“Tienes que hacerlo” fueron las palabras de mi editora, y así comenzó mi castigo

Entiendan que aproveché esta idea porque mi adicción a la red social de las tías y los “memeólogos” no era normal. Todos los días, Facebook era la primera página que abría; cada vez que me aburría en el trabajo o en la universidad, ahí estaba el bello icono de la aplicación en mi celular y, sin duda, era la última red social que revisaba antes de ir a dormir. Todos los que me conocían estaban al corriente de esta preocupante situación, pues el primer nombre que les aparecía en la sección de noticias era el mío, pero creo que ya estaban acostumbrados. No sé si esto ya era una alerta.

Mi pequeño problemita solía llamar la atención de mi papá, inspirándolo así a hacer comentarios como “tú no podrías vivir sin Facebook ni un día”. Así que lo pensé, ¿y qué tal una semana? Sé que un día no significaría nada, y que un mes sería demasiado, hasta podría escribir de eso. A algún que otro colega adicto podría interesarle.

Cuando le propuse la idea a mi editora, Daniela Castillo, me arrepentía a cada letra que pronunciaba. Esperaba que dijera algo como: “Es un asco de idea”, o, “¿por qué alguien querría leer sobre eso?”, pero no, su respuesta fue “tienes que hacerlo”. Y así comenzó mi castigo.

Giphy

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Como apoyo al sacrificio, mi compañera Vanessa Rodríguez compartió conmigo un estudio que dice que serás más feliz si dejas de usar Facebook por una semana. Me pareció algo exagerado, pero al parecer fue algo bastante serio. Publicado en Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking, el investigador Mortem Tromholt reunió a 1.095 participantes y los dividió en dos grupos. Uno tenía que dejar la red social por una semana (el 87% lo logró) y el otro tenía la libertad de seguir usándola en ese tiempo. El resultado fue que los que se destoxicaron fueron un 0,37 más felices que el resto, en una escala del 1 al 10.

Así pues, ya que había un estudio, tenía una mayor motivación y más fundamentos para aceptar este reto. Entonces, ¿por qué no?

Ese día aproveché y comenté todas las estupideces que pude, compartí canciones, videos de personas cayéndose y le di “Me gusta” o “Me encanta” a cualquier pendejada que me llamara la atención. Luego, me di cuenta de lo mala que era esa idea, porque al día siguiente sé que aparecería una notificación en mi navegador indicándome cuántas notificaciones tendría por leer, lo que sería irresistible para mí. Porque sí, ese numerito que aparece en rojo no puede ser más seductor, casi le hace la competencia a los churros y las tortas Red Velvet.

La solución que apliqué fue la de eliminar Facebook de mis marcadores, como cuando eliminas las fotos de tu ex o botas cualquier cosa que te hace recordar a esa persona, bueno, así se sintió. “Ya, F, te tengo que superar”.

First days, thirst days...

Los primeros días de mi “social media detox” fueron los peores, eso se los digo.

(Insertar música dramática).

(Insertar música dramática).

En el primero, mi confianza estaba por los cielos y estaba decidida a hacer que este reto funcionara. Sustituí Facebook por otra cosa que satisface mi ocio como lo es BuzzFeed, pero no es lo mismo. En varias oportunidades estuve a punto de abrir la red social, por cuestión de costumbre, menos mal que pude evitarlo a tiempo. No entré en crisis, pero sí me dio un poco de ansiedad el tener prohibido algo, pero supongo que era emocionante. Comencé a ver una serie (Westworld, la recomiendo) y pude distraerme lo suficiente para no pensar mucho en mi reto.

El segundo día fue que comenzó lo divertido. Basta, quería saber si x persona había respondido a mi comentario en su foto. Y ni siquiera, solo quería ver lo que publicaban los demás o incluso stalkear a alguien (not proud of this). Porque además, el hecho de estar de vacaciones no ayudó mucho a mantenerme ocupada.

Giphy

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Lo peor fue cuando cometí el error de decirle a uno de mis mejores amigos sobre el reto. “Tú no vas a poder. O sea, tú eres Faceboook. Eres la víctima perfecta”. En ese momento me entró la crisis, no sabía si sería capaz y no estaba segura si de verdad valía la pena pasar por esto por un artículo. Qué estupidez.

“Esto es bueno para mí, voy bien. No la vayas a cagar ahorita”, fue el pensamiento que protagonizó mi tercer día. La única relación que tenía era cuando compartía algún artículo utilizando el icono de “f”, sin realmente ingresar. No lo pensaba mucho y seguí viendo mi serie y leía cualquier página, porque ese fue otro problema: ya había leído todo el contenido nuevo de las páginas que me gustaban.

Y luego, tenía sentido

La crisis disminuía considerablemente a medida que pasaban los días. Cada vez que tenía algún impulso de revisar mis notificaciones, acudía a Instagram, una red social que no me llamaba todos los días, pero de vez en cuando cubría mi urgente necesidad de ver cosas que no me importaban.

En la mayoría de los días finales, ni me acordaba, y justo en el momento en el que tomaba consciencia de que estaba pasando por una etapa de abstinencia, me sentía orgullosa por ya ni siquiera darle importancia. Así que cuando por fin había terminado mi semana, ingresé a la página web y no sentí más que indiferencia.

Facebook

Facebook

Bueno, no necesariamente indiferencia, sino que me importaba más que mi primer café del día se estuviera enfriando que quién me había escrito o quién me había etiquetado en algún meme. Revisé mis notificaciones, marqué todas como leídas y seguí viendo Westworld como si nada.

Hoy es mi segundo día con Facebook y sólo me metí para ver quién cumplía años.

No esperé, en serio, cumplir con este challenge, porque como les dije, era absurda la cantidad de veces que me metía en un día. Sin embargo, uno de mis grandes defectos estuvo esta vez a mi favor, estamos hablando de mi hermosa y poco paciente terquedad. Todos me decían que no iba a poder, pero lo logré. En parte por mí y en otra para callarles la boca. Porque no les mentiré, de verdad tenía la intención de hacerlo como propósito de año nuevo, pero como todo propósito de año nuevo, quedó en el olvido la segunda semana de enero.

No les diré que soy más feliz o que ya puedo vivir sin Facebook, sino que ya se calmó mi fiebre y ya no siento esa molesta ansiedad al momento de abrir mi laptop. Mi desinterés por la vida de los demás volvió a ser una característica de mi tímida personalidad y también disminuyó mi creativa capacidad de procrastinación. Al principio no, porque fácilmente la sustituía por otras actividades; sin embargo, en los últimos tres días pude concentrarme en mi cosas sin sentir algún impulso de idiotez social. Y estoy orgullosa de eso.

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Entonces te invito, estimado lector, a hacer este challenge si sufres de lo mismo que yo sufría. Porque a pesar de que al principio lo vas a considerar un castigo o hasta un sacrificio, valdrá la pena. Serás más feliz, tus sueños se harán realidad, tu crush por fin notará tu existencia, y te aceptarán en el trabajo que querías. Mentira, pero sí sentirás una especie de alivio que hará que todo valga la pena. Si yo pude, tú también, bro.


Incluso si no sufres lo mismo que yo sufría, comparte este artículo a ese intenso que todo el tiempo te etiqueta en algo. Porque ese pana tiene un problema y aceptarlo es el primer paso. Lo sé. I’ve been there.