¿Será que todos los miembros de la banda son daltónicos?

El pasado sábado 19 de noviembre, la organización 1001 Ideas para mi País montó un festival en la plaza Altamira llamado Festival Caracas Joven, un evento dedicado a los jóvenes de la ciudad para explotar la cultura y la participación en actividades relacionadas al país como la literatura, la música y la fotografía. La idea perfecta para plasmar a través del arte lo que sienten los venezolanos.

El festival como tal estaba muy bien organizado, aunque como pasa siempre en cualquier evento, se retrasaron un poco. Sin embargo, eso sirvió para que pudiese prestar atención a los comentarios que se escuchaban mientras la espera. Entre lo que pude captar con mi radar auditivo, la mayoría quería disfrutar de la música de Laura Guevara, otros de La Pagana Trinidad. Yo en cambio no sabía qué esperar del evento… Poco conocía de los artistas que se iban a presentar (Por favor, no me juzguen).

El Festival Caracas Joven comenzó oficialmente cuando Jairam Navas y Miguel Ángel Redondo se montaron en la tarima para dar la bienvenida a todos. Para ese entonces una nube negra en el cielo se acercaba a nosotros, pero estos personajes calmaron la ansiedad de las personas al poner unos cuchillos cruzados para alejar la lluvia... Ingenioso y alegró el momento.

A eso de las 3 de la tarde la primera banda ya estaba montada en tarima, lista para empezar a tocar. Cuando sonó el primer acorde, entré por completo en una ceguera de color… La banda venezolana Los Daltónicos me sorprendió con su buen rock, especialmente con el sonido impecable de su guitarra.

“¿Qué es esto que estoy escuchando?” pensé. Sonaba bien… Muy bien. Quería gritar que me encantaban, pero la verdad no quería llamar mucho la atención. Además, estaba sola en el evento. Sin embargo, hice algo que sin duda heredé de mi mamá... Comencé a hablarle a cualquier extraño que tenía al lado, comentando lo buena que me parecía la banda. Luego cuando pasó la emoción del primer encuentro con este tipo de música, me quedé callada. Me di cuenta que nadie quería ser interrumpido mientras escuchaban a Los Daltónicos. Aprovecho y a mis víctimas les digo que lo siento… Well, not really.

La primera canción que tocaron fue Reino de Papel, su nuevo sencillo promocional. Por lo que pude entender, se trataba de nuestra propia generación. Me golpearon fuertemente con la frase: “Esta es su estúpida promesa, cerebros de silicón o intelectuales de la belleza”. Auch. De todas maneras la melodía era tan fácil que a mitad de la canción ya me encontraba tarareando el ritmo y cantando “Ya no, ya no, ya no… Ya no me importa nada” junto a ellos.

También mi mente decidió maquinar un rato y se hizo preguntas absurdas como: “¿Será que todos los miembros de la banda son daltónicos?” Ok, poco probable… “¿Al menos uno de ellos?” Quién sabe, tal vez algún fan está enterado de eso, yo apenas los estaba conociendo.

Por otro lado, me hubiese gustado que dijeran el nombre de cada canción que tocaban, así hubiese sido más fácil para mí reconocerlas después cuando llegué a mi casa y entré en su soundcloud. Tampoco me quejo mucho, gracias a eso descubrí que su disco Supernova está en AmazoniTunes también, even better. Entre todas sus canciones, mis favoritas fueron Almas Mensajeras y Volvamos a Empezar. Igual descargué el disco completo… No me culpen, a veces hace falta refrescar un poco la música.

Ese día Los Daltónicos terminaron de atraparme con algo que dijeron antes de tocar su última canción: “En estos tiempos de crisis y de moral, los héroes somos nosotros mismos… Y sí, la cultura puede rescatar algo en tiempos como estos”. Creo fielmente en aquello, no solo porque me di cuenta que existe ese talento venezolano digno de estar orgulloso, más allá de los panas Chino y Nacho, sino porque la cultura es necesaria en nuestro país para tener un respiro de vez en cuando y encontrar ese venezolano que todos llevamos dentro. Más eventos como estos hacen falta.

Todavía nos queda un largo camino por recorrer. ¡Qué viva la música de Venezuela!

Esta columna no necesariamente refleja la opinión de Komienza ni la de sus propietarios.