Adiós, ansiedad y angustia

Seré spoiler y les diré de una vez que no es un misterio. Para nada. Al menos no completamente, pues en mi caso, yo sé a quién le estoy enviando mis mensajes y como soy de esos intensos que te colocan en su lista negra en cuanto los dejas en visto, suelo estar consciente del tiempo estimado que se tarda cualquiera que conozco en responderme. Heavy, I know.

Por otro lado, no puedes conocer los hábitos de todo el mundo. Es imposible saber cuánto se tardará en responder tu trabajo ideal después de haberle enviado tu currículum, o ese profesor nuevo que tiene cara de comer estudiantes de primer semestre para el desayuno. Es un asunto bastante frustrante y todos estamos claros.

Por esto, he llegado a la conclusión de que las cientos de formas que existen para comunicarnos son un arma de doble filo. Tienes a tus manos plataformas como Facebook, WhatsApp, Instagram, Slack, Gmail, Hangouts, y capaz existan muchas más que mi practicidad ignora. Así que por tantas opciones, no tienes excusa para no estar “conectado” 24/7. Si no respondes los mensajes, eres un irresponsable/grosero (acéptalo) o si no haces publicaciones en alguna red social, eres un desaparecido. Y ésa es una realidad a la que tanto los jóvenes como los no tan jóvenes nos enfrentamos.

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La Escuela Viterbi de Ingeniería de USC (University of South California) se propuso aliviar tu angustia y ansiedad e hizo un estudio que involucró 16 billones de correos. El resultado fue que era posible predecir cuándo alguien respondería tu email, ya que dependía de la edad, el dispositivo que se use y el momento del día.

El reconocido estudio llamado “La Evolución de la Conversación en la Edad de la Sobrecarga de Correos” expuso tres hechos. Uno, que a los jóvenes y millenials les toma un promedio de 16 minutos en responder un correo, mientras que a los mayores de 51 años, les lleva más de una hora (con esperanzas de no ser días). Dos, que las personas contestan el doble de rápido a través de sus teléfonos inteligentes que de sus laptops. Y por último, que los jóvenes dan más pronto una respuesta si reciben más correos (y los contestan casi todos), y con los no tan jóvenes no pasa lo mismo, pues además de que tardan un poco más, dan muy pocas respuestas a sus mensajes.

Sin embargo, el director del Centro de Salud Comunicacional de la Universidad de Texas, Keri Stephens, encontró un pequeño error en este estudio. Ups. Y fue que no tomaron en cuenta el contenido del mensaje, prácticamente, el factor más importante.

Lo que es lógico, porque qué contestarías más rápido: ¿Un correo de tu jefe pidiendo algunos datos para darte un bono o un correo de tu tía sobre una receta de un plato que ni siquiera te gusta? We have a winner, sorry tía.

Al menos ya conoces los factores básicos que participan en la respuesta de un mensaje o un correo. Puedes calcular el tiempo de acuerdo a su edad, dispositivo o incluso el promedio en el que se ha tardado antes esa persona y así despedirte de la ansiedad y la angustia que la espera de ese correo puede provocar.

O también puedes dejar de enviar o responder todos los mensajes, deshacerte de todos tus aparatos y vivir como un ermitaño feliz, sin contacto con la humanidad y sin notificaciones en tu bandeja de entrada. Your pick.

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(Lo estoy considerando).