Descargué Tinder y esto fue lo que pasó - Komienza | Vive tu vida al máximo
Swipe to the right, swipe to the left

En el mes del amor, es común que la desesperación y la soledad te lleve a caminos inusuales como lo son las aplicaciones de citas. Tinder es una de las más famosas y, además, es bastante divertida de usar y casi adictiva para algunos.

Para los que no la conozcan, es una app que consiste en exponer los perfiles de varios usuarios que estén cerca de la zona en la que vives, a lo que sigue un deleite de opciones a las que disfrutas decir que Sí (arrastrando a la derecha) o No (a la izquierda). Y si, casualmente, esa persona a la que le diste el Sí muestra estar interesada, la aplicación te lo hará saber y se procederá a una conversación un tanto incómoda con la intención de planear un encuentro.

Hace como dos semanas, una amiga me comentó acerca de este famoso recurso. “Dale una oportunidad”, manifestó. Yo le dije que no estaba segura, pues creía estar convencida de que las intenciones de los usuarios de Tinder pasan por ser un poco desesperadas y algo “escandalosas”, por decirlo de alguna forma. Por supuesto, no mencioné la verdadera razón por la cual no la había descargado: mi ajustado espacio en la memoria de mi teléfono. Esa misma noche lo consideré, y sacrifiqué mi juego de Subway Surfers para los propósitos de Tinder. Pero antes de hacerlo, me dispuse a escuchar varias experiencias para ver cuál era el resultado general, y me di cuenta que no existe. Todos tienen encuentros diferentes con esta aplicación.

Entonces me decidí, la instalé y me dispuse a ver la gama de opciones que el destino en forma de plataforma digital me ofrecía, y fue bastante decepcionante. Sorry, guys! La mayoría no me llamaba la atención (también creo que fui muy exigente), pero sí me gustaron varios.

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El primero, Manuel, ni siquiera me dijo Hola. “Dame tu número para hablar por Whatsapp”, a lo que le siguió: “Cancelar compatibilidad”. Y los demás no fueron mucho mejor, consistieron básicamente en conversaciones tediosas, casi todas con el mismo comienzo: “Hola, ¿cómo estás?” y después, sólo monosílabos.

Hubo uno que sí me gustó mucho, y la conversación fue brutal, compartimos hipótesis sobre cine y circunstancias sociales como lo eran las salidas al cine a cielo abierto, pero algo habré hecho mal porque de la nada, me dejó de responder y mi orgullo no dejó que hiciera nada más.

No les mentiré, fue divertido, pero aún no he cumplido mi propósito (que aún permanece desconocido para mí), porque al parecer es algo a lo que debes darle chance, y yo apenas llevaba una semana. Sin embargo, otros tuvieron experiencias ligeramente distintas a la mía:

Samuel, 20: “Fue más bien una apuesta entre una amiga y yo. Fue a principios de febrero y el objetivo era cuadrar una pareja para una fiesta que había el 14 de febrero, quien perdiera debía pagarle los tragos a quien sí lograba conseguir a alguien. Al final llegamos a la fecha y ella había conseguido como 5 matchs y yo no había conseguido ninguno. Lo bueno fue que a mi amiga le dio lástima y no me dejó pagarle los tragos”.

Lucía, 23: “A mí sí me sirvió y a la vez no. Mi mejor amiga fue quien me lo instaló en el cel y empezó a darle like a cualquiera que le pareciera lindo. Todo esto ocurría mientras yo estaba durmiendo en su casa. Y les escribió también. Sí, es una pasada, estoy clara. Al día siguiente, respondieron varios y sólo le escribí a un par que me gustaron, uno era medio lindo pero súper simpático. Entonces cuadramos para salir varios amigos, porque sola me daba miedo, y bueno, ahí fue. Estuvimos juntos unos meses, pero terminamos hace poco. Pero de que funciona, funciona”.

Rafael, 22: “Nada, yo soy es el Señor Tinder. Me he cuadrado a varias chamas, pero nada serio. Una salida al cine, unos besitos, y bueno... La verdad yo sólo uso eso cuando acabo de salir de una relación, pero nunca para buscar una. Sape gato”.

Bueno, supongo que no es bueno rendirse tan pronto.

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