Sin conflicto no hay reality show - Komienza | Vive tu vida al máximo
¿Se puede vivir en armonía?

Un reality show sin peleas no es reality, la vida sin conflicto no sería la misma. Por más que los pacifistas lo eviten, las tensiones entre los seres humanos en un grupo determinado son frecuentes; cuando decimos “grupo”, nos referimos a una comunidad donde hay valores, rasgos, y creencias en común. Estas características son tomadas en cuenta por los productores de reality shows. ¿Alguna vez se han preguntado por qué los personajes siempre discuten entre sí? O, peor aún, ¿han pensado por qué a veces llegan a la violencia física?

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No vamos a decirles que eso está mal porque los niños y jóvenes son el futuro y deben ser educados por los valores del respeto. No. Vayan a leer la Biblia si lo piensan. Lo que nos interesa es compartir un análisis que responda algunas preguntas que alguna vez se han hecho, o si tienen un amigo que se la da de filósofo, es seguro que se las haya hecho mientras ven en la televisión a algunos de la franquicia de Shore insultarse en una piscina rodeados de alcohol.

Entonces, ¿por qué el conflicto?

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Muchos de los sucesos que parecen espontáneos son, de hecho, preparados de antemano. Los guionistas saben que la “espontaneidad” en la historia de los participantes (personajes) de los reality shows, no es más que una mina de oro. La demanda del rating es la pelea, la discusión, el drama, y otras tantas luchas reproducidas en cada capítulo de programas como The Real World, America’s Next Top Model, Keeping up with The Kardashians y, ¡bah! Ya ustedes saben cuáles más. Los problemas entre los componentes de un grupo no nacen por tonterías, hay una serie de causas que no sólo tienen razón de ser por la sintonía, ya eso se sabe, sino por reflejar la sociedad.

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Hay teorías sociológicas que sentencian la dinámica social, y también filosofías que determinan el todo. El conflicto entre los individuos es una verdad; a través de los años han vivido en sociedades que transforman sus estructuras a base de enfrentamientos de ideas que llevan a la guerra, y lo decimos en presente porque aún pasa. Claro, los personajes de los shows no se asesinan, pero al romper el mínimo grado de armonía, puede decirse que ya hay un problema. Día a día se ven conflictos en los hogares, empresas y cualquier esquina; desde alguien que siente celos de otra persona hasta deudas, etc., el ciudadano común lo vive siempre.

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 El objetivo de los reality shows, o al menos así lo interpretamos, es reflejar lo popular, lo que pasa todo el tiempo. Esa puede ser una excusa para justificar la transmisión de realidades, aunque éstas son innecesarias porque así se refuerzan imágenes que no sólo despiertan la violencia, sino que la banalizan mediante una dosis de catarsis que aparenta no ser dañina.

El fenómeno de lo trágico apasiona a la humanidad, y, según Aristóteles, la libera e introduce a una dimensión de purificación. Entonces, ¿los realities nos hacen sentir mejor cuando vemos algunas de sus peleas porque lo hacen para nosotros, para entretenernos?

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Es cierto que el entretenimiento es necesario para la salud de una sociedad, y los reality shows creen que lo mejor es reflejarnos. ¿Nos ven como somos realmente o ellos se encargan de ridiculizarnos? Quienes lo consumen, ignoran estas preguntas; quienes se las hacen, igual han visto un capítulo, y lo disfrutaron. Nosotros también.

La armonía es aburrida, es una utopía, y lo seguirá siendo mientras nos encante la violencia. Aceptémoslo, somos morbosos y cobardes, preferimos ver a otros en ese tipo de situaciones. ¿Acaso les gustaría que les lancen una botella por coquetear con la pareja de alguien? Mejor que no nos pase… a los que aparecen en pantalla, sí. O al vecino chismoso de la cuadra. 

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