Es más que un peinado

Con encender la televisión vemos a artistas que lucen afros, lo mismo pasa en las redes sociales y, por supuesto, en la calle. Hace unos siglos era diferente, y por eso se inventaron diferentes técnicas para alisar el cabello por diferentes estigmas sociales. La cosa ha cambiado poco a poco, a pesar de que en países como Estados Unidos, bajo la gestión de un presidente negro, hayan sido asesinados unos cuantos afroamericanos a manos de la policía.

Desde el siglo XIX comienza la historia del afro, al menos en la sociedad contemporánea, y todo comenzó con una exposición de “fenómenos” ideada por el polémico Phineas Taylor Barnum en 1865. El show era mostrar a un grupo de mujeres del Cáucaso que usaban un peinado inusual para ese entonces, ellas eran “valiosas” por su exotismo. Cabe destacar que la identidad del afroamericano era mínima, de hecho, la población era de estrato bajo y, gracias a esto, estaba obligada a no proyectar su naturaleza.

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Años después, diferentes organizaciones comenzaron a ser gestadas y la política tomó un papel importante para la reivindicación identitaria. A comienzos de los años 60 surge Black Pride, como filosofía del Movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, al igual que el Black power, del Black Panther Party. Los pensamientos fueron llevados a la práctica y poco a poco se abandonaron las técnicas estéticas capilares.

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El afro se volvió popular cuando la comunidad afroamericana estaba dando el primer paso: enorgullecerse de sus raíces. En otras palabras, se volvió una expresión política y estética, y esto rápidamente transformó la cultura pop de aquel momento. El guitarrista Jimmy Hendrix, por ejemplo, es uno de los artistas afroamericanos más influyentes en la historia, y él lució su peinado sin pudor, ni miedo. Al igual que la activista política Angela Davis, la banda The Jackson Five, The Supremes, entre otras que aparecieron décadas después.

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En los ochenta el peinado perdió popularidad gracias al rapado, la trenza africana cosida, entre otros. Lenny Kravitz fue uno de los que todavía lo lucía cuando todos comenzaban a pintarse el cabello de amarillo. Hasta no hace mucho, fue olvidado, pero en los últimos años hemos visto un resurgimiento no sólo en Estados Unidos sino en toda Latinoamérica; modelos como Lineisy Montero lo han proyectado en las pasarelas. En el mundo de los libros también, pues Andrea Pippins dio vida a I love my hair, un libro para colorear. Y ni hablar de la hermosa Beyoncé, quien ha lucido en más de una ocasión, un abundante y sensual afro.

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Tanto hombres como mujeres lucen este estilo, en especial la población juvenil, pues imitar a las estrellas del momento es la orden del día. Sin embargo, en la historia hay momentos que deben recordarse para no cometer los mismos errores, y uno de ellos es creer que una moda puede reivindicar un movimiento social. El afro es más que eso, es sinónimo de lucha y resistencia, es sobre ser auténticos sin perder ni la esencia ni el orgullo; menos lucirlos porque es “lo que todos hacen”.

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