Accidentes sexuales

Volvemos con las historias que podrías vivir si tienes sexo alocado. Un calentón es algo difìcil de controlar y nuestros personajes lo saben, a ellos les ha pasado cualquier cosa que se te pase por la cabeza, la de arriba vale. En el artículo anterior compartimos la de una pareja que por andar de hippies casi se queda sin genitales, la de un muchacho que se rompió el frenillo del pene por desesperado y la de un pajero crónico amante de gorditas blancas. Todas tuvieron un final feliz.

Como a nuestro doctor le encanta violar su juramento hipocrático, nos contó tres más.

Y recuerden: el sexo seguro no es solo usar preservativos, también es cometer una locura pero sin que tu salud se afecte.

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La de Yolfran: Él es un muchacho curioso que siempre trata de hacer todo lo que los demás no hacen porque lo suyo es estar a la vanguardia; el sexo no es la excepción, ha estado en orgías entre hombres y mujeres. Un día estaba deprimido, resulta que su pareja lo dejó por verriondo. Su único consuelo fue la botella de whisky que su papá guardó para cuando se graduara. Y no, no tomó ni una gota de alcohol. El muchacho para ahogar sus penas comenzó a introducirla en su ano. Lloraba porque de verdad quería a su novio a pesar de que se acostó con media ciudad, era sólo sexual. Algo salio mal, el dolor lo atormentaba. No se dio cuenta que entró completamente. Yolfran llamó a su ex pareja para que lo llevara al hospital. “Qué raro tú, le dijo en tono paternal. El del taxi no dejaba de mirarlos por el retrovisor. “Sí, me metí algo en el ano, por favor, apúrese”. Al señor se le escapó una carcajada y aceleró su destartalado carro. Al llegar, nuestro extraño amigo sólo dice que tiene un fuerte dolor y se reserva el porqué. El doctor procede con lo suyo e intenta extraer manualmente el objeto pero no hubo éxito. Pasaron unas cuantas horas hasta que lo logró. El doctor le preguntó por qué lo hizo y Yolfran dijo que no sabía, que tal vez lo habían drogado y se la metieron. Después dijo: “es que tenía apetito sexual”.

La de Sara: Ella tiene el control de su sexualidad, los condones nunca le faltan en su cartera, tan sólo basta el momento y el hombre indicado, para tener un polvo seguro. Una vez estaba de farra junto a unas amigas. Debía comprar los preservativos pero en las cuatro tiendas que visitó, no había. Una de sus compañeras de fiesta le dijo que se rindiera, que ella le daba los suyos. Resulta que eran los distribuidos por el Gobierno y, bueno, son de muy mala calidad. Al llegar a la discoteca, se cautivó. En la barra vio a un muchacho que le llamó la atención, se acercó hasta él y comenzaron a hablar. Él era tímido, de hecho andaba despechado. Sin que pasaran muchos minutos decidieron ir a un hotel barato. Ella esperaba que su futura pareja sexual tuviera algún condón, o en la habitación le dieran alguna, porque la fama de los que ella tenía, no era buena; por ninguna vía los obtuvo. Las ganas de fornicar eran grandes pero ella no se atrevía a hacerlo sin protección, así que sacó el condón bolivariano. Todo funcionó. El muchacho tuvo su orgasmo pero ella no, así que le dio el segundo. La penetró duro, muy duro. Ella gritaba lascivamente hasta que sintió el pene desnudo. Cuando el muchacho lo sacó, no había condón. ¿A dónde se fue? Se preguntaron un tanto temerosos. No lo encontraron por ningún lado hasta se les ocurriò un lugar. Sí, la vagina de Sara. Ambos la abrieron y no lo veían pero con una linterna lo encontraron. Intentaron extraerlo con una pinza de cejas pero no lo lograron. Buscaron en Google algún método pero en todos los portales decía lo mismo: “En caso de que un condón se quede dentro de la vágina, lo mejor es ir al médico”. ¡Qué útil! Por suerte ella conoce a nuestro doctor, también se lo cogió, le dice al muchacho. Y aunque él no es ginecólogo, supo retirar el condón. Ah, y se tiró a los dos.

La de Alejandro: Él es un hombre de 54 años y la vida sexual con su esposa es nula. Por eso todas las noches, antes de dormir, se da una buena dosis de pajas viendo videos de morenas con traseros enormes. Un día se cansó de lo mismo, ya se sabía los nombres de todas las modelos y ninguna había actualizado su repertorio, así que se le ocurrió una idea: El agujero del lavamanos era más ancho de lo normal porque el albañil que construyó el baño hizo un mal trabajo. Alejandro entró para cepillarse, pero nunca lo hacía, fue sólo una excusa para cerciorarse del tamaño de aquel improvisado hueco. Se asomó al cuarto de su esposa, que dormía plácidamente. Así que comenzó a recordar a una compañera del trabajo, era ardiente pero nunca le hacía caso, eso le daba más morbo. De inmediato tuvo una erección , volvió a dirigir su mirada hasta aquel bulto arropado llamado “mi amor” y cerró la puerta. Introdujo su pene en aquel hueco, imaginando quién sabe qué. El placer no tardó. Intentaba no gemir para no despertar a su pareja, pero no lo evitó por el sonido del dolor. Resulta que su pene quedó atascado. Ella tuvo que retirar el lavamanos con cuidado de no lastimar a su esposo, aunque lo que le provocaba era eso. Con ayuda de varios vecinos cargaron a Alejandro, ella no quería perder su lavamanos porque era caro construir otro, así sea con el mismo albañil baratero. Finalmente pudieron retirarlo, por suerte Youtube no existía cuando eso pasó.

Nota: Yolfran y su novio volvieron. Aprendió que el sexo con amor también es placentero, igual que con un pepino. Sara experimentó tener sexo con una mujer, así se ahorra la molestia de comprar condones. Alejandro ahora introduce su pene en un sólo hueco, y es el de la vagina de su esposa, lo hace imaginando a la compañera de su trabajo.