Porque la universidad implica crisis

Una vez que entras a la universidad, tus prioridades cambian. Prácticamente, toda tu concepción del universo toma un giro inesperado. Esto se debe a las cantidades de presión que las materias, los profesores, tus expectativas, los grupos de trabajo y tu vida social (si es que tienes) depositan en ti. Puede ser difícil de manejar, por lo que el resultado casi siempre involucra crisis mentales, y nos lleva a hacer cosas inusuales como tomar sopa a las 4 de la madrugada, presentar exámenes en pijamas, y llorar en cafeterías.

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Literalmente, toda persona que pasa por la universidad tiene una historia que contar, y varios compañeros y conocidos tuvieron la gentileza de compartir sus traumáticas experiencias conmigo:

El oloroso, 23:

“Como buenos universitarios, mi grupo y yo dejamos un trabajo a última hora. La entrega era para el día siguiente, así que en mi frustración, saqué a todo el mundo del grupo menos a un amigo. Nos quedamos en mi casa toda la noche haciendo el trabajo y al día siguiente, fuimos a la universidad con la misma ropa, sin habernos bañado y sin haber comido, para entregarlo”.

La horrible, 21:

“Creo que aprendí que tienes que hacer los trabajos en grupo. De lo contrario, no te motivas a hacer nada. Mis amigas y yo pasamos la última semana de semestre haciendo todos los trabajos en casa de una de nosotras. Sólo íbamos a las nuestras a buscar ropa y comida. Y como somos nosotras, nos levantábamos tarde (porque somos así de horribles) y, entre arreglarnos y comer, siempre elegíamos comer. Así que salíamos en pijamas”.

El falseado, 20:

“Para un trabajo, teníamos que buscar demasiada información que sólo podíamos encontrar en la biblioteca. Estuve toda la Semana Santa yendo para allá, y escribí hasta las 3 de la madrugada durante ocho días. El día de la entrega, la profesora no fue y dijo que teníamos otra semana más. Ese día bebí demasiado”.

La zombie, 21:

“Al día siguiente tenía la entrega de una revista. Me pasé toda la noche redactando casi todos los artículos que iban a ir ahí. Hice de todo para no dormirme: escuché música, salté, e incluso les pedí a mis compañeros que me escribieran para que no dejara de redactar. Pero no pude; todos nos quedamos rendidos. Me dio chance de despertar y terminé como a las 7. La entrega era a las 9. Al momento de imprimir la revista, mis compañeros estaban cuadrando todas las páginas y yo no entendía lo que estaba pasando. No había comido y no había dormido casi nada”.

Algo que sin duda nos describe como universitarios es el sacrificio que hacemos por las entregas, y la cantidad de veces que dejamos de dormir para que algo salga bien. Todos pasamos por unas cuantas tragedias, pero siempre son experiencias que definen una etapa.

Excepto lo de dejar las cosas a última hora, llevo cuatro años de universidad, y aún no dejo esa costumbre.