Nunca confíes en alguien que no lo haga.

Pues, sí, me gusta decir groserías, las considero un desahogo necesario y cualquiera que diga lo contrario es un hipócrita porque todos dicen una de vez en cuando. Sin embargo, es cierto que una persona como yo debe tener cuidado del momento y de la persona a la que diga las palabrotas.

Entre amigos, siempre hay uno que me dirige una mirada desdeñosa después de un “mierda” o de un “coño de la madre”, y luego me dice cosas como “qué feo una niña que dice groserías, nunca saldría con una”. Esa frasecita me consume la paciencia, porque a un chamo no le dicen eso. No. Y antes de que me tilden de feminazi, me parece una estupidez que la gente aún tenga un concepto rígidamente absurdo de la mujer, que cuando no cumplen con ciertos estándares (como usar perfume, no fumar ni decir groserías) son denominadas ordinarias o vulgares.

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Eso es lo que he vivido desde prácticamente los 10 años, cuando le grité a una niña que me caía mal al frente de todo el salón “puta”, y admito que no fue el acto más adorable, pero me trajo una satisfacción bastante agradable. Fue así como a partir de los 17 años, no me contuve cada vez que quería decir una “mala palabra”. No las decía/digo a cada rato, pero cuando la situación lo amerita, no lo pienso dos veces.

Y no, a mí tampoco me gustaría salir con un patán que piense que las niñas que dicen groserías son feas.

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La razón por la que algunas palabras son consideradas obscenas se remonta a siglos atrás, y depende de la cultura. Hay lugares donde los variados términos para partes del cuerpo son castigadas y hay otros donde le dan incluso más importancia a las groserías de tipo religioso, como en España o Italia. En Asia, por otra parte, los insultos casi siempre van dirigidos al tema de las clases sociales y del status de una persona.

Las groserías también han sido por largo tiempo el sello que identifica a las personas pobres o de reducido vocabulario. Sin embargo, hoy en día las cosas son muy diferentes.

Al menos en mi cultura, las groserías pueden venir de cualquier parte y de cualquier persona. Por ejemplo, cuando comencé mi trabajo actual conocí a mi jefa: una mujer espectacular, súper inteligente, hermosa y, que además, se viste increíble, pero percibía un carácter fuerte y algo intimidante de su parte. La admiré desde el momento en la que conocí y, por lo tanto, me propuse andar con cuidado, por convertirse en mi role model, me negaba a recibir algún regaño de ella. Un día, llegué a la oficina y ella parecía molesta pero en tono de broma dijo “lo que ese tipo es, es tremendo mamagüebo”. Todos nos comenzamos a reír y esa admiración de repente se convirtió en amor puro.

Porque una cosa es ser una persona grosera y otra completamente diferente es ser alguien que dice (felizmente) obscenidades.

Deberíamos decir groserías con mayor frecuencia porque además de hacernos más felices, trae todos estos beneficios:

  • Acelera la circulación + libera endorfinas = Healthy AF.
  • Ayuda a enfatizar el mensaje que quieres transmitir.
  • Te hace más honesto y más abierto socialmente.
  • Disminuye el dolor de cualquier situación.
  • Incrementa la confianza en ti mismo y en los demás.
  • Tiene el efecto de un analgésico. ¿Te sientes mal? Grita una grosería y, bueno, peor no te vas a sentir.

Todo el mundo dice groserías, sólo que lamentablemente debes tener cuidado de con quién las digas, porque no cualquiera acepta a alguien que lo haga tan abiertamente. También tenemos que estar pendientes de no utilizarlas como insulto, pues una cosa es decirlas y otra es agredir a alguien de forma verbal, y eso no está siempre bien, bro.

La única persona con la que estoy restringiendo mi decorado vocabulario es con mi hermanita, porque los efectos no son lindos (y ya nos regañaron por eso). Para agregar, realmente tuve la fortuna de tener padres, y hasta jefes, que son muy parecidos a mí y tengo la libertad of speaking my fuckin’ mind. De resto, todos mis conocidos están al tanto de que siempre diré lo que pienso con una linda y llamativa obscenidad.

Y a los que no les guste, bueno… se pueden ir a la mierda.

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