De cómo el orgullo mató a Blockbuster - Komienza | Vive tu vida al máximo
“Lo más caro del mundo es tener la mente cerrada” Mark Zuckerberg.

Todos en algún momento pasamos por Blockbuster a alquilar una película, o eso creo. No sé si decir eso me hace parecer una vieja, pero estoy segura de que muchos saben a lo que me refiero. Siempre que invitaba a amigos a mi casa, me dedicaba a planificar la lista de películas que pediría en una de estas sucursales.

Hoy en día, las tiendas de Blockbuster desaparecieron, o al menos en mí país, y a nadie le pareció una gran sorpresa. Fue una decisión unánime entre los clientes de la industria cinematográfica, porque lo que ofrecía esta empresa ya no nos convenía en la era digital. Pero antes de las redes sociales y de ver películas online, esta empresa era todo un éxito. Tenía 9.000 sucursales sólo en Estados Unidos, y una fama innegable.

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Sin embargo, la desafortunada realidad afectó tanto a Blockbuster que terminaron por cerrar sus últimas 300 tiendas hace un par de años. No culpemos a la vida, culpemos a las malas decisiones y a las personas de mente cerrada.

Una de ellas fue John Antioco, CEO de Blockbuster.

Alguien completamente opuesto es el fundador de Netflix, quien convirtió un descontento en una idea millonaria. Pues, resulta que en 1997, Reed Hastings olvidó devolver una película que había alquilado y cuando vio que debía 40 dólares a Blockbuster, hizo un reclamo diciendo que le parecía una suma exagerada por una simple demora. Así que pensó en lo ideal que sería pagar sólo una tarifa mensual por un servicio ilimitado de películas, proyecto que puso en marcha a partir de ese año. Lo que significaba: ¡Adiós multas!

Adiós, Blockbuster. Hello, Netflix

En el año 2000, Hastings se dirigió a las oficinas de Blockbuster a hablar con el entonces director, Antioco, para hacerle una interesante propuesta: le ofreció la pequeña compañía que había creado por la humilde cantidad de 50 millones de dólares. A lo que este último respondió que lo que vendían no podía compararse nunca al mercado al que estaban acostumbrados, por lo que Netflix no tenía futuro.

Hastings fue humillado y echado de las oficinas, continuó con su proyecto, esta vez con más determinación, y nació así el streaming.

(azulweb.net)

(azulweb.net)

Y bueno, todos sabemos cómo terminó eso.

En el 2010, Blockbuster se declaró en bancarrota y ahora a todos nos cuesta concentrarnos porque nos la pasamos viendo series y películas en Netflix, a la cual podemos acceder hasta por nuestros smartphones.

Netflix tiene un ingreso de 2.6 millones de dólares anuales y hasta tiene sus propias producciones, algunas de las más exitosas son las series House of Cards y Orange is the New Black; y su fundador, Reed Hastings es uno de los personajes más adinerados de Estados Unidos, según la revista Forbes.

Lo que no entendieron

El error que cometió Blockbuster fue que no entendió la necesidad de sus clientes, ellos no querían ir a una tienda y alquilar películas, ellos sólo querían ver películas en la comodidad de su casa; porque de querer salir a ver una película, irían al cine. Y con el surgimiento de una era digital, esperaban una opción que se ajustara a toda esta nueva forma de hacer las cosas. Blockbuster no asumió ese reto y se quedó atrás.

Lo mismo le pasó a Kodak, quienes adquirieron la primera cámara digital, pero no abandonaron su negocio que se basaba en los rollos de película y en el revelado. Esto hizo que sus ingresos bajaran considerablemente y perdieran clientela: ellos no han dejado de existir realmente, sino que siguen activos, sólo que pasan por un proceso de reestructuración y renovación desde el 2014.

El mercado y los recursos cambian cada día, y es el deber de las compañías ajustarse a ellos para cumplir su simple objetivo: satisfacer la necesidad del usuario/cliente.

Ahora, Netflix and chill.