Milki es una canción del rapero venezolano Akapellah. Recuerdo que la escuché porque una amiga me la recomendó luego de haberse reído. “Te va a gustar. Suena bien, pero préstale atención a la letra”. Le hice caso, y lo primero que dije fue: “¿Qué es eso?”

El video del tema se publicó este 22 de agosto, y ya ha sido visto 3.854.762 veces. Luego de la primera reacción, lo he reproducido repetidamente para tratar de entender el discurso visual y lírico. Antes de interpretarlos, es necesario mencionar algunos aspectos del autor.

Según su biografía oficial, él es también conocido como Pedro Elías Aquino. Con 25 años, es caracterizado por su “casi impecable dominio del freestyle y su fluidez e ingenio”. Tal aseveración se comprueba en otras canciones como Face to face (2012), Rueda de prensa (2014), Haters (2015), El jodido sentir de la calle (2015), y otras donde se denota la comunidad como valor preponderante. Transcurridos esos años, se nota la evolución audiovisual y lírica en sus temas, aunque primero se le veía un poco tosco. Su creciente ascenso se percibe tras algunas frases donde resalta el éxito: fama y dinero.

¿Está escalando posiciones en el rap venezolano? Algunos seguidores de Akapellah, al menos los que han escuchado su música desde sus inicios, se han manifestado respecto a Milki. A continuación una de las opiniones:

“Cuando pensábamos que el rap Venezolano está en su pleno apogeo, muere el Can, Reke se fue a España, Supa' es un egocentrista o al menos eso quiere da a parecer, la nueva generación sólo escucha rap de mierda y excitados por la "fama" y con delirios de marihuaneros, y el resto de los raperos venezolanos o no han sacado más temas como dejavu y gregory, como synaka y leyn, o son del montón como neutro, reis bélico, etc... Y ahora la gota que derramó el vaso. uno de los duros... Akapellah, con tanto talento y viene a salir con esta verga, no critico ni a la canción ni al ritmo de trap, sino al mensaje que transmite, osea hablar de lo mal que está el país diciendo que lo más barato cuesta "milki" (BsF. 1.500), pero sales con fajos de billetes y la pose ridícula esa. Que desperdicio”, escribe un usuario en Youtube.

Coincido porque el discurso visual no es original. Solo expone una visión del barrio venezolano representada por alcohol y los paseos en automóviles, en compañía de manoteos al ritmo del beat. Las tomas son repetitivas y frívolas. Algunas exaltan al rapero en slow motion, acompañado de amigos que sostienen billetes con aires de superioridad. Uno de ellos sujeta a un perro de raza pitbull. ¿Cuál es su función en el video? La misma: ser un nigga con plata y estilo, a lo Snoop Dogg.

El resto de la pieza audiovisual se caracteriza por exaltar a un grupo de hombres que posaron para las cámaras, luciendo un estilo de vida que rinde culto no solo al vicio, sino al dinero. En Venezuela, esto parece un chiste, y por eso Akapellah quema un billete de cien bolívares. Igual, esto no escapa de la avaricia presente en el autor.

Y es que estos elementos no son nuevos. Ya se han repetido en otras canciones de Fetty Wap, Nicki Minaj, y otros exponentes. El trap, desde su nacimiento en la década de los 90, se ha caracterizado por representar esos hechos hasta el punto de valorarlos como cultura. El significado de este sub-género proviene de una jerga estadounidense para referirse al lugar donde se vende drogas.

Las letras suelen reproducir tales aspectos. Sin embargo, en Milki el autor expresa su opinión en torno a la crisis económica que atraviesa Venezuela. Estos extractos son los más explícitos: “¿Por qué tengo que ser un pela bola?/ No sean maricos ustedes. Quiero lucas para comprarle una casa a mi mamá en Miami arrechísima/ Quiero lucas para ayudar a mi hermana a graduarse y la vaina está crítica/ La universidad sigue estática/ Las autoridades son cínicas/De paso mataron a unos cuantos chamos marchando en la marcha pacífica. Ya la vaina más pendeja cuesta milki/ Desde un pote e fresco hasta una vara de cripi.”

La sinceridad es una virtud del rap. ¿Pero hasta qué punto se convierte en una buena o mala canción? El contenido es despertado por una situación que ahorca al venezolano, y la forma de abordarlo se respeta. Sin embargo, el país no necesita más de esto. Ya se sabe que las autoridades son cínicas, y que el Estado solo juega para sus intereses. No es importante decirlo una vez más, y menos si la intención es ganar dinero para comprar casas, o pagar carreras universitarias a costa de quejas, carentes de argumento e inteligencia, y disfrazados de arte.

Es falso y contradictorio quejarse para tal fin. Si el artista siente ganas de expresarse acerca de una realidad, lo acertado sería utilizar otras formas. Incluso la que se plantea en Milki es válida culturalmente. Pero la finalidad frívola derrumba cualquier posibilidad de apreciar esta “obra”.

Tal letra es el lado negativo del género. Akapellah, a pesar de su fanfarronería, es un buen rapero. Al menos, sus canciones anteriores son evidencia de ello. A unos les ha gustado su último sencillo. A otros, no. Pero el punto de encuentro se centra en que él está explorando nuevos horizontes. Solo queda apreciarlos, y determinar si está creciendo, o si es uno más del montón.

“La inflación en Venezuela está tan bandera que seguro cuando veas esto los precios habrán subido el doble”, termina el video para dejar claro que hoy ya nada cuesta mil quinientos. Gracias a ese mensaje, se duda si Akapellah grabará o no otra versión, esta vez llamada Cincomilki.