Monólogo de una cursi amante de series

Yo creo en el amor eterno, pero hay casos de casos, hay parejas que realmente deben terminar. Cuando estoy acostada viendo televisión me pongo a cambiar los canales para buscar telenovelas o series de las que me gustan: románticas y duraderas, para olvidar las peleas y amarguras. Pero no voy a mentirles, también me gusta el drama y las relaciones tóxicas. Me encanta el chisme pues. Hay unas que quiero compartirles para hablar del tema, me las tomo en serio porque son cosas que pueden pasar.

La de Emilio y Belén

Si has visto Aquí no hay quien viva, ya sabes de quiénes estoy hablando, y si no, explico: es una relación entre unos de los fracasados de la serie. Uno es el portero del edificio y la otra una desequilibrada sin dinero. Al principio ella no se mostraba interesada en él, de hecho, Emilio se fijó en su amiga Alicia, que estaba bien buena, o sea, “una chica que te cagas”. En cambio, Belén es del “montón bueno”, como así le dijo unas temporadas después cuando ya habían pasado por una serie de eventos sentimentales, siempre terminaban mal pero ellos volvían.

Primero, no hay nada peor que volver con tu ex, y Belén y Emilio siempre rompían pero el sexo los atraía de nuevo. Una vez veía un capítulo con mi hermana menor y vimos cuando Emilio se lo hizo a Belén con el vestido de novia que no era de ella, si no de la verdadera novia de Emilio. ¡Loco ese! La escena fue bien explícita, al menos para mí que no estaba acostumbrada a ver eso en la televisión. En fin, lo que quiero decirles es que el sexo no debería de unir a las personas. No somos monos bonobos. ¿Los han visto? Tienen sexo guindados de los árboles.

Emilio y Belén son una pareja tóxica, no porque tengan sexo, a todos nos gusta, pero si hablamos de una relación que practique la monogamia y sea estable en muchos sentidos, sí fracasan por depender de los orgasmos. Las parejas que se respetan, valoran y apoyan están destinadas a ser felices. Ellos son todo lo contrario: se insultan, se opacan y niegan las virtudes del otro. Eso es egoísmo, y si eso pasa, no hay que ser un genio para saber qué hacer, y ellos hicieron lo correcto.

Emilio y Belén fingen que se casan (cortesía de LQSA.NET)

Emilio y Belén fingen que se casan (cortesía de LQSA.NET)

La de Ross y Rachel

Friends es una serie dramática disfrazada de comedia que más de una vez me hizo llorar, especialmente en el capítulo final donde creía que todo estaba perdido. Mejor empecemos desde el comienzo de su historia: Rachel era amiga de la gorda Mónica cuando eran estudiantes, y el tímido y torpe Ross, el hermano de Mónica, se sintió atraído por la guapa y narizona Rachel que acostumbraba a salir con otro tipo de chicos.

Pasaron muchos, pero muchos capítulos para que ella se diera cuenta que él era su amor verdadero. Y no la juzgo, esas cosas tardan… pero te pasaste, Rachel. Además, Ross es herMOSO, muy inteligente y cariñoso. Te odié muchas veces, Rachel. Ella supo lo que tenía hasta que lo perdió cuando Ross se intentó casar con otra luego de que ellos habían terminado porque él era celoso e “intenso”. Ahí Ross fue un tonto, pero lo perdono por ser tan tierno, a Rachel no porque es una egoísta.

Como podrán darse cuenta, eso es un síntoma de toxicidad en una relación; lo ideal es valorarse todos los días en las buenas y malas, no como Rachel que esperó temporadas para arrepentirse de haber terminado con Ross cuando él decidió hacer su vida con otra (que también me caía mal). Rachel es una mujer acostumbrada a lujos, recuerden que viene de familia adinerada y los lujos alimentan el ego, además, sí, es hermosa físicamente. Cuando ella quiere algo, lo obtiene, tanto que logró independizarse de sus adinerados padres. ¡Bravo!

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Pero, ¿y Ross? Él es el débil en la relación, y que haya uno significa que algo no está funcionando. Las parejas deberían de tener los mismos derechos, no jerarquías que minimizan al otro sentimentalmente. Una persona no debe esperar que la otra esté para ti cuando no le haces caso al menos como esa persona quiere. Esto de las relaciones es muy complicado, pero si hay amor repartido en partes iguales, el equilibrio será perfecto. Ellos terminan bien, pero tuvieron que pasar por muchos obstáculos puestos por ellos y eso crea resentimiento, y el resentimiento te lleva al lado oscuro. Ah no, eso es de una película.

Aquí un imagen donde el tonto de Ross sufre por Rachel y ella ahí siendo mala.

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La de Homero y Marge

Ay no, pobre Marge. Definitivamente es una mujer paciente, es una virtud pero hay que saber hasta qué punto eso es bueno. Ella es una caricatura, si fuera de la vida real, ya hubiera muerto. La pareja principal de los Simpsons es una de las más singulares, ellos demuestran su amor incondicional, algo que la diferencia de las anteriores. Ese no es el problema, si no que alguien impulsivo como Homero no es bueno de tener como pareja porque te conlleva a vivir de forma rápida e inestable.

Es decir, hacerle caso a los caprichos de otro es no quererse a uno mismo. Marge no se valora como madre, esposa y mujer, y en varios capítulos se ve cómo explota. ¿Y quién no? A Homero Simpson provoca mínimo gritarle mil groserías. No, estaríamos cayendo en lo mismo. ¡Pero él lo merece! ¡Qué no! Ya estoy como Marge... Yo sé que lo piensa, pero su nociva dependencia hacia él indica que el amor, en muchos casos, es ciego.

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Homero, eso no te hace un patán, después de todo, aunque la engañaste con un personaje en las primeras temporadas, imaginaste que era Marge. Ay, sí… ¿o fue al revés? El final de ese capítulo fue medio confuso. El punto es que él, a pesar de ser “un hombre complicado”, ama a Marge, aunque a veces amar es saber que no le causas alegría a tu pareja y debes mejorarlo sin dejar de ser tú.

De verdad que esto de tener parejas es muy pesado, debe ser que por eso veo mucha televisión, porque en la vida real no pasa :(