TVES y sus telenovelas: una versión de RCTV rojo rojito - Komienza | Vive tu vida al máximo
Gracias a la revolución

No es nuevo referirse a TVES como un canal estatal que quiere parecerse a RCTV, con un presidente como Winston Vallenilla, la intención es evidente, pues la estrategia de producir y emitir contenidos “revolucionarios” bajo preceptos que en esencia no se alejan del modelo televisivo antagónico; parece, a simple vista, algo imposible de lograr, y lo es. Un ejemplo son las telenovelas transmitidas, que aparte de carecer de calidad argumental, demuestran que el Estado quiere estar en todos lados, hasta en la competencia de los ratings.

A RCTV se le negó la concesión, algo que alegró al sector bohemio y purista del arte por el hecho de que a partir del 2007 la parrilla cambiaría de producciones que rendían culto a ciertos valores ligados a la superficialidad. Ahora, las emisiones de películas de Woody Allen, documentales inspirados en temas culturales, programas de debates, entre otros, ganaron espacio. Pero la masa, heterogénea en excelencia, no se interesó por ellos. Los índices lo demostraron: en los primeros meses del canal, los números fueron bajos, los más recientes han variado poco a poco hasta posicionarlo al 6to lugar.

Por supuesto, la gestión de Vallenilla es la culpable, también las telenovelas. Adiós a la programación “que nadie veía”, como dijo el propio animador. Títulos como Guerreras y centauros y Vivir para amar fueron protagonizados por una Fedra López que no deja de usar unos ajustados leggins, intercambiando besos con un Jorge Reyes, mientras que en la otra producción se apreció a un Víctor Cámara y a una Rosalinda Serfaty fingiendo ser dos personas del siglo XIX en una Venezuela latifundista.

La calidad de Guerreras y centauros es como la de otras ambientadas: no es buena. Y es que dar en el blanco parece algo imposible para la televisión venezolana; escenografía, vestimenta y actuación se alejan del convencimiento. Ya con verle las cejas sacadas a Rosalinda te saca de contexto, o que Víctor Cámara hable como si fuera del siglo XXI. Estos viejos errores también se veían en RCTV. Claro, el filtro es fácil de detectar al ver de dónde proviene, pero el error radica cuando se imita un medio para intentar dar un mensaje que pierde credibilidad al fallar en ambos objetivos.

En el caso de Vivir para amar, la fórmula es similar pero el escenario histórico nos sitúa a un presente mágico, mejor dicho: a una Venezuela bonita donde los Consejos Comunales son honestos y sus proyectos funcionan, o lo más feo que ocurre es ver a un par de delincuentes que le ofrecen marihuana a un muchachito. Claro, el amor nunca falta en una telenovela, pero “subliminalmente” se intentan acentuar los “logros de la revolución” en calles e instituciones de una ciudad ficticia.

Esto no es nuevo, ya se había visto en Caramelo e’ chocolate (2008), Los muchachos de la acera de enfrente (2008), y Teresa en tres estaciones (2012). La revolución forma parte de la vida de los personajes que son beneficiarios de políticas que los alegra a pesar de padecer conflictos diarios de relaciones como en toda telenovela.

TVES intenta obtener el primer lugar de las audiencias y se vale de este género televisivo para lograrlo. No es de asombrarse que las producciones, a pesar de los altos costos en un país con una de las inflaciones más altas del mundo, seguirán siendo aceptadas por los altos mandos del Estado para llegarle a la masa, disfrazada de pueblo mientras hay otros canales de menor alcance y mejor calidad, como en el caso de Conciencia TV.

Los viejos vicios contraen viejas consecuencias, mezclar la chicha con la limonada es peligroso para los estómagos como la televisión basura para el pensamiento colectivo. La telenovela se puede utilizar como cualquier otro medio, pero al ser una herramienta estatal los resultados serán evidentes. Esa función pública del canal se aleja cada vez mientras se siga emitiendo contenido exacerbado de propaganda a través de medios más “sutiles y digeribles”. La opción privada hace lo mismo desde su filtro, el error se presenta cuando actúas como tu enemigo para lograr un fin determinado; eso es hipócrita.