería inevitable.

Otro caso relacionado al español neutro es el de Venezuela, país conocido en el ámbito internacional por ser exportador de telenovelas. En producciones como Entre tu amor y mi amor, Mi ex me tiene ganas, La mujer perfecta, y La viuda joven, se percibe el intento de hablar “bien” con el fin de exportarlas, pero solo se recuerdan por la novedad de incluir una manera poco habitual de hablar.

Los defensores de este sistema afirman que no se trata de un idioma natural. Incluso lo consideran el lenguaje de la globalización, eliminando modismos, aforismos, y expresiones típicas de un determinado país. Pero hay otros personajes de la televisión y el cine que presentan características arquetípicas representativas de lo local. Por ejemplo Burro, de la película Shrek, no deja de expresarse como un mexicano común, cuando la voz original es la de un afroamericano. Y sin embargo, la película fue vendida con el disfraz de “neutro” a todos los latinoamericanos.

Según esta lógica, debería haber un abanico de otros protagonistas de características socio-lingüísticas a las de un venezolano, chileno, o argentino. Esto deja claro que la industria mexicana no logra despegarse de sus valores culturales individuales. Al menos, no en su totalidad. La dosis de nacionalismo también forma parte de la contradicción. Es como el político socialista que pregona sus valores, pero cuenta con capitales de empresas privadas.

¿Se trata de equivalentes o adaptaciones? Esta pregunta permite replantear el concepto según sus creadores, quienes forman parte de una clase social y su visión del todo. Están en la capacidad de vender conceptos según cómo lo perciban. Así se interpretan unas declaraciones de Eugenio Cobo, director de Televisa, compañía reconocida por sus producciones exportadas. Explicó que el acento ideal es “el español citadino” de la capital mexicana, más no el que se habla en los barrios de la misma ciudad.

Los estereotipos también son un factor clave, pues el cine y la televisión se encargan de reproducirlos para que el público se identifique con ellos. Nunca falta el habitante de una comunidad que hable “mal” el idioma. Ese personaje no es merecedor de ser interpretado bajo los esquemas de lo neutro.

La nueva era se caracteriza por la libertad de elegir. Esta característica se presenta en la teoría comunicacional Usos y gratificaciones, donde el receptor no es pasivo al momento de seleccionar su producto a consumir. Como el fin último de los mercados es expandirse, se vale de tal idea para justificar la banalización de una sociedad.

Es cierto que en el lenguaje hay puntos de encuentro por medio de la lengua. El caso latinoamericano es difícil porque proviene de una mezcla racial y cultural. Sin embargo, hay palabras adecuadas para el entendimiento universal que no dejan de lado la raíz. Ningún país habla el mejor español del mundo.