#PálidasBro: Caídas con policías - Komienza | Vive tu vida al máximo
“Mientras más boleta, más caleta”.

Si entiendes esa frase, ya sabes de qué hablamos. ¿Llamas “pucha” a una bolsita sospechosa? ¿Si tienes una, miras nerviosamente a los lados? ¿Has imaginado que un policía te la pilla? O peor aún, ¿te ha pasado? No te preocupes, resérvate las respuestas. Para eso entrevistamos a cinco personas que han experimentado una “caída”, como coloquialmente decimos cuando la autoridad te encuentra un porro o unos gramos de marihuana. Esto les ha salido caro, pero siguen consumiendo porque fumar es un riesgo que vale la pena... según ellos.

Los policías, al menos los descritos en los relatos de nuestros entrevistados, son astutos y corruptos. Analizan todo: cualquier movimiento, vestimenta, tartamudeo, tono al hablar e incluso el mismo silencio. Esos datos son más que suficientes para estar alerta. En estas historias descubrirás su importancia, así que siéntate y prepárate. Deja la chicha para más tarde.

Adrián (30) “Estaba en la universidad. Recuerdo que estudiaba en la tarde. Qué horario tan balurdo. La materia era estadística, y yo estudiaba Psicología. Lo único que me motivaba era que un pana con quien veía esa materia siempre la invitaba. Estábamos afuera, y faltaba media hora para entrar a la clase. Él sacó una puchita y armó una vara. Yo comencé a comer mientras el chamo la quemaba. Todo iba bien, hasta que escuché una moto. En esos casos, es mejor que sea un choro porque uno pudiera hasta invitársela para que no le roben a uno, pero el beta es fuerte cuando se trata de un policía, y el sonido de las motos de policías se reconoce facilito. Resulta que sí era un paco. El bicho andaba solo. Yo creo que nos echaron la paja porque los estudiantes de Diseño, Psicología, y Comunicación siempre fumábamos en el mismo point. El tipo se bajó de la moto y vio que el pana lanzó la vara para eliminar la evidencia. Se quitó el casco y comenzó a pegarle. '¿Por qué la botaste? ¿Tú eres loco? Ay papá, ya cayó'.”

“El pana se droga con dos halones. Yo creo que por eso se estaba riendo en un momento tan serio. Yo estaba callado y asustado. Nos preguntó si fumábamos marihuana. Obviamente lo negamos, y eso hizo que le diera más coñazos al chamo. No había nadie, y por eso era el lugar ideal para fumar. Pero si un paco te agarra en un sitio así, pierdes bien. Al final, nos dijo que iba a llevarnos hasta el rectorado para que nos expulsaran. Íbamos esposados. Nos enseñó 5 puchas. 'Miren lo que les encontré'.

“Obviamente, eso no era de nosotros. Nuestra pucha estaba escondida y esperaba el momento adecuado para lanzarla y así fue. El tipo estaba hablando por teléfono “con su superior” diciendo que nos iban a meter presos. Ahí fue cuando pillé su jugada y le dije de una que no teníamos real, que si por estudiar en una privada pensaba que éramos ricos, estaba bien pelado. Yo creo que debí parecerle conocido a alguien que quiso o era marico, pero el tipo me hizo caso y se fue. Nos dejó en la puerta de la universidad, le dio una patada al pana y más nunca lo vi. Tanta broma, y nos quedamos sin fumar. Terminamos entrando a una clase bien fastidiosa”.

Osneiber (25): “Ese día me fue bien en la venta de donas, y cargaba unas cuantas lucas que a la final invertí en más donas para el día siguiente. Agarré plata para comprarme dos gramos de cripi. Me los guardé en las bolas y me fui a mi casa para fumármelos relajado, pero en el camino estaban unos policías. Bajaron a todo el mundo del autobús, hasta a las mujeres. Nos pusieron contra la pared y me revisaron. Yo estaba era cagado, porque yo no sé disimular. El tipo me dijo: '¿Por qué estás nervioso? ¿Cargas algo que yo no sepa?' Cuando dijo eso, se me notó más. No dije nada y eso les bastó para llevarme hasta el comando. De paso que no cargaba la cédula.”

“Me metieron en un calabozo y me desnudaron. Cuando encontraron la vaina, comenzaron a reírse. Me obligaron a estar agachado como por tres horas. Cuando intentaba sentarme me daban un coñazo. Eran tres policías de la Nacional. Dos de ellos se fueron y me dejaron con uno que tenía cara de pajuo, pero que era como el superior de ellos porque cualquier cosa que les pidiera ellos de jalabolas iban a dárselo. Por ejemplo, un revólver y 10 puchas. Me los puso debajo de las rodillas y me dijo que me dejara tomar una foto con eso. Yo no le hice caso y me levanté. El bicho me dio más coñazos, pero traté de alejarme y le dije que yo era un pelabola que vendía donas, que no tenía real, que solo quería fumar mi vaina y ya. El tipo me dio una cifra que no podía pagar. Por suerte, cargaba las lucas que hice en el día y se las di. Me dejaron libre, pero perdí la ganancia por boleta.”

Rafael(21): “Estaba ensayando con la banda en casa de un pana. Antes de tocar, nos gusta fumar que jode, pero siempre guardo una caleta y por eso la metí en mi bolsillo tipo rela. Esa vez, terminamos tarde, y esa zona es burda de solitaria. Llamé a un taxi y me llevaron junto al tecladista. Íbamos en la avenida y una patrulla estaba al frente. Éramos tres tipos en un carro de noche: razón suficiente para pararnos. El taxista y el tecladista estaban limpios, pero yo no. Yo cargaba dos varas, y me las encontraron. Nos llevaron a un sitio que nunca había visto. El taxista estaba angustiado, ya que era la primera vez que trabajaba. El tecladista era el único de la banda que no fumaba y veía esos actos con malos ojos.”

“Los policías nos dejaron solos por unos momentos. Ahí fue cuando me cayeron encima: 'chamo, tú si eres irresponsable. ¿Cómo se te ocurre cargar esa vaina con gente que no fuma? Ahora vamos a pagar por tu culpa', me decía el tecladista, y razón tenía. El taxista se agarraba la cabeza y no dejaba de decir que era su primera noche de trabajo. Llegaron los policías y nos mandaron a bajar del carro. Nos metieron en un calabozo y nos desnudaron para saber si encontraban más, pero solo eran esos dos porros. Uno de ellos vio mi bajo y el teclado, y nos pidieron que los enchufáramos para que les tocáramos una canción. Si les gustaba, nos dejarían ir. Tocamos una de la banda y nos mandaron a callar. Nos dieron unos coñazos y nos preguntaron si sabíamos una de vallenato. Por suerte, el tecladista sí es buen músico y les tocó una ahí bien pachangosa. Los pacos comenzaron a bailar y me quitaron las varas. Cumplieron su palabra. Al final, el tecladista se salió de la banda y el taxista volvió a estudiar. Yo sigo fumando.”

Gabriel (40): “Ese día tenía mucho trabajo y lo único que quería era fumar. Eso es lo único que me calma. Otra gente toma café o come cualquier porquería. pero yo no. A mí me encanta fumar. Por suerte, cerca del trabajo estaba un dealer de confianza y lo llamé. Me dio mi vaina y me fui al baño de la oficina para prenderla. Siempre lo hacía ahí: sabía el momento indicado para hacerlo, pero no contaba con que ese día contrataron a una nueva conserje. De paso evangélica. Estaba sacándole dos patadas a mi pipa y escucho que me tocan la puerta. Era la vieja. Lo único que se me ocurrió fue ofrecerle monte, y eso la insultó. Habló con la jefa y ella no dudó en llamar a los pacos.

La policía llegó rápido. Todos los del trabajo me miraban. Unos se reían, otros parecían preocupados. Me llevaron hasta la patrulla, y en el camino comenzaron a decirme mil cosas. Me golpearon bien feo. Me dijeron que me iban a meter preso, que un sifrinito como yo no duraría en la cárcel porque me cogerían, que nunca iba a salir de ahí. Al final se cansaron y dijeron que la jefa los llamó no para que me metieran preso, sino para sacarme 700 mil bolívares. Me dieron un día para reunir la plata. Le pedí real a un gentío: A mis padres, tíos, abuelos, mi novia y hasta a una vecina que le tenía arrechera. Al final junté todo y se los di. Yo igual quería renunciar a esa porquería de trabajo, pero me salió bien cara esa renuncia.”

Alfonso (33): “Yo soy es un vago, y de eso estoy claro. Quería comprar mi vainita pa’ vacilar, y por eso llamé a un yunta que me hiciera el coro. Me dijo que me llegara donde siempre. Tardé como media hora, y lo llamo y llamo, pero nada que contestaba. Yo no quería irme sin mi vainita, y por eso insistí hasta que me atendió. Me dijo que subiera unas escaleras de la zona, que ahí me iba a esperar. Cuando llegué, vi dos policías. Lo volví a llamar para avisarle que habían brujas, y cuando repicó escuché el teléfono del pana que lo cargaban los pacos.”

“Me apuntaron y me gritaron que no me moviera. Me quedé quietecito, y me revisaron el celular. Vieron todas las fotos de las varas que he armado, leyeron mis mensajes que le mandaba al dealer, y hasta los de mi novia revisaron. Me esposaron y me dieron unos coñazos hasta donde estaba la patrulla. Al lado del asiento estaba el dealer, también esposado y coñaceado. No me miraba ni nada. Hicimos que no nos conocíamos, pero era una estupidez hacerlo porque ya nos habíamos caído. Los tipos le pidieron a él 2 millones de bolívares y dos celulares inteligentes. A mí nada más me pidieron 200 mil. Mi papá que es funcionario me dio la plata. Más nunca vi al pana. Más nunca fumé. No, mentira... la semana pasada también me caí.”