Una piazo de lista bien subjetiva.

La música y el cine son dos artes causantes de heterogéneos sentires, y cuando se mezclan, nace el soundtrack: recopilador sonoro de una historia protagonizada por personajes y sus situaciones. Cada acción genera un sonido, bien sea a través de una canción o de diálogos; todos son ecos indispensables para el desarrollo de una trama porque cada murmullo, crujido, alboroto o ronquido son un estallido de vida. Hay películas caracterizadas por materializar esta teoría a pesar de no contar con arcos argumentales convincentes, pero ese no es el tema concerniente, merecen una dedicatoria por lo buenas que son gracias a su banda sonora.

Un poco de historia no viene mal antes de comenzar con Una piazo de lista bien subjetiva. Desde los primeros momentos, el audio se interpretaba ante la pantalla. Figuraba el explicador, quien se encargó de contextualizar emulando el viento, trinos de pájaros, y otros sonidos que ayudaban a comprender las imágenes mudas. Los cineastas querían imprimir visualmente la realidad a como diera lugar, y no lo lograrían sin tales efectos. La música también jugó un papel importante; pianistas y orquestas tocaban en las salas, y en los años posteriores fueron significativos al momento de la proyección.

Con la llegada del cine sonoro, ya no hacía falta que tanto los músicos como los “explicadores” hicieran su trabajo. Las primeras películas de este tipo contaban con música grabada al compás de las imágenes, como radios o las mismas presentaciones de algún instrumentista. Por ejemplo, una escena romántica se grababa en un parque para que apareciera un violinista. Este tipo de estrategias cinematográficas fueron consideradas un capricho hasta la década del 40, cuando Hitchcock, cuando dirigía Lifeboat (1944), film que narra la historia de unos supervivientes cuyo refugio es un bote salvavidas. El director inglés decidió no utilizar música porque no la hay en medio del mar; esta opinión fue refutada por el compositor estadounidense David Raskin, él dijo: “¿De dónde vienen las cámaras?”

Las décadas posteriores fueron diferentes, las compañías produjeron desenfrenadamente películas con canciones, musicales o music hall; toda una novedad para ese entonces. Incluso se convirtieron en las más lucrativas debido a que el doblaje era caro y laborioso. Hollywood no quería perder a los clientes extranjeros, los ingresos eran monumentales. La dinámica cambió en los 60, cuando el fin era vender discos de bandas fenomenales como The Beatles. El resto de las cintas contaban con bandas sonoras que eran sólo un complemento, cuando era consideradas obras maestras por el gremio musical. Sin embargo, fueron menos valorados como el caso de Raksin o Bernard Herrmann.

Todo cambió poco a poco, y en los últimos años, el público ha sabido apreciar el trabajo. Tanto que a veces suele considerarlo mejor si se compara con una película, y una muestra es esta lista subjetiva. Pues el cine y la música, a pesar de dar vida al soundtrack, uno suele destacar más que el otro. Este es el caso de:

Perdidos en Tokyo (2003)

De Sofia Coppola, ganó un Óscar como mejor guión original. El hecho de que no haya sido una película galardonada a mejor banda sonora, no significa lo contrario. Es la historia de una mujer joven (Charlotte) y un hombre de mediana edad (Bob) que se conocen en Tokyo gracias al azar y la falta de sentido existencial para cada uno. Sus carencias son reflejadas en cada una de las canciones elegidas.

My Bloody Valentine, Air, Kevin Shields, Sebastien Tellier, o The Jesus and Mary Chain, son algunos de los músicos que participaron. Sus canciones forman parte de escenas donde los personajes atraviesan una serie de encuentros que los acercan en una ciudad lejos de casa aunque cada uno halla un hogar en el corazón de cada uno.

Across the Universe (2007)

Musical dirigido por Julie Taymor que ganó un Óscar por mejor vestuario original. Lo protagoniza un joven trabajador llamado Jude que deja su ciudad natal (Liverpool) para encontrar a su padre, quien se encuentra en Estados Unidos, y a quien nunca ha visto. Cuando llega a ese país, se enamora de Lucy, una chica de clase alta que está en contra de la guerra de Vietnam, como la mayoría del círculo de jóvenes que desean un cambio y lo promueven a través de la contracultura.

La banda sonora es de The Beatles. Las versiones de sus canciones encajan con el arco argumental, aunque el contexto de las letras es diferente al de la banda, la interpretación tanto lírica como musical avivan un mensaje único. Un ejemplo es esta interpretación del actor Joe Anderson (Max) de I Want You, She's So Heavy. El video lo dice todo:

O este:

Mamma Mia (2008)

Phyllida Lloyd dirigió este musical que trata de Sophie, una chica que no conoce a su padre, y su madre, Donna, nunca le ha dicho quién es, menos cuando está a punto de casarse. Su hija encuentra un antiguo diario, descubre la dirección de tres hombres (posibles padres), así que decide invitarlos a la boda sin que Donna se entere.

Tanto la película como la música están inspirados en las canciones del grupo ABBA. Las canciones ponen a bailar a cualquiera.

La La Land (2016)

Siguen los musicales, éste sí ganó un Óscar por mejor banda sonor. Damien Chazelle le dio vida la historia de Mia, una camarera aspirante a actriz, y Sebastián, un pianista de jazz. Ambos con grandes ambiciones cruzan sus caminos bailoteando y cantando.

Justin Hurwitz se encargó de la música, él es conocido por otros trabajos como el de Whiplash (2014). Este joven ha sorprendido al gremio musical y cinematográfico. Una muestra es este álbum completo:

Death Proof (2007)

No es una de las mejores películas de Quentin Tarantino, pero su soundtrack la salva. Sus personajes carecen de sentido al igual que la trama: se trata de un antiguo doble de acción de películas de Hollywood a quien le gusta matar personas en su coche. Un grupo de chicas lo enfrenta al ritmo de versiones como la de Baby It’s You, The Love You Save, entre otras grandes canciones.

Sin mucho que decir, esta cinta recopila un número de clásicos, algo característico del director. Escucha el álbum:


Gracias a estos soundtracks, se puede decir que la música suele superar al cine, a pesar de que son una simbiosis.