“¿Te acuerdas esa vez que pasé toda la fiesta cuidándote en el baño?”

Empezaremos este artículo con un quote famoso:

"You don’t really truly know someone until you get ridiculously drunk with them”

Y casi como una ley, esa frase se cumple a la perfección cuando vas a una fiesta con tus amigos, hay mucho alcohol, y terminas cuidando al que se pasó de tragos… O en el peor de los casos, ellos te terminan cuidando a ti.

Indiferentemente de cuál sea el caso, existen algunos escenarios en el itinerario de un borracho que siempre van a ocurrir. Recopilando aquellos momentos que se repiten constantemente en este tipo de situaciones, aquí hay varias etapas por las que pasa cualquier ebrio.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Etapa 1: ¡Soy invencible al alcohol!

O al menos, eso pareciera. Al comenzar la fiesta, crees que el alcohol no va a hacer efecto tan rápido. Pero después de mezclar, tomarse uno de ron, otro de vodka, y no se cuántos shots, te das cuenta que es bastante difícil no ser inmune.

Aunque todavía no hay mucho de qué preocuparse, este es solo el comienzo de una noche donde alguien terminará bailando encima de una mesa y otro cuidando que nada se salga de control.

Etapa 2: Bailar con el vaso en mano

Después de unos cuantos tragos, el alcohol te dice: "Trust me, you can dance". Y aunque tengas dos pies izquierdos, la adrenalina te hace tomar la pista como nadie. Tal vez porque el alcohol te quitó la pena o porque tu subconsciente te obliga a sudarlo. Tendrás un vaso en la mano del cual tomarás un poco de vez cuando, y lo levantarás cada vez que el DJ te ponga una canción que te guste.

Nuestra recomendación: Si eres el amigo que tiene que cuidar al ebrio, y no quieres terminar emparamado de cuba libre, mantén tu distancia.

Etapa 3: Negación

“No estoy prendido”, “Mañana te digo lo mismo para que veas que no estoy ebrio”, “Estoy perfecto, no necesito agua” y otras frases parecidas escucharás o dirás en situaciones como estas. De todas maneras, por mucho que se niegue la ebriedad, siempre va a haber alguien que sabe más.

En esos momentos solo queda reírse. Y que pase lo que tenga que pasar.

Etapa 4: Hablar con extraños

Es ley que personas que no conoces se vuelvan tus amigos. Y lo más probable es que esto ocurra en el baño. No sabemos por qué, pero ese es el ambiente donde las amistades mejor se dan cuando hay alcohol involucrado.

En esta etapa la pena ya se perdió. Pero si eres el amigo sobrio, esto puede ayudarte a conocer nuevas personas. Win-win.

Etapa 5: Evitar hacer algo vergonzoso

Lo más difícil de la noche es evitar hacer algo de lo cual te arrepentirás al día siguiente. Caerte por las escaleras, escribirle a tu ex, llamar a tus papás… Drunk talk is real talk.

Pero para eso tienes a tus amigos o para eso ellos te tienen a ti. Cuida que nada de esto pase. Y de no ser así, deberás contarle al día siguiente todo, por si acaso.

Etapa 6: Pedir perdón y agradecer a quien te está cuidando

¿Y con una lagrimita, tal vez? Disculparte y decir cuán agradecido estás con la persona que está cuidando de ti no va a solucionar tu ebriedad. Pero por alguna razón, tu mente te pide que lo hagas. Es válido. Y aunque la otra persona probablemente se esté riendo de ti internamente, utilizará esto después para cuando necesite un favor tuyo. “¿Te acuerdas esa vez que pasé toda la fiesta cuidándote en el baño?”

Tranquilo, tú también puedes usar esa frase a tu favor cuando te toque cuidarlo a él.

Moraleja: El alcohol a veces puede ser un enemigo. Pero alguien que te cuide ebrio siempre será un buen amigo.